En junio de 1811 fue enviado, a los diputados reunidos en Junta General, un memorial en el que se explicaban los acontecimientos que concluyeron con el apresamiento del gobernador español Bernardo de Velasco. En el memorial se exponía que todas esas acciones estaban orientadas para lograr que la Patria “se ponga en estado de ser verdadera y perpetuamente feliz”. De hecho, la descripción de la situación bajo el mandato español manifestaba que durante los tres siglos anteriores “los infelices paraguayos” han sido vilipendiados y postergados.
La búsqueda de la felicidad fue una idea formulada en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América. En Hispanoamérica fueron varios los líderes revolucionarios que plasmaron esa misma idea en varios documentos sosteniendo que era uno de los principales objetivos de los movimientos independentistas.
Para los líderes de la Independencia del Paraguay la felicidad para los nacidos en este país fue uno de los principales objetivos del movimiento que iniciaron a comienzos de mayo de 1811. A inicios del siglo XIX, esa felicidad pública era entendida como el ejercicio de la soberanía, la libertad y la igualdad entre todos los ciudadanos, es una idea que provenía del pensamiento ilustrado que influyó decididamente en las revoluciones atlánticas desde fines del siglo XVIII.
Pero hoy, 215 años después, deberíamos preguntarnos: ¿Logramos los paraguayos ser felices como anhelaban los padres de la Patria? A lo largo de nuestra historia como nación independiente fueron escasos los momentos en los que la libertad y la igualdad lograron convertirse en los valores predominantes en la sociedad paraguaya.
De hecho, el avance de los valores de libertad e igualdad fue bastante lento en la conformación de la República paraguaya, recién reconocidos para todos los habitantes con toda su plenitud luego de la Guerra Guasu. Los procesos históricos de nuestro país están compuestos por constantes enfrentamientos, incluso armados, debido a las injusticias, las persecuciones, marginaciones por parte de los que ejercían el poder. Un hecho significativo es que más de quince presidentes de la República conocieron el exilio, debido a las persecuciones políticas.
Pero a lo largo de este tiempo la mayoría de los paraguayos fueron exiliados económicos, situación que hasta hoy es la realidad de miles de compatriotas que encontraron oportunidades para mejorar su calidad de vida y de sus familias lejos de la patria; según datos oficiales proporcionados por el INE aproximadamente 700.000 paraguayos componen esa comunidad de migrantes principalmente en Argentina, España y Estados Unidos de América.
Creemos que la conmemoración de nuestra Independencia no debería reducirse tan solo a la recordación protocolar de los hechos históricos sin el contexto que permita a los paraguayos y paraguayas del siglo XXI comprender cuál era la aspiración de quienes fundaron esta república, pues como había afirmado Augusto Roa Bastos “Patria es el lugar donde uno es feliz”.
- “El avance de los valores de libertad e igualdad fueron bastante lentos en la conformación de la República paraguaya”.