Frente al templo Sagrado Corazón de Jesús, en el Área 6, la multitud comenzó desde las 18:00 a concentrarse. Familias enteras, jóvenes y adultos mayores aguardaron en silencio el inicio de la procesión pasadas las 19:00, en un ambiente marcado por el recogimiento.
Minutos después de la hora prevista, el canto del pregón rompió la quietud. Un hombre vestido de negro y con el rostro cubierto entonó una invitación a los presentes.
Las puertas del templo se abrieron y la procesión comenzó a avanzar.
Encabezadas por las escuadras organizadoras, las imágenes religiosas salieron a las calles seguidas por miles de fieles que se sumaron de manera ordenada. El flujo humano creció a cada cuadra, conformando una extensa columna que recorrió la ciudad en medio de cantos y rezos.
“El Vía Crucis Mayor no es un evento turístico, es una manifestación de fe”, señaló el coordinador Javier Brítez, al destacar el sentido espiritual de la actividad, sostenida íntegramente por la participación de los propios feligreses.
A lo largo del trayecto de aproximadamente 2,5 kilómetros, se desarrollaron las 14 estaciones del Vía Crucis. En cada una, la multitud se detuvo a rezar y escuchar los cantos de los estacioneros, cuyas voces marcaron el ritmo de la caminata.
La noche se iluminó con cientos de antorchas que los participantes portaron durante el recorrido. El resplandor tenue del fuego generó una atmósfera solemne, acompañada por el silencio respetuoso que predominó en gran parte de la procesión.
Miles de personas participaron de la actividad, incluyendo visitantes de otras ciudades que llegaron atraídos por la magnitud del evento.
“La cantidad de gente que vemos cada año nos hace notar que viene gente de muchísimos lugares”, expresó Brítez, resaltando el crecimiento sostenido de la convocatoria.
El recorrido se dirigió hacia la parroquia Nuestra Señora de la Asunción, donde se desarrolló las últimas estaciones en la plaza central. Allí, el momento más emotivo se vivió con el descenso de la imagen de Cristo de la cruz.
Mientras la procesión continuó su curso, Hernandarias volvió a convertirse en escenario de una manifestación donde la fe se expresó colectivamente en silencio, en canto y en una caminata que, año tras año, convoca a miles de personas.