La deuda pública no es la única deuda que debe preocupar. El 16 de agosto se conmemora y festejamos el Día del Niño y de la Niña. Si bien todos los días del año debiéramos reflexionar sobre la situación de la niñez en Paraguay, hacerlo en esta semana es particularmente oportuno. Nuestro país cuenta con numerosas leyes que dotan de derechos, pero que no tienen como contrapartida el esfuerzo fiscal necesario para garantizarlos. No garantizar estos derechos ponen en riesgo la sostenibilidad del crecimiento económico, de la seguridad social y de la deuda, ya que la productividad, el aporte al fondo jubilatorio y el pago de la deuda será en el mediano plazo responsabilidad de quienes hoy son niños, niñas y adolescentes.
Ya nacieron los niños y niñas que verán acabarse el bono demográfico, por lo tanto serán personas adultas que deberán producir para mantenerse ellos así como al conjunto de niños y personas mayores que será la mayoría. Ellos también serán los adultos que deberán pagar la deuda ya contraída con bonos a 2055. Para que esto sea posible, estamos en el momento de generar el capital humano, hoy en déficit.
En educación, si bien el país ha logrado una cobertura casi universal en educación escolar básica, alrededor del 10% de los adolescentes está fuera de la educación media. De acuerdo con el Censo 2022, unas 52.002 personas (6-17 años) se encuentran fuera del sistema escolar. El problema radica en la retención escolar, es decir, en la cantidad de niños, niñas y adolescentes que habiendo entrado al primer grado logran egresar de la educación media. Este porcentaje es menor al 60%. Esto explica por qué los años promedio de estudio de la población de 15 años o más no alcanzan los 10 años.
El segundo problema es el bajo nivel de aprendizaje. Las evaluaciones indican que apenas el 20% de los estudiantes logra aprender lo mínimo; el resto no llega a ese nivel. La suma de pocos años de estudios y niveles bajos de aprendizaje en un mundo que cambia vertiginosamente exigiendo cada vez más capacidades constituye un obstáculo insalvable para el crecimiento económico y el bienestar de las personas.
La acumulación de capacidades laborales también implica buenas condiciones de salud. El 25% de los niños, niñas y adolescentes se enfermó y no consultó. Esta cifra aumenta al 40% en el caso de los adolescentes. Las tasas de vacunación no llegan al 70%, dando cuenta de los riesgos que enfrenta la niñez.
En Paraguay existen poco más de 1.800.000 niños, niñas y adolescentes (0-17 años), unos 450.000 están en situación de pobreza monetaria (25%), lo cual significa que la pobreza se encuentra infantilizada.
Tekoporã es el programa más importante para enfrentar la transmisión intergeneracional de la pobreza así como los costos económicos y de oportunidad de estudiar y asistir al sistema de salud cuando es necesario. Sin embargo su cobertura es mucho menor a la necesaria a pesar de los buenos resultados mostrados en las evaluaciones de impacto.
En los últimos años, el programa de alimentación escolar se ha extendido, aunque todavía está pendiente su universalización desde la educación inicial hasta la educación media. Es de esperar que este programa contribuya a la permanencia en el sistema escolar y a la salud nutricional teniendo en cuenta el progresivo aumento del sobrepeso y la obesidad infantil.
Más allá de la pobreza monetaria, una parte importante de la niñez vive en hogares con altos niveles de vulnerabilidad. El 16% de los hogares con niñas, niños y adolescentes presenta al menos una necesidad básica insatisfecha (NBI). Esta proporción equivale a más de 285.000 hogares en situación de privación estructural, lo que revela la persistencia de condiciones materiales deficitarias que afectan directamente el bienestar de la niñez y adolescencia. El 43% de los hogares donde viven tiene como jefa a una mujer. Las mujeres en Paraguay ganan menos que los hombres y se ocupan en actividades más precarias e informales, lo que implica ingresos además de menores, más inestables.
Estas condiciones de vida obligan a aumentar de manera urgente el esfuerzo del Estado para no perder la ventana de oportunidad que ofrece contar todavía con una base amplia de la pirámide poblacional.