18 may. 2026

Autoridades deben resolver la grave situación de tuberculosis en las cárceles

Ocho presos ya fallecieron en lo que va del año en la Penitenciaría de Concepción por causas respiratorias, cuatro de ellos estaban con tuberculosis. Las muertes obligaron a autoridades del Ministerio de Justicia a cerrar el penal por temor a la propagación de la enfermedad. Son inaceptables las condiciones de miseria y hacinamiento en las que subsisten los reclusos.
Hace una semana falleció, a causa de tuberculosis, el cuarto recluso de la Penitenciaría Regional de Concepción. Hasta la fecha, son ocho los internos que han muerto en dicho penal por enfermedades respiratorias, de los cuales seis serían por tuberculosis. Como respuesta inmediata, las autoridades decidieron cerrar el penal por temor a la propagación de la enfermedad.

La cárcel de Concepción tiene capacidad para 700 personas; sin embargo, actualmente alberga a 1.900 internos. La tuberculosis es una de las enfermedades más frecuentes y prevalentes en los centros penitenciarios, pues el contagio se ve propiciado por el hacinamiento. Recordemos que a nivel nacional hay más de 20.000 internos, 19 penales y en 15 de estos hay casos de tuberculosis, siendo los de mayor incidencia Concepción, San Pedro y los de Emboscada, que son Emboscada Antigua y Padre de la Vega.

Respecto a estos hechos, desde el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (MNP) señalaron que la propagación de tuberculosis en la Penitenciaría de Concepción se debe al hacinamiento, situación sobre la que ya se había advertido antes.

El abogado Camilo Filártiga, miembro del Mecanismo, explicó que se reportaron 56 casos confirmados de tuberculosis en la Penitenciaría de Concepción. Apuntó que la propagación es un síntoma de un problema mayor con causas estructurales que requieren un abordaje interinstitucional, involucrando a Justicia, autoridades penitenciarias, Salud y regiones sanitarias.

Precisamente, la realidad descrita por Filártiga es la que debe ser cambiada: Hacinamiento en las penitenciarías, especialmente en las más grandes, condiciones de infraestructura deficientes, con poca ventilación, aireación, luz y espacios sucios. Además, la provisión alimentaria es de mala calidad, lo que favorece la propagación de enfermedades.

El integrante del Mecanismo subrayó que la corrupción interna en el sistema penitenciario constituye un obstáculo para mejorar las condiciones de los reclusos, ya que es necesario realizar pagos para acceder a servicios básicos, como medicamentos, atención sanitaria y alimentos de mejor calidad. “Esta corrupción crea privilegios para quienes pueden pagar, similar al caso de Dalia López”, denunció Filártiga. Finalmente, mencionó que la salud mental en los penales es un problema grave que requiere asistencia permanente. Este mismo mes, el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura había solicitado la clausura inmediata del sector de aislamiento del pabellón de varones de la Penitenciaría Regional de Misiones, debido a sus condiciones infrahumanas. Entre otras irregularidades, se encontraron problemas en la cantidad de presos, higiene, alimentación, acceso a la salud, educación y régimen disciplinario. En dicho lugar hallaron entre 14 y 15 personas en celdas diseñadas para solo cuatro. El penal se encuentra muy por encima de su capacidad.

El estudio “Exceso de riesgo de tuberculosis durante y después del encarcelamiento en Paraguay: Un estudio de cohorte retrospectivo”, publicado en la revista científica The Lancent Regional health Americas hace dos años, señalaba que la tasa de incidencia de tuberculosis en Paraguay era de 48 casos por 100.000 habitantes, pero en el ámbito penitenciario superaba los 3.000 casos por 100.000 habitantes, lo que determina las desigualdades marcadas para las personas pobres en situación de encierro.

El problema es mucho más complejo, pues es grande la población carcelaria sin condena en nuestro país. Las autoridades no pueden seguir impasibles ante la realidad de aumento de casos de tuberculosis, sífilis y VIH entre los reclusos. Esto se da al menos entre los que deben sobrevivir en la miseria, hacinados y expuestos a todo tipo de enfermedades mientras personas corruptas o vinculadas al narco o al crimen organizado gozan de sus privilegios, en una desvergonzada muestra de la desigualdad.

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