Se van apagando algunas luces, el epílogo del presente periodo se nutre de las últimas reminiscencias y las expectativas para el año siguiente refuerzan la cíclica esperanza de centrar pensamiento y emociones en una anhelada mejoría. Todo pasa y todo queda, como expresa el Nano Serrat.
Algunos balances permanecen sobre la mesa y el análisis entre el debe y el haber lleva a muchos a considerar que aún hay sueños por cumplir, que tal vez se avanzó poco para alcanzar algunas metas y objetivos y que se redoblará el esfuerzo en 2026 para que el agujero del pasivo no sea tanto, ya que la escalada inflacionaria golpea donde más duele.
Si de calificaciones y notas hablamos, el segundo grado de inversión llegó al filo del ocaso para oxigenar la narrativa triunfalista del Gobierno, que se embandera de este y el otro logro (crecer hasta el 6%) a fin de retroalimentar su ímpetu de convencer a propios y extraños de que con eso estaremos mejor casi de manera automática.
Vaya lógica, atendiendo a la realidad de sectores que prácticamente todo el año se pasaron reclamando de manera justificada a las autoridades sobre su dramático devenir y la espiral de inconvenientes para llevar adelante un destino acorde con las aspiraciones y los derechos.
Jubilados, campesinos, enfermos con padecimientos en famélicos hospitales, gente que en las paradas presencia hastiada la tardanza de sus micros, ámbitos que están fuera del sistema y el espectro de la informalidad donde el magro ingreso no alcanza para llegar al mes, siguen padeciendo los rigores de la injusticia y la inequidad.
Lo macro continúa en una muy elevada nebulosa; las cifras de crecimiento, inflación, política monetaria y déficit fiscal transitan un limbo incomprensible para la realidad de compatriotas que presencian el deterioro de sus posibilidades.
El mercado es cruel y a quienes quedaron bajo el puente les cuesta alcanzar estándares de dignidad en cuanto a sus aspiraciones.
La nube de fantasías sobre la que navegan los representantes del pueblo les lleva a fijar la mirada en el espectro financiero internacional, en las gráficas con sonrientes figuras de organismos internacionales y burócratas varios, que miran a Paraguay como renovada oportunidad de extractivismo: Hay suficientes recursos por los que ya se instaló una silenciosa puja entre el tío Sam y los herederos de Mao.
En el plano local, el tórrido verano que se instala derretirá más las neuronas y catapultará los cortes recurrentes de energía porque la ANDE sigue desfasada en sus inversiones del sistema de distribución; además de entorpecerse el tráfico fluvial por donde se mueve el 80% del comercio exterior paraguayo, con la bajante de los ríos.
Quizá se agreguen las también cíclicas quemazones perpetradas por irresponsables, para intoxicar el ambiente de pastizales y hasta concentraciones demográficas; el dengue podría impactar de nuevo con todo su rigor y la inseguridad renovará bríos para despojar de lo poco que tiene el hijo de vecino, que no puede dejar siquiera su moto en el patio y descansar tranquilamente.
El cóctel novelesco de infortunios del cual es objeto el ciudadano común caracteriza el perfil cotidiano de una sociedad golpeada, que anhela salir adelante; mientras también se esperan los días de narcotizante festival mundialista... y todos tras la Albirroja y los eventuales feriados festivos porque se debe continuar con el pan y el circo para olvidar por mes y medio que el precio de la carne es ya prohibitivo.
Los ciclos se renuevan, el año venidero viene cargado de promesas lo mismo que seguras desilusiones, y en este plano el cambalache de la vida perpetuará narrativas que solo benefician a quienes ya están mejor. Le toca a la comunidad ser más participativa en la evolución de su suerte.
Ojalá que la parálisis social dé paso al nuevo amanecer deseado.