No es sencillo ni agradable ser peatón en el Paraguay, y mucho menos en la capital del país. No se trata solamente de que los automovilistas desconocen las reglas de tránsito e ignoran a los peatones, sino que también las personas deben circular por calles sucias, que tienen veredas rotas, irregulares y en muchos casos con pozos que con frecuencia causan accidentes.
Al muy actual problema de la recolección de residuos y la crisis de los camiones recolectores en la ciudad de Asunción se debe sumar un problema no menor y que afecta a miles de personas a diario: el estado desastroso de las veredas.
Las aceras carecen de mantenimiento, están rotas, son inaccesibles o están cubiertas de malezas o basura. Este es el estado en el que se encuentra un alto porcentaje de las veredas algunas zonas como el centro de Asunción, en otros barrios y en avenidas.
El del Casco Histórico es el ejemplo más ilustrativo de las consecuencias del abandono y la negligencia. Aquí se concentra, probablemente, la mayor parte de la falta de cuidado no solamente de los edificios abandonados, locales cerrados y edificios históricos y viejas casonas que están en estado de total abandono, sino también de las baldosas destrozadas y pozos que son un grave peligro. Ofrecen una pésima imagen de la capital y suponen un riesgo para los transeúntes.
Recordemos que hace aproximadamente un año una persona con discapacidad visual cayó en un pozo abierto de la Administración Nacional de Electricidad (ANDE), en el microcentro de Asunción y sufrió lesiones. La persona afectada relató que, mientras caminaba por el microcentro de Asunción cayó a un pozo abierto, el cual llevaba más de dos meses sin cubrirse por las obras de cableado subterráneo.
“La caída me produjo golpes en todo el cuerpo y una herida cortante en el mentón, que requirió sutura en un hospital. Posteriormente, fui derivado a otro centro médico para realizar estudios más complejos debido a los fuertes dolores en el cuello causados por los golpes”, relató la víctima. De paso, cuestionó que la ciudad sea una trampa para las personas con discapacidad y preguntó: “¿Quién se encarga de que este tipo de cuestiones no se repitan?”, considerando que el pozo estuvo ahí durante dos meses sin que nadie hiciera nada para señalizarlo.
Respecto a la responsabilidad del mantenimiento de las veredas, la Municipalidad se rige por la Ordenanza 115/23 para el diseño, construcción y uso de veredas unificadas. De acuerdo con esta normativa, que en su artículo 67 indica que son los propietarios quienes están “obligados a construir, reparar, conservar y/o regularizar” las veredas, la realidad muestra que prácticamente esto no se cumple.
Prueba de ello es que los contribuyentes y frentistas que no mantienen sus veredas en buen estado, se exponen a multas que van de los G. 500.000 a los G. 2 millones. Y, precisamente como explicó a ÚH Gustavo Melgarejo, de la Unidad de Intervención en el Dominio Público, actualmente tienen acumuladas 1.192 notificaciones por veredas irregulares. Dicha unidad municipal cuenta con 20 funcionarios.
La fiscalización se inicia de oficio o por denuncias y reclamos ciudadanos que se ingresan por expediente en la Municipalidad; la infracción es comprobada por los fiscalizadores, quienes hacen una notificación al frentista y le da un plazo para la regularización. Sin embargo, si el propietario no lo hace, el artículo 68 de la Ordenanza 115/23 indica que en caso de que no se ejecuten los trabajos en el plazo fijado, “la Municipalidad encargará la realización de la obra”. Entonces los costos para la reparación y conservación se cargan a la cuenta del contribuyente.
Como ya se ha mencionado, además de las veredas en mal estado, se debe mencionar el hecho de que la ciudad no está planificada para el peatón, y esto se vuelve una tragedia cotidiana para las personas con alguna discapacidad, para las personas mayores o con problemas de movilidad.
Una mención especial se merecen aquellos que con toda impunidad estacionan sobre las veredas, obstaculizando la vía para los transeúntes, y los responsables de las obras en construcción que alevosamente ocupan las aceras con materiales de construcción e incluso escombros.
Las autoridades municipales no pueden evadir su responsabilidad, pues es tarea de ellas cuidar del bienestar de la población, y en este caso, tienen responsabilidad de que los asuncenos y los visitantes deban asumir que ser peatón en Asunción es un deporte de alto riesgo, en el que el ciudadano es, sin duda, el eslabón más débil del sistema vial.