30 abr. 2026

La credibilidad: Una carrera de postas, no de 100 metros

Construir credibilidad institucional en las políticas macroeconómicas de un país es un proceso de largo plazo. Estoy convencido de que este camino es una carrera de postas, no una de 100 metros. Solo mediante esta visión se ha podido edificar la institucionalidad que hoy ostentan el Ministerio de Hacienda y el Banco Central del Paraguay. Este proceso ha trascendido gobiernos y banderas políticas, uniendo a autoridades que comprendieron que la institucionalidad macroeconómica es la condición necesaria para la construcción de confianza y credibilidad en el país.

Este entendimiento ha generado éxitos notables: Un sistema financiero solvente y bien regulado, un fisco responsable y políticas públicas que permitieron reducir la pobreza del 53% a menos del 20% en un periodo de casi tres décadas. Como en una posta, cada institución y autoridad responsable fue pasando “el testimonio” al siguiente, con determinación. Por citar solo algunos hitos que fueron dándose en este tiempo: Empiezo con el manejo prudente de la crisis financiera por parte del BCP (1995) presidido por Hermes Gómez Ginard, quien tuvo las agallas de aceptar el cargo en medio de la crisis, rodeado de directores muy competentes (tal vez el mejor de todos los directorios hasta hoy), pasando por la gestión del Ing. Jorge Gulino (+) que rechazó los intentos de someter al Banco Central a intereses del Poder Ejecutivo. Recordamos la firmeza de Mario Pastore y Óscar Fuentes para evitar el desvío de reservas internacionales a inversiones fraudulentas, el liderazgo de Raúl Vera y James Spalding, quienes con solo 34 años enfrentaron el impacto del 11 de setiembre, el “corralito” argentino y la caída del Banco Alemán, sentando las bases de la Ley de Garantía de Depósitos y una agenda de reformas con el FMI (2002). La posta se va consolidando con la llegada del Dr. Dionisio Borda (2003) que llevó adelante un paquete ambicioso de reformas fiscales, bancarias y sociales, incluyendo la creación de la AFD de la mano de César Barreto y la recuperación del BNF, liderada por Germán Rojas. Este camino fue tremendamente fortalecido por Nicanor que cerró un acuerdo político y social en el que el Congreso y el sector empresarial apoyaron con fuerza el proceso de reformas, entregando el testimonio a los que vinieron después. El cambio de rumbo político con el presidente Lugo no frenó el proceso; al contrario, profundizó las reformas bajo la gestión de Dionisio. Sin embargo, el camino no ha estado exento de riesgos. En 2012, las reformas habían generado bienestar y superávit, pero lamentablemente el manejo político del presupuesto pulverizó 8 años de superávit fiscal y hoy esa advertencia vuelve a cobrar vigencia. La llegada de Manuel Ferreira que tuvo el acierto de salir a los mercados internacionales para mostrar la solidez construida, implementando la Ley de Responsabilidad Fiscal y un hecho no menor, respecto del mandato de Jorge Corvalán en el BCP, siendo Jorge el primer presidente en comenzar y terminar el mandato (hoy vamos por el 4), quien implementó el sistema de metas de inflación y realizó el último FSAP (programa de evaluación del sistema financiero) que lo hace el FMI. La posta continuó.

Se profundizaron las medidas económicas, HC se enfocó en la eficiencia del Gobierno, se modernizaron las leyes bancarias y se abrió la cancha al sector privado, donde se empezó a hablar de las asociaciones público-privadas, pero en el 2016 se aprobó un presupuesto politizado que fue objeto del veto presidencial, ejecutándose en el 2017 el presupuesto del ejercicio anterior. El riesgo siempre está. Esta fortaleza fiscal construida entre todos le permitió a Marito enfrentar los desafíos tremendos de la pandemia (2020) cuando pudimos diseñar planes de contención tanto en la salud, el mercado laboral como en la infraestructura, en ese entonces resaltó Julio Mazzoleni, que de no haber fracasado Covax, otra sería la historia hoy. Se destacó también el programa Pytyvõ, que posibilitó asistencia adecuada a los menos favorecidos de todo el país. La adecuación de todo el régimen de prevención del lavado de dinero evitó sanciones de GAFI y la reforma tributaria acordada con la sociedad civil permitió una mejor recaudación. A lo largo de este proceso, hemos pasado de pedir prestado a saber cómo hacerlo, migrando hacia emisiones en guaraníes para ganar autonomía y desdolarizar nuestra deuda, y ya en este Gobierno llegamos al grado de inversión, un gol que lo gritamos todos. Hemos construido confianza que se manifiesta en la credibilidad ante inversores, quienes necesitan reglas de juego claras y estables. La experiencia internacional demuestra que la confianza se pierde rápidamente cuando las decisiones económicas responden a urgencias momentáneas.

Lamentablemente, no hemos podido fortalecer el funcionamiento institucional en su conjunto, que se siente en los bajos niveles de cobertura de salud, justicia y educación, lo que nos hace vulnerables al crimen organizado. Lo logrado no fue un hecho fortuito, sino el resultado del trabajo y compromiso de mucha gente por mucho tiempo. Hoy se da la paradoja de que tenemos un crecimiento económico envidiable, pero un desafío fiscal enorme, propio de sistemas que alcanzan el éxito macroeconómico antes que la madurez institucional con baja recaudación, gasto ineficiente y exceso de compromisos permeen en todos los sectores. Nos toca resolver los problemas fiscales con eficiencia y transparencia y dar señales contundentes mirando ese objetivo. Cuidar la credibilidad construida, es una responsabilidad de todos. Paraguay ha demostrado que sabe construirla y este Gobierno debe entregar el testimonio de manera eficiente a quién seguirá la posta.
La institucionalidad macroeconómica es la condición necesaria para la construcción de confianza y credibilidad

Más contenido de esta sección