En un artículo de Última Hora del día 12 de abril pasado con el título “Tiempo de verdad…”, el conocido historiador y arquitecto Jorge Rubiani se expidió con una asombrosa novedad.
En el artículo se transcriben partes del texto de tres documentos brasileños inéditos que el articulista califica como “nuevos”. El primero es un párrafo de una carta que contiene una orden de Pedro II a su yerno el Conde D’Eu... ”que me traigan como trofeo de guerra la cabeza del dictador López después que la guerra termine” (sic), para el segundo se cita un párrafo de una carta del Conde D’Eu, Gaston de Orleans, dirigida al ministro Da Silva Paranhos, que dice: “La orden será cumplida secretamente y será llevada por mí a Humaitá, y de allá a Rio de Janeiro para ser parte del acervo de su Majestad” (sic).
El tercer documento es un supuesto estudio forense (autopsia) practicado al cadáver de Solano López firmado por el médico Manuel Cardozo da Costa Lobo, fechado el 1° de marzo de 1870, iniciado a las once horas en la que, además de las heridas tales como una de arma blanca en la sien, otra igual en el peritoneo y una de arma de fuego en la región dorsal, el cuerpo presenta otros signos adicionales en esta novedosa autopsia, como corte del pulgar derecho y del meñique, corte del índice lado izquierdo, corte de la oreja izquierda y un corte en el cuero cabelludo, pero el detalle más llamativo de todos en esta novedosa autopsia es que cita el “corte de pene” (sic) de López, para el que el arquitecto Rubiani opina y citamos: “Esta acción pretendía concretar una última venganza. Despojar al encarnizado enemigo del miembro viril; privarle de su condición de hombre o de su distintivo masculino como castigo a su resistencia de años” (sic). El Dr. Da Costa Lobo certifica como hora de la muerte: “tres horas antes” (sic) (de realizada la autopsia) a lo que se añade: “(es decir a las 8 de la mañana) (sic).
Lo insólito de la novedosa autopsia es que el médico brasileño certifica que “llegando a la margen del riacho Aquidaban, vi cómo el cuerpo del dictador López fue enterrado por su mujer Lynch más dos mujeres llamadas Diaz (*) y Ortiz (*) que colocaron el cuerpo a poca profundidad colocando unas piedras sobre él. El cuerpo fue ordenado a ser exhumado para (la) autopsia correspondiente” (sic).
Las dos mujeres citadas, serían la hermana del Gral. José Eduvigis Díaz y Francisca Ignacia Ortiz, es la supuesta hija ilegítima de don Carlos A. López que se trataría de una ascendiente del Dr. Jorge Jarolin, que en ocasión de la publicación en 2021 de su colección de manuscritos antiguos bajo el título “Interrogando al pasado”, la incluye dentro del círculo de la familia López y como protagonista de hechos importantes en la guerra.
Respecto de la orden de Pedro II, el articulista afirma y citamos: ”Manifiesta, además, la voluntad criminal de un emperador que no admitió ninguna fórmula de paz que no incluyera la muerte “por asesinato del mandatario paraguayo”, exigencia reiterada varias veces durante la contienda” (sic).
Esta opinión no tiene manera de sostenerse en fuentes serias y responsables, pues todos los documentos y testimonios de la época dicen que el Imperio de Brasil se propuso principalmente el derrocamiento de López, mas no su muerte, tal como se indica en el Tratado Secreto en su artículo 6. En Yatayty Corá, Mitre le dejó claro a López que las condiciones del Tratado Secreto debían cumplirse y eso atañe al derrocamiento citado.
En ocasión de sus gestiones de mediación por la paz en marzo de 1867, el ministro americano Washburn transcribe la opinión del mariscal Caxías: “... que nunca negociarían con él (López); que debía abandonar el país, y que cuando lo hiciera el camino estaría abierto para una paz rápida y honorable para todas las partes” (sic) (Washburn, II, 184). Por otro lado, la octava condición de aquel proyecto de acuerdo de paz del diplomático inglés Georges Gould, en agosto de 1867, decía que López debía abandonar el poder y salir del Paraguay, y el documento firmado por el canciller Luis Caminos que rechazó el acuerdo cita precisamente la cuestión del abandono del poder y la salida del Paraguay (Whigham, III, p.29); y el mismo memorialista y protagonista coronel Silvestre Aveiro dice: “Cuando este diplomático (Gould) trajo la proposición definitiva de los aliados sobre la base de que López saliera del territorio del Paraguay para tratar, el Mariscal consultó a los notables de Asunción sobre dicha base salida de López…” (sic) (Memorias, 1989). Hasta el mismo Georges Thompson, protagonista de la guerra, habla del asunto (Thompson, 1992 -p.156), vale decir que todos, tanto los mismos aliados como los paraguayos, incluso los diplomáticos sabían perfectamente bien que López solo tenía que abandonar el país para que el Imperio del Brasil admitiera finiquitar la guerra, a modo de satisfacción por la ofensa infligida al invadir sus territorios.
Viene al caso preguntarse ahora si el articulista olvidó que en su propio libro Verdades y mentiras sobre la Guerra de la Triple Alianza, incluyó las instrucciones de la Cancillería Imperial a su ministro José A. Saraiva en 1865, con respecto a las condiciones adicionales irrenunciables al Tratado Secreto siendo la primera y citamos:
“1. Extrañamiento de Solano López” (sic)(Rubiani, 2010, p. 111). ‘Extrañamiento’ es exilio, destierro, expulsión, mas no muerte.
Respecto de la orden de D’Eu al ministro brasileño Paranhos, no se concibe que un jefe militar que se hallaba en la zona de Concepción acompañando de cerca al Gral. Cámara en búsqueda de Solano López dé instrucciones a un diplomático civil que está en Asunción sin mando de tropa, y que para el momento no tenía idea de dónde estaban López y su ejército.
La novedosa autopsia tiene falencias insalvables si se la compara con la copia de otra autopsia, que perteneció a la “Colección Solano López”, de Enrique Solano López, y hoy obrante en el Archivo Nacional de Asunción (SH-356n18-145-146) (foto) y transcripta en la obra del memorialista Centurión. Otra copia de la misma autopsia está en la “colección Hrizuk” y entre los tres casos dicen unánimemente, de manera resumida:
Que el idioma usado en su redacción es el portugués. Los firmantes de esta autopsia son tres y no uno solo; dos de los tres son los doctores Manuel Cardozo da Costa Lobo y Melitão Barbosa Lisboa; el tercer firmante es el escribano José María da Silva como certificador de las firmas de los anteriores citados. Que el informe forense está fechado en Concepción, el día 25 de marzo de 1870. Que solo se refiere a tres heridas de arma blanca y una de arma de fuego en la región dorsal, y nada habla de un cercenamiento de pene y/o otras mutilaciones en los dedos, cuero cabelludo y en una oreja. Esta autopsia certifica una herida en el hipocondrio derecho que no es citada en el documento que acercó el articulista.
El memorialista Juan Crisóstomo Centurión establece que la batalla se inició “una o dos horas después” (sic) de las siete de la mañana cuando fueron advertidos de la presencia de los brasileños en el paso del Aquidabán, lo que deja en evidencia la falsedad de la hora de muerte de López a las ocho de la mañana cuando que a esa hora los brasileños recién estaban intentando pasar el río Aquidabán.
Otra notable inconsistencia horaria es cuando el informe de la novedosa autopsia dice que la misma concluye a “la una de la tarde” (sic), y Centurión da por terminada toda la acción un poco antes de las 14:30, lo que resulta imposible considerar que la autopsia –y el segundo entierro de López– hayan podido ser realizados durante el combate. Hay, pues, notorias diferencias entre la novedosa autopsia presentada por el arquitecto Rubiani y que no se sabe dónde está y la que obra en el ANA y su copia gemela en la colección Hrizuk.
Un dato no menor supone que, a posteriori de la autopsia del ANA, algunos soldados brasileños profanaron el cadáver de López. El historiador Francisco Doratioto relata que el soldado Gonçalvez Fraga cortó la oreja izquierda del cadáver de López, otro soldado le partió los dientes de un culatazo, “mientras que otros dos le cortaron un dedo y un pedazo de cuero cabelludo” (sic) (Doratioto, 2002, p. 433) y nada más, y si comparamos estas heridas vemos bastante similitud con las indicadas en la novedosa autopsia, pero emerge el hecho innegable que el corte de pene de López –del que Doratioto no nos habla– es un evidente agregado posterior que no tiene manera de ser respaldado por una fuente responsable.
EL DECAPITAMIENTO DE SOLANO LÓPEZ
El articulista afirma: “Debido a que la orden de Pedro II fue resuelta después del 15 de marzo, en este informe tampoco consta el cercenamiento de la cabeza que se realizaría posteriormente” (sic). Esto hace suponer que los brasileños habrían cumplido así la siniestra orden del emperador. La cuestión no pasa por confirmar si la cabeza de López fue realmente cercenada, es descubrir dónde se obtuvieron los dos primeros documentos citados, ya que –de ser auténticos– se tratarían de documentos brasileños sustraídos del Museo Imperial que protege sus acervos, documentos y repositorios por el Decreto-Ley Nº 25 de 1937, lo cual supone un eventual delito federal. Lamentablemente, el Arq. Rubiani no citó sus fuentes ni identificó al tenedor de esos documentos a los que hace referencia.
Para dar cuerpo a su versión, el articulista introdujo la creencia de que no se conoce hasta hoy el lugar donde enterraron a Solano López, lo cual tampoco se sostiene, pues la Academia Paraguaya de la Historia publicó una investigación donde se identifica el lugar del entierro siguiendo el croquis del coronel Silvestre Aveiro. Ese croquis fue publicado por el articulista en sus cuadernos sobre la Guerra Guasu de gran impacto en nuestro medio.
Creemos no equivocarnos al decir que la cabeza de López –y a pesar de estos documentos nuevos– sigue enterrada en Cerro Corá y el héroe, así, quizás esté descansando sin algunos dedos y hasta sin una oreja, pero su honra masculina y su condición de hombre están intactas.