En la semana del 22 al 28 de agosto del 2006 aparecía por última vez el número del Semanario El Yacaré, una publicación periodística destinada a péa que amóa.
Muchos quienes leen esta columna en estos momentos ni idea tienen sobre lo que estoy hablando... bueno, escribiendo. También en aquellos años en que estuvo en vigencia el semanario tampoco muchos lo conocían.
Bueno, les cuento: El Yacaré era semanario de ocho páginas que apareció cada semana, durante cinco años. No tenía costo, su distribución era gratuita.
Circulaba principalmente en lugares donde había conciertos, obras de teatro, exposiciones, lanzamientos de libros, plazas, kioskos, etc.
Apareció desde setiembre de 2001 hasta finales de agosto del 2006. Al principio tuvo una tirada semanal de 5.000 ejemplares y se mantuvo en los 2.000 aproximadamente.
Si, repito, era gratis. Ese periódico, donde hice mis primeras armas en el periodismo (Y también el compañero Roberto Irrazábal) no se vendía. Subsistía por los auspiciantes, pero sobre todo por suscriptores.
Los que trabajaban en El Yacaré tampoco recibían paga alguna. El equipo, que tuvo como iniciadores a Miguel Méndez y Alejandro Lanas, estaba compuesto por gente proveniente del teatro, la música, de carreras de la UNA.
¿Y qué publicaba El Yacaré? El mayor atractivo para el público que accedía a los ejemplares era la cartelera de actividades donde uno podía conocer día, hora y lugar y otros datos de las obras teatrales, de danza, exposiciones, cursos, talleres, etc.
También traía artículos de opinión, análisis y notas periodísticas diversas. En el último año y medio uno de los colaboradores asiduos del periódico fue el sociólogo Tomás Palau, quien además estaba suscripto.
El Yacaré era un periódico alternativo. Ello permitió que sus páginas tomen de manera distintas los sucesos de la realidad que el tocaba en aquellos años que circuló en las calles asuncenas.
Nacido entre los últimos estertores de la euforia del Marzo Paraguayo, el yaca atravesó la trambólica presidencia de Lucho González Macchi y buena parte de la presidencia de Nicanor Duarte Frutos.
Por sus páginas pasaron la crisis de quienes emigraban a montones a España, la eterna lucha por la tierra, el inservible edicto municipal de la era Riera, el dolor del incendio del supermercado Ycuá Bolaños y la también eterna problemática de los pueblos indígenas, entre tantos otros temas que quedaron tatuados en la historia nacional.
Que tenga una mirada alternativa y tocara temas sociales y coyunturales tampoco lo hacía aburrido. Había libertad en la escritura y muchas veces la gráfica dentro de sus páginas traía sorpresas de la mano de Charles Daponte; aquí hay que destacar el diseño y la tipografía..
Es necesario contar que El Yacaré no fue una experiencia aislada, sino parte de experiencias colectivas. En el año 1999 un grupo de entusiastas neófitos crearon El Espacio Sajonia, centro cultural que daba un aire distinto a dicho barrio.
Fue en ese lugar y con buena parte del grupo humano que lo conformaba donde el reptil de escamas de papel periódico vio la luz. Posteriormente, con la itinerancia del centro cultural, fue hasta la avenida España, El (Otro) Espacio, siguió en otra casona sobre la calle Ayolas, El Espacio.
Terminó su periplo existencia(lista) en una oficina dentro de la enorme casona que el Sindicato de Periodistas del Paraguay tuvo sobre Haedo.
Hecho a puro pulmón, corazón, hígado, distribuido a tracción humana y en bicicleta, el semanario quedó en el recuerdo de mucha gente que incluso hasta ahora tiene guardados varios números.
El Yacaré fue una experiencia realmente sui géneris en su momento. Sin redes sociales y con una página web medio random que funcionó un tiempo, forma parte de la historia poco conocida del periodismo nacional, sobre todo para las nuevas generaciones de lectores y ni qué decir periodistas
Con sus 260 números superó por lejos los cincos o seis que suelen ser la expectativa de vida de la mayoría de las publicaciones alternativas.
¿Veinte años no es nada? Y algo son, sobre todo para emerger este homenaje desde el fondo de la memoria de a pie.