Una norma no escrita de los pueblos civilizados establece que no se pueden cambiar las reglas del juego cuando ya se está en el medio del mismo. Esta regla ha sido observada en general por los pueblos que llamamos coloquialmente los más desarrollados y, cuando los han querido cambiar o modificar, se han producido quiebres y desórdenes profundos en estos países. Los cambios deben permitir que las sociedades absorban los avances tecnológicos, tales como la que se llamó la Revolución Industrial, iniciada a mediados del siglo XVIII y que, en estos días, no da señales de detenerse. De más está decir que el Paraguay debe subirse a este tren de desarrollo.
Paraguay se está desarrollando, eso es indudable. La llegada de los españoles a Asunción, en 1537, unió el genio del español con la de los guaraníes, generándose una cultura paraguaya, que era autóctona y propia de la nueva raza que estaba naciendo: la raza paraguaya. Basta observar las Reducciones Jesuíticas, la época de Francia y luego los López, donde el ingenio y la creatividad paraguaya comenzaron a levantar vuelo. Ella terminó con la catástrofe militar, demográfica y cultural de la Guerra contra la Triple Alianza. Ese Paraguay, con su pujante cultura propia, terminó y comenzó la lenta y dolorosa reconstrucción. Hubo un tiempo en que ni los paraguayos creían que podríamos levantarnos, dado tamaña destrucción cultural, la cual cambió luego de la Guerra del Chaco, lo cual se ve reflejada, por ejemplo, en las estrofas de Emiliano R. Fernández, cuando expresa que “ndopamo’ãihá raza guaraní”.
El Paraguay se levantó. Costó mucho, pero lo hizo. Hoy y quiero recalcarlo con fuerza, hoy el Paraguay está de nuevo de pie. La economía paraguaya esta creciendo, el país se está desarrollando. Como dice el poeta, “seremos del tamaño de nuestros sueños” y el actual gobierno eso lo interpreta cuando, como plataforma política, expresa que “el Paraguay no se expresa en grande, … se expresa en gigante”, que no deja de ser un simple eslogan político. Pero ya no es mero eslogan político, es una realidad. Y es una realidad que requiere ser protegida. Es necesaria protegerla, pues es asombrosa la cantidad de paraguayos negacionistas, frustrados, fracasados o que no participan del crecimiento, que la niegan o la atacan con una ferocidad fuera de toda medida. Es necesario protegerla, pues surgen políticos, académicos, economistas, periodistas o empresarios paraguayos, connacionales nuestros, que atacan las raíces de este crecimiento y desarrollo del país, tanto en el interior del país como en escenarios internacionales. Es increíble, pero hay paraguayos que buscan destruir este desarrollo acudiendo ante países u organizaciones internacionales, buscando terminar con el modelo actual, por ser muy exitoso.
Ni hace falta decir que el desarrollo del Paraguay viene de la mano de emprendedores privados, de la gente de a pie, de las pymes y minipymes, de humildes jefas de hogar y de algunas buenas medidas de política económica. Hoy, cuando se requiere conducir al país manteniendo con firmeza las recetas del éxito, surgen voces de quienes desean cambiar las reglas del juego, creando y elevando tasas e impuestos, regulando la economía, poniendo trabas y más trabas, repartiendo subsidios y planes electoralistas. Solo hay que observar a los países vecinos, sin ir lejos, para ver cómo transitan sus economías, por culpa de malas decisiones populistas, que destruyen trabajo y empleo.
Paraguay está en su mejor momento y debe evitar cambiar las reglas de juego que nos están llevando a un mucho mejor destino.
- “El desarrollo del Paraguay viene de la mano de emprendedores privados, de la gente de a pie, de las pymes y minipymes, de humildes jefas de hogar y de algunas buenas medidas de política económica”.