Llegó setiembre, el mes de las flores y la juventud, pero agosto nos dejó no solo la postal de tajy de colores, sino también una concentración de emociones tras la conmemoración con arte de fechas que nos invita cada año a mirar hacia nuestra propia identidad.
Efemérides como el Día Nacional del Folklore, el 22; el Día del Idioma Guaraní, el 25; y el Día Nacional de la Guarania, el 27, nos recuerdan, en pocos días, aquello que heredamos, aquello que hablamos y una de las formas musicales que mejor ha sabido expresar lo que somos.
Y es que la identidad no es solamente saber de dónde venimos; es una forma de construir continuidad, pertenencia y sentido, según la sicología y sociología.
Aunque recordar nuestras tradiciones no debería limitarse a celebrar determinadas fechas en el calendario, sí es útil para que nos recuerde preguntarnos qué hacemos durante el resto del año para conservarlas, transmitirlas y, sobre todo, permitir que continúen evolucionando.
Tal como lo vimos a través de un trabajo coreográfico que triunfo en el exterior, el del Elenco de Danza Paraguay Tekoete en el Festival de Danza de Joinville, que tuvo lugar en Brasil, una de las grandes vitrinas internacionales de la danza, en julio pasado.
Esa presentación despertó orgullo y también preguntas en el público. ¿Por qué una propuesta de esta calidad no tuvo difusión en nuestro país? ¿Por qué muchos paraguayos conocimos esa coreografía después de verla presentarse en el exterior y a través de redes sociales?
Al mirar el video que se hizo viral se entiende el entusiasmo popular. La propuesta consiguió algo que resulta especialmente valioso: Tomar una obra perteneciente a nuestro patrimonio musical y traducirla a otro lenguaje artístico sin quitarle su esencia.
La música de Herminio Giménez El canto de mi selva adquiere cuerpo. Los acordes se convierten en movimiento y la danza permite mirar aquello que hasta entonces solo podíamos escuchar. Hay momentos en los que música y movimiento forman parte de una misma frase.
En el camino de preservar las tradiciones, la expresión artística viva es la que sobresale en la tarea. El mes que nos dejó también nos regaló diversidad en actividades artísticas, danza, música, exposición fotográfica, teatro.
Una cultura permanece viva precisamente porque nuevas generaciones consiguen apropiarse de ella, reinterpretarla y encontrar nuevas maneras de contarla.
En ese sentido, grupos como Tekoeté –nombre que remite a lo auténtico, lo verdadero, la propia manera de ser– ofrece un ejemplo interesante de ese proceso, y eso se vio en julio.
Y las participaciones en agosto donde la música brilló a través de participaciones como las de Orquesta Sinfónica del Congreso Nacional, el Ensamble Folclórico y el Ensamble Fusión de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), la Orquesta de Cámara Municipal de Asunción (OCMA), la Orquesta Nacional de Música Popular (ONAMP), la Banda de Policía y la Orquesta de Cámara Municipal de Ciudad del Este, que fueron parte de la agenda de la Semana de la Guarania.
Más allá de las efemérides
Las efemérides pueden ser una pausa para recordar, pero no deberían ser el único momento en que nos ocupamos de aquello que somos.
El verdadero desafío empieza después de la celebración: Qué hacemos con lo que heredamos, cómo lo transmitimos y qué nuevas formas encontramos para hacerlo parte del presente.
Quizás no se trate solamente de conseguir que el mundo descubra el valor de lo nuestro. Se trata también de que nosotros sepamos reconocerlo, apropiarnos de ello y proyectarlo hacia quienes vienen después.
Porque una identidad no permanece viva cuando la dejamos intacta en el pasado, sino cuando somos capaces de volver a contarla. En una canción, en una danza, en un escenario, en una investigación o en una creación nueva.
Celebrar nuestra identidad es conocer de dónde venimos, pero también permitir que las próximas generaciones encuentren su propia manera de contar la misma historia.