09 sept 2026

Los riesgos del crédito en los buenos tiempos

El crédito al consumo crece casi cuatro veces más que los ingresos, lo que preocupa, puesto que en los buenos momentos también pueden incubarse riesgos.

Hace algunos meses señalé en estas páginas una aparente contradicción sobre una economía que llevaba algunos años creciendo a buen ritmo, pero que generaba un escaso efecto en el poder adquisitivo de los trabajadores.

Los datos recientes muestran mejoras. En términos amplios, los ingresos de los trabajadores ocupados del sector privado, medidos por su poder adquisitivo –descontada la inflación de alimentos–, crecieron alrededor de 6,5% en promedio durante el primer semestre de 2026 en relación con el mismo periodo del año anterior.

Sin embargo, el poder adquisitivo todavía está un 13,0% por debajo de su nivel del periodo prepandemia. Esto refleja el impacto duradero que tuvo el aumento de los precios de los alimentos del 2022 sobre los ingresos. Esta situación podría explicar, en parte, por qué el índice de confianza del consumidor se mantiene débil.

De todas formas, que los ingresos suban es una buena noticia. Se podría decir que el crecimiento de la economía comienza a sentirse en el bolsillo de la gente.

Pero hay otro dato que merece atención. El crédito al consumo aumentó alrededor de 23,5% entre el primer semestre del 2026 y el mismo periodo del año anterior. Es decir, la deuda para el consumo está creciendo cerca de cuatro veces más que los ingresos.

El crédito, por supuesto, no es algo malo. Permite adquirir bienes, afrontar gastos extraordinarios y distribuir el consumo a lo largo del tiempo. Pero un mayor endeudamiento también puede generar vulnerabilidades. Como lo advierte un estudio del Banco de Pagos Internacionales, los hogares más endeudados se vuelven “más sensibles a los cambios bruscos en las tasas de interés y en sus ingresos”.

El asunto es que consumir más hoy mediante la toma de deuda significa comprometer una parte de los ingresos de mañana.

Ciertamente, hay también un efecto del ciclo económico. Cuando la economía crece, aumentan el empleo y los ingresos, y las entidades financieras suelen estar más dispuestas a prestar. Entonces, el crédito es procíclico, puesto que acompaña el ritmo de la economía y puede generar más gasto en los buenos tiempos.

Precisamente por eso, los periodos de expansión también pueden ser aquellos en los que se forjan riesgos. Con mayores ingresos y una mayor disponibilidad de créditos, asumir una cuota adicional de una nueva deuda puede parecer llevadero. Pero tener más acceso al crédito no significa necesariamente que convenga tomarlo.

En su última evaluación de la economía paraguaya, realizada en el marco de la Consulta del Artículo IV, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte que “el rápido crecimiento del crédito al consumo exige una vigilancia estrecha”. Incluso se plantea evaluar medidas para evitar que las cuotas de las deudas representen una parte demasiado elevada de los ingresos de las personas.

La experiencia internacional ayuda a entender esa preocupación. Estudios del propio FMI encuentran que un mayor endeudamiento de los hogares puede impulsar inicialmente el consumo y el crecimiento. Sin embargo, con el tiempo, las familias pueden quedar más expuestas ante una caída de sus ingresos que haga difícil cumplir con sus obligaciones.

Los riesgos de un rápido crecimiento del crédito pueden pasar inadvertidos cuando la economía crece. Paradójicamente, algunos de esos riesgos empiezan a construirse en los buenos tiempos.

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