Opinión

La capital más triste del continente

Hace unos días el intendente Nenecho Rodríguez publicó un tuit con la pregunta: "¿Soy yo el problema de todo? ¿Desde que yo estoy Asunción estuvo mal?".

Alfredo Boccia Paz Por Alfredo Boccia Paz

Recibió unas 1.500 respuestas, casi todas ellas poco amables. Nenecho respondió a las primeras críticas con exabruptos, lo que motivó una avalancha de nuevos improperios que lo obligaron a silenciarse.

El tema parece insustancial, pero me pregunto qué clase de intendente tenemos, que se victimiza como un adolescente pichado. Es una actitud inmadura de parte de alguien que ostenta uno de los cargos públicos más importantes de la República.

Me apresuro en señalar que no creo que Nenecho sea el único culpable de que tengamos una de las capitales más tristes de Sudamérica. El proceso de afeamiento de la ciudad lleva décadas y se nutrió con toneladas de indolencias, inmoralidades e inutilidades de muchos gobiernos municipales. Lo deprimente es que Nenecho es parte del problema y no su solución. Él es un problema porque no da la talla para el cambio de rumbo que Asunción necesita.

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Si a esta altura esgrime excusas mediocres, es porque no tiene idea de cómo cambiar la agobiante realidad de una capital sucia, insegura, con calles rotas, sin veredas, con plazas abandonadas y un centro histórico desolado. Nada de lo que pudiera sorprenderse. Conocía los dramas asuncenos desde antes de postularse a intendente. Pidió que se le vote, prometiendo darles solución. Por eso suenan tan infantiles sus pretextos. Sobre todo, porque él sabe que una de las causas del fracaso administrativo es que la Comuna podría funcionar con la tercera parte de su rechoncha nómina de funcionarios.

Una lista a la que era difícil acceder, pues Nenecho la mostraba en formatos irregularmente codificados. Su mala intención quedó en evidencia al viajar a Israel y dejar como intendente interino a Álvaro Grau, concejal de Patria Querida. Este sencillamente liberó al público la plantilla de salarios, permitiendo que se conozcan datos que no tendrían por qué estar ocultos.

Gracias a eso sabemos que Asunción tiene 8.844 funcionarios –1.300 de los cuales de la Junta Municipal– y que más del 75% de ellos son afiliados del Partido Colorado. Como es vox populi que el eterno concejal liberal Augusto Wagner maneja otro ejército de operadores políticos, debemos suponer que el sueldo de los mismos se engulle gran parte de los ingresos municipales. De hecho, ahora es posible hacer unos cálculos básicos: no menos de siete de cada diez guaraníes provenientes de tasas y tributos se destinan a salarios. Cada mes los asuncenos pagamos la barbaridad de 5.700.000 dólares en ese concepto.

Con gastos fijos tan altos sobra muy poco para invertir en mantenimiento e infraestructura en la ciudad. Con razón Asunción está tan fea. Pero la situación de nuestra capital es aún peor. Esta administración municipal está tan endeudada que se acerca al “default”. Eso explica que Nenecho haya apelado a dos salidas desesperadas: la emisión de bonos y la subasta de terrenos de la Costanera. Los bonos serán por 550.000 millones de guaraníes y servirán para “bicicletear” deudas anteriores y sueldos futuros. El fraccionamiento de la Costanera se pretende hacer con escaso respeto a planes maestros desarrollados anteriormente.

Estas medidas solo patean la crisis hacia adelante y nos auguran un mayor deterioro de la calidad de vida en la otrora apacible y acogedora Asunción. Nenecho no nos muestra ninguna salida. Solo frases inmaduras, tras las que se escuda sin ofrecer esperanzas.

Pero tiene, sin embargo, razón en algo: no es el único culpable. Ningún asunceno debe olvidar que fue electo intendente con el mayor número de votos que candidato alguno haya conseguido en toda la historia de la capital. Lo votaron 122.353 ciudadanos, a los que no les inmutaron las evidencias de lo corrupto que fue durante la pandemia. A esos habría que cancelarles el derecho a la queja. A los demás, solo nos resta suplicarle al intendente que deje el celular y se ponga a trabajar.

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