04 abr. 2026

Los peligros de la normalización

Creo que la insensibilidad va ganando terreno cada vez más. Asunción parece una ciudad de “sálvese quien pueda”, donde hacemos ya caso omiso a tantas situaciones graves. No hay empatía con aquellos que se manifiestan para que sus derechos sean respetados, como el caso de docentes, militares y policías en relación con la reforma de la Caja Fiscal, quienes pararon a tiempo un nuevo atropello en el Congreso, aunque quién sabe por cuánto tiempo.

Este asunto es ineludible, no podemos seguir postergando las transformaciones que son necesarias porque el agujero económico va in crescendo, y el pato lo pagamos todos los paraguayos. Eso no es justo para nada, evidenciando una clara discriminación hacia los trabajadores del sector público, pero estos tampoco deben ser ignorados en esta discusión imperiosa.

Otros llamado de atención son los adictos en las calles, deambulando por ahí sin rumbo fijo, durmiendo en veredas, defecando en cualquier sitio público, como despojos de esta que se hace llamar “sociedad”, marginados como ellos solos. Para la mayoría ya son parte del paisaje capitalino y de otros lares, aunque vaya a saber si esta semana no serán puestos bajo la alfombra en medio de las reuniones del BID en nuestro país. Es lo que solemos hacer cuando vienen a vernos desde afuera, esconder las impurezas, ocultar la podredumbre que corroe la ciudad.

Vivimos con un pésimo transporte público, con energía eléctrica abundante que falla cuando más falta hace. Pareciera que estamos conformes con la precariedad, con el deplorable servicio de salud pública, con la educación bajo árboles en lugar de aulas, con la inseguridad que mata todos los días.

¿Dónde quedó el saludo de buen día, el “hola”, la solidaridad, la vecindad, al menos en Asunción del Paraguay? Hay muchos como autómatas sin sentido, sin deberes, sin derechos reales.

Ya menos importan hoy las guerras en Ucrania, e Israel-Gaza, y pasará igual con EEUU-Israel contra Irán. Dicen que los motivos justifican las acciones, pero las muertes no se pueden explicar.

No está bien, nunca la violencia es la respuesta, jamás lo debería ser. Eso tiene que quedar muy claro. Ya los errores del pasado lo demostraron suficientemente.

Son los peligros de la normalización de las atrocidades que vemos a diario. Me recuerda a aquel experimento de Milgram, un estudio psicológico realizado en 1961 por el estadounidense. “El objetivo principal del experimento era investigar hasta qué punto las personas están dispuestas a obedecer órdenes de una autoridad, incluso si eso significa causar daño a otra persona”. De terror.

Llama evoca que “demostró que las personas están dispuestas a obedecer órdenes de una autoridad, incluso si eso significa causar daño a otra persona”. “Esto se debe a que las personas tienden a seguir las normas y órdenes de una autoridad, incluso si eso va en contra de sus propios valores y principios. El experimento también destacó la importancia de la responsabilidad personal y la necesidad de cuestionar las órdenes y normas que pueden ser dañinas o inmorales”. No podemos estar tan dormidos, yendo como borregos al matadero sin más.

Leo en BBC Mundo la nota “Los riesgos de normalizar lo que es anormal (y cómo evitar volverse insensible)” que por supuesto que esto tiene sus ventajas: “hasta cierto punto, los humanos necesitan poder adaptarse a nuevas circunstancias y situaciones, no importa qué tan extremas”.

“Nuestra especie muy probablemente no hubiera llegado muy lejos, o por lo menos no hubiera logrado tener la capacidad emocional para resolver problemas, imaginar y crear, si anduviéramos en un estado perpetuo de shock y ansiedad”, escribe Amanda Ruggeri.

Sin embargo, habituarse a lo que está mal y puede corregirse deshumaniza. Entonces, renunciamos a lo que nos hace distintos de los otros animales, y apelamos por ejemplo a la ley del más fuerte.

Son milenios de estar aprendiendo a convivir, pero no queremos cambiar, aunque sepamos qué hacer, no lo hacemos. Y las consecuencias las siente todo el mundo “civilizado”.

Más contenido de esta sección