27 oct 2026

Sin infraestructura no hay paraíso

La semana pasada Asunción fue escenario de la Semana de la Infraestructura y en ese contexto se realizaron diversos eventos, con encuentros que contaron con la presencia del ex presidente del Uruguay Luis Lacalle Pou y del ex presidente de Colombia Iván Duque.

En un almuerzo organizado por la CAF, el ex presidente Duque inició su conferencia con una frase provocadora: “Sin infraestructura no hay paraíso”, parodiando el título de la conocida telenovela: “Sin senos no hay paraíso”. Para Duque, el paraíso es el desarrollo de nuestros países y la infraestructura es la que lo apuntala.

Desde hace mucho tiempo –en los diferentes espacios que participo–, vengo señalando que nuestro actual crecimiento económico no será sostenible si seguimos viviendo en dos mundos paralelos: Un sector privado que invierte y crece, y un sector público que gasta y no invierte en una infraestructura imprescindible.

Es que desde hace décadas la economía del Paraguay viene creciendo más rápido que la infraestructura necesaria para soportarla. Se entiende por infraestructura las carreteras, los puentes, los aeropuertos, las usinas de generación de energía, etc.

Hoy la brecha entre lo que necesitamos y lo que tenemos es muy grande. Según estudios realizados por organismos internacionales, como el BID y la CAF para cerrar esta brecha se necesitan inversiones de aproximadamente treinta mil millones de dólares.

Este monto gigantesco de déficit es el resultado de muchas décadas de falta de inversión y ponernos al día va a llevarnos mucho tiempo, pero como dice el proverbio chino “un viaje de mil kilómetros comienza con un primer paso”

El primer paso que podemos dar es aumentar nuestra inversión en infraestructura del actual 1,9 por ciento del PIB al 4 por ciento, según recomienda el Banco Mundial a los países en desarrollo. No obstante, aumentar la inversión en un momento en que nuestro país tiene un importante déficit fiscal, es imposible llevarla a cabo sin una previa y profunda reforma de nuestro Estado.

Como las necesidades son ilimitadas y los recursos son limitados, es imprescindible priorizar porque no podrá financiarse todo al mismo tiempo. Hay que decidir qué inversiones aumentan más la productividad, reducen los costos logísticos o mejoran la calidad de vida de la población. Además, tenemos que ser conscientes de que la brecha no se resolverá únicamente con más presupuesto público. También hace falta tener buenos proyectos, capacidad de ejecución, previsibilidad y mecanismos que hagan posible la movilización del capital privado.

Todo esto nos lleva a que la infraestructura debe ser una política de Estado. Las carreteras, la logística y la energía requieren una planificación de largo plazo más allá del gobierno de turno.

Por el tiempo que lleva la construcción de una gran obra, casi siempre la que inaugura un presidente fue proyectada e iniciada por el presidente anterior.

Dos ejemplos, las obras del Puente Héroes del Chaco en Asunción y el Puente de la Integración, en Presidente Franco, fueron iniciadas en el gobierno Abdo Benítez, pero inauguradas en el gobierno de Peña.

Hoy el mundo y la región nos ofrecen condiciones ideales para seguir creciendo económicamente.

La población mundial aumentará de 8 a 10 mil millones de habitantes para el año 2050 –equivalente a casi China e India juntas– con lo cual la demanda de alimentos seguirá creciendo y nuestro sector agropecuario continuará su expansión. Nuestros dos grandes vecinos –Brasil y Argentina– por mucho tiempo van a seguir complicados y con una presión tributaria enorme. El Paraguay con un sistema impositivo simple va a continuar siendo atractivo para las inversiones industriales.

Nuestro gran desafío es acompañar este crecimiento económico con la infraestructura imprescindible que tenemos que construir para que el desarrollo sea posible.

Y para que nuestros ciudadanos tengan una vida digna.

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