17 ago 2026

La sociedad de las crisis

A tres años del actual Gobierno me reafirmo en que el mismo nos está llevando a la mayor crisis de las cuentas fiscales de los últimos tiempos. Además, a la mayor crisis energética, de salud pública y de degradación institucional del siglo XXI. La mentira sobre el déficit fiscal real, la falta de inversión en energía y en todo tipo de infraestructura física y social, además, la mafia de los títulos falsos, reconocida por el ministro del MEC como una estafa a la juventud, la de los pagarés, la salud pública abandonada, la corrupción que ya no se oculta, según la Feprinco, la prosperidad del narcotráfico y de la narcopolítica, etcétera, son evidencias empíricas. A pesar de que el senador Leite, embajador del quincho ante los EEUU y ante el Gobierno de Peña, insista en querer meter presos a los culpables, sobre todo de la crisis fiscal –incluyendo entre los sospechosos a ministros y al titular del Poder Ejecutivo–, tengo una duda metódica sobre las raíces del poder político y económico en el Paraguay, las que nos trajeron hasta esta situación.

En Paraguay, la explicación de las crisis suele construirse mirando siempre hacia un presente en colapso y un futuro incierto, señalando, entre otros, a culpables del pasado reciente o del presente inmediato. Bajo esta lógica, cada fracaso institucional se atribuye, exclusivamente, al que está por irse, al último Gobierno, y cada atraso social al grupo político precedente, como si los problemas fueran simples desviaciones temporales de un sistema que, en esencia, debería funcionar.

Esta narrativa tiene una ventaja seductora, tranquiliza. Nadie piensa fuera de la caja en modo rupturista. Permite creer que el mal es coyuntural y que bastaría un recambio de nombres inclusive dentro del mismo partido, por lo general oficialista –un nuevo presidente, un renovado administrador de aduanas, otros jueces en la Corte–, para corregir el rumbo. El sistema, se supone, en esencia, que está sano; los que fallan son sus operadores.

Sin embargo, según mi amigo, el politólogo Hugo Duarte, las prácticas que hoy generan indignación “el Estado como botín en las compras públicas”, en la opinión del ex ministro César Barreto, y la captura de instituciones, el clientelismo y el nepotismo no son deformaciones accidentales. Son herencias estructurales de un sistema que nació en condiciones excepcionales hace 156 años, y que nunca fue reconfigurado para servir a la sociedad. Siguiendo con el análisis de Hugo Duarte, desde 1869: “No solo colapsó la economía y se diezmó a la población. Se destruyó el Estado existente para reconstruirlo bajo ocupación extranjera, con la tutela de invasores, sin continuidad institucional ni base social real. Esta reconstrucción no fue obra de la sociedad sobreviviente, sino de una élite reducida vinculada a los vencedores. Integrada por legionarios y exiliados, esta minoría importó un constitucionalismo liberal formal que carecía de anclaje en la experiencia histórica paraguaya. El resultado fue un híbrido: un Estado republicano en lo jurídico, pero materialmente oligárquico, concebido más para excluir que para integrar”. No olviden por qué fracasan las naciones, Acemoglu y Robinson. En este Paraguay, que perdura hasta nuestros días, la lealtad personal sustituye a las normas, a la misma constitución y a la mayoría de las leyes. Al mismo tiempo, el clientelismo equivale a ciudadanía.

La estructura lógica de las civilizaciones humanas se basa en una cultura colectiva con conceptos y acciones que fortalecen los deberes y las obligaciones. La deontología aplicada.

El mayor error humano es querer negar que vivimos en dos mundos, físico y mental/espiritual, donde lo segundo crea lo primero, en términos de convivencia humana y calidad de vida. Eso, el hombre lo puede hacer solo cuando entiende que, como algo distintivo de la naturaleza humana, por medio de la educación, del lenguaje y de la consciencia, por medio de normas, funciones de jerarquías y estatus, reputación confiable, promesas que cumplimos, etcétera, que llamamos instituciones… podemos crear una realidad material totalmente distinta, de mayor calidad. La ontología social nos dice que las instituciones si son virtuosas, pueden crear por medio de la conciencia subjetiva, realidades físicas o materiales objetivas que determinan el destino en una nación. Debe haber un “sueño paraguayo” que consista en un plan concreto, con intencionalidad colectiva, para transformar la realidad actual entendiendo sus raíces históricas. Hechos institucionales son fenómenos factuales que tienen consecuencias materiales. Es algo grandioso que un grupo de compatriotas con Dionisio Borda (quien ya hizo algo parecido en la economía desde el 2004), entre otros, están por hacer nacer. Será una reunión no electoral, el 26/08/26 en el Puerto de Asunción. Save the date. Aguije. ¡Saludos cordiales!

Más contenido de esta sección