04 abr. 2026

Reconfiguraciones

El imaginario colectivo paraguayo viene transformando su arista (de manera natural, es obvio), pero sin perder del todo la esencia que le caracteriza y diferencia de otras sociedades.

La idiosincrasia local está siendo cada vez más expuesta por propios y extraños, aprovechando las redes sociales y la oleada de visitantes del extranjero que catapultaron el año pasado al país; casi se duplicó la llegada de turistas respecto de 2024, alcanzando unos 3,7 millones de ingresantes, con un impacto económico mayor a USD 1.400 millones.

Son cifras interesantes, que reflejan el cada vez mayor interés de foráneos en conocer en detalle el territorio del cual se habla en voz alta dentro del ecosistema de viajeros; a lo que se suma que el año pasado la Dirección Nacional de Migraciones registró 47.687 solicitudes de residencia, un incremento de más del 63 % respecto a 2024.

“Paraguay está de moda” se escucha por todos lados, especialmente entre otras nacionalidades que experimentan un fenómeno típico del posmodernismo: La búsqueda de opciones y alternativas frente al agobio de la vida en sus respectivas naciones, ya sea por el costo de vida más elevado, las regulaciones, la carga impositiva, alguna que otra guerra y otros pesos que debe acarrear cualquier ciudadano.

En el Top 10 de países con más radicados en Paraguay, durante 2025, está Brasil, con 23.526 personas; Argentina ocupa el segundo lugar, con 4.366 ciudadanos; Alemania con 1.652 y Bolivia con 1.357. Un verdadero suceso en torno a recepción de nacionalidades que buscan mejores horizontes para sí y para sus familias, atendiendo a la compleja situación que viven en sus naciones de origen.

Ante el fenómeno, se generan también contenidos en redes que exhiben las ventajas comparativas en cuanto a costos de vida, naturaleza, energía disponible, bajos impuestos, carga laboral relativamente baja y otros diferenciales, entre los que destacan la cordialidad y amabilidad de la población en general.

En los recorridos que reflejan la cotidianidad y la idiosincrasia de la gente local se incluyen interacciones con los locales, que enseñan (o a veces pretenden hacerlo, pero a su manera) los tópicos recurrentes que sorprenden a todos: Cómo preparar tereré con pohã ro’ysã (remedio refrescante), la única “sopa dura” del mundo, el vorivori que está en la cúspide de las mejores comidas registradas por entidades especializadas, el Mercado 4 y su mágico entorno, los pocos monumentos que se conservan en el microcentro.

No puede excluirse la fascinación por el boom inmobiliario, traducido en las modernas edificaciones del eje corporativo, Santa Teresa, Molas López o Villa Morra y para quienes buscan tierra adentro, las maravillas naturales y bosques ya inexistentes en algunos países.

Con sus aristas y ópticas, la cultura guaraní crece en visualización (lo que antes apenas aparecía en la vidriera mundial mediante grageas icónicas) y los extranjeros acometen con mayor interés la forma de vida de una nación, que a veces es for export y otras lo que llamamos el Paraguay teete (de verdad).

Tierra de oportunidades para muchos que huyen de su entorno original, contexto de esperanza en el que se aspira a vivir mejor y no ser esquilmado por los impuestos, la “joya mejor guardada” seguirá experimentando una creciente llegada de turistas y deseosos de radicarse.

Aprovechar esta oleada está en manos de todos, ya que se puede generar un ecosistema positivo, sin desatender que la población paraguaya sigue acusando recibo diario de postergaciones y deficiencias, patentizadas en pésimos servicios públicos e infraestructura propia del tercer mundo, que deben ser paliadas.

Ojalá esa reconfiguración cotidiana del espacio habitado refuerce un nuevo marco que beneficie a locales y a quienes desembarcan en este nuevo “paraíso terrenal”.

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