17 ago 2026

El gigante dormido que se hunde en deudas

La metáfora del “gigante dormido” que utiliza recurrentemente el presidente de la República, Santiago Peña, emulando la campaña de Donald Trump con su “Make America Great Again”, ha sido nuevamente utilizada por el mandatario en su mensaje por los tres años de su gobierno.

Sin embargo, la coyuntura actual pinta más bien una imagen más grotesca de este “gigante dormido”, algo parecido al famoso cuadro del pintor inglés John Everett Millais Ofelia, de 1852, pero en lugar de la musa de Hamlet, tendida en el agua con los brazos abiertos y la mirada vacía, sería el del gigante caído del cuento anónimo Jack y las habichuelas mágicas.

Peña ha hecho un gran esfuerzo por sostener este discurso de un país con gran potencial económico, social y geopolítico que ha estado inactivo o frenado, pero ahora está listo para despertar y pegar el salto.

Esta idea ha sido calificada por el historiador Herib Caballero como un “mito político” creado a partir de la falsa premisa de que el Paraguay era extremadamente próspero antes de la Guerra de la Triple Alianza. Sostuvo que con los López hubo avances, pero no se llegó a un nivel muy superior de organización del Estado y desarrollo económico, con respecto a otros países de la región, y endilgó este pensamiento idílico patriótico al historiador Juan E. O’Leary, figura importante del Partido Colorado y de la política local de principios del siglo XX.

Peña comenzó con el uso de dicha metáfora como precandidato a la Presidencia de la República, en 2022, pero en un contexto regional, específicamente en Alto Paraná, para prometer inversiones extranjeras.

Ya como presidente, al cumplir sus primeros 100 días y en sus balances anuales, consolidó el uso de la frase “resurgir del gigante” como el eslogan oficial de su administración.

En mayo de este año, Peña habló de lograr un crecimiento sostenido del 7% anual, con la meta de duplicar el tamaño de la economía en una década. En julio, durante su último informe al Congreso, destacó un crecimiento económico del 6,6%, posicionando a Paraguay como líder regional y consolidando el “grado de inversión” como pilar de previsibilidad para la inversión extranjera; y ahora, al cumplirse sus tres años, enfatizó que el país vive su mejor momento económico, con históricos aumentos de empleo y una estrategia enfocada en la disciplina fiscal para mantener el déficit dentro de las metas previstas.

Sin embargo, estos discursos grandilocuentes de Peña sobre la economía paraguaya fueron opacados varias veces. Primero, cuando su propio ministro de Economía de entonces, Carlos Fernández Valdovinos, a mediados de marzo de este año, anunció la necesidad de aplicar una “economía de guerra”, debido a la sorpresiva crisis en el Fisco que terminó desencadenando un fuerte desgaste político que derivó en la salida del ministro de su cargo a finales de ese mismo mes.

En ese entonces, la estimación de la recaudación cayó unos USD 600 millones, considerando la brecha entre lo proyectado y lo recaudado, sumado a la pérdida por la devaluación del dólar en las hidroeléctricas.

A este contexto, se sumó que el gobierno fue obligado a sincerar sus deudas y cuentas públicas tras reconocer públicamente ante los organismos internacionales un incremento en el déficit fiscal para absorber y transparentar compromisos financieros acumulados.

El volumen de la deuda pública total del país ronda actualmente los USD 22.000 millones, impulsado en parte por emisiones para cumplir obligaciones corrientes. A pesar de las aprobaciones previas de fondos especiales (como un paquete inicial de USD 600 millones), el Estado aún arrastra deudas estimadas en cerca de USD 1.300 millones con los contratistas viales y proveedores farmacéuticos.

En paralelo, las investigaciones en el IPS han revelado millonarios derroches del dinero de los trabajadores y también a la par, el Congreso finalmente definió su jubilación vip, muchos meses después de haber cocinado la Caja Fiscal.

El gigante dormido flota en aguas turbias y se va hundiendo en deudas, mientras unos pocos siguen gozando de privilegios y haciéndose ricos con el dinero del Estado, total, “en la política, todo lo pueden”.

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