21 oct 2026

Paraguay en la nueva estrategia hemisférica

Creo que jamás hemos visto estos niveles de cooperación que conviene a ambos países”, afirmó Christopher Landau durante su visita a Paraguay. La declaración resume el momento de acercamiento bilateral, pero también representa una oportunidad para observar qué busca cada Gobierno en esta relación y cómo se inscribe en la estrategia más amplia de Washington hacia América Latina.

La agenda de Landau combinó dos asuntos centrales: inversiones y seguridad. Paraguay busca con esta alianza con Estados Unidos oportunidades para atraer capitales y ampliar sus posibilidades de desarrollo. Washington, por su parte, se enfoca en profundizar la cooperación en seguridad con socios que considera relevantes para sus objetivos en el hemisferio occidental. Aunque ambas prioridades pueden complementarse, no necesariamente ocupan el mismo lugar en las agendas de los dos gobiernos. Los resultados de la visita de Landau ilustran esta dinámica.

Ambos países firmaron dos instrumentos centrados en seguridad, uno sobre interceptación de aeronaves civiles y otro para fortalecer los controles fronterizos mediante el sistema PISCES. En contraste, en el terreno económico, donde Paraguay tiene puestas sus prioridades, las conversaciones apuntaron a promover oportunidades para que capitales de terceros países inviertan en Paraguay. Mientras la agenda económica quedó planteada como una línea de trabajo, los instrumentos que oficialmente fueron formalizados durante la visita se concentraron en seguridad.

Esta asimetría entre expectativa y realidad debe entenderse más allá de lo local. La visita del vicesecretario de Estado a Paraguay se produce en un momento de redefinición de la política estadounidense hacia América Latina. La administración Trump volvió a colocar al hemisferio occidental entre sus prioridades estratégicas. La seguridad fronteriza, el combate al narcotráfico y al crimen organizado conviven ahora con objetivos económicos y geopolíticos más amplios, como proteger infraestructuras críticas, fortalecer cadenas de suministro y limitar la influencia de potencias extrarregionales. La competencia ahora se proyecta sobre América Latina, donde las inversiones, la tecnología y los vínculos comerciales adquieren una dimensión estratégica.

Este contexto explica la diversidad de herramientas que impulsa Washington. El Escudo de las Américas busca articular una coordinación política entre gobiernos afines dispuestos a cooperar en seguridad y otros tantos asuntos estratégicos. Sin embargo, una declaración conjunta no establece por sí misma las condiciones jurídicas para desplegar personal, organizar ejercicios o desarrollar actividades específicas en cada territorio. Para eso siguen siendo necesarios acuerdos bilaterales como el SOFA y los nuevos instrumentos firmados en este encuentro. Por otra parte, la cooperación con Washington no sustituye la necesidad de coordinación con Brasil, Argentina y otros países vecinos. Del mismo modo, los compromisos bilaterales requieren instituciones nacionales capaces de implementarlos y supervisarlos.

Si el Gobierno de Peña elige como línea de política exterior consolidar su posición como socio estratégico de Estados Unidos, debe lograr que esa cercanía responda también a sus propias prioridades. La profundidad de una alianza no se mide únicamente por el nivel de coincidencia política, también se mide por los resultados que produce para cada parte. Paraguay puede hacer uso de la cooperación con Estados Unidos, pero la cercanía diplomática no sustituye la necesidad fundamental de definir objetivos propios, establecer mecanismos de supervisión y evaluar resultados.

  • “Si el gobierno de Peña elige consolidar su posición como socio estratégico de EEUU, debe lograr que esa cercanía responda también a sus propias prioridades”.
Investigadora Asociada del Centro Interdisciplinario de Investigación Social (CIIS)
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