Ola de crímenes (1999) es un libro de relatos y crónicas del escritor estadounidense James Ellroy, el más influyente y ominoso novelista policial norteamericano vivo. En el volumen hay una novela breve, Tijuana, mon amour. Danny Getchell es un periodista del Hush-Hush, un trasunto de la revista Confidential de Los Ángeles, que en los años 50 se dedicaba a exponer los trapos sucios de las estrellas del cine y la música en Hollywood. Getchell rememora su “época dorada de delator de homosexuales” en las páginas de la publicación. Su modus operandi era el tipo de periodismo que hoy es todo menos periodismo: chantaje a las celebridades a cambio de dinero o favores.
Pero este periodista del show bussines va un poco más allá: él mismo planta marihuana en el automóvil de Frank Sinatra. Se asegura de llamar antes a la policía para contarle que La Voz tiene un feroz cargamento de droga. El hecho es una venganza contra otro acto de venganza. El periodista había escrito un reportaje sobre el médico privado del famoso cantor de My way, en el que daba detalles precisos acerca del proceso de alargamiento de pene a que había sido sometido la estrella. Luego de esa jugada sucia de Getchell, el cantante se vengó haciendo destruir el automóvil del periodista. Por lo que este urdió un nuevo desquite.
Pero el plan no sale como Getchell piensa. Una maraña de policía corrupta y periodismo amarillo activo desemboca en escenas rabelesianas: una actriz descuartizada, una policía lesbiana planeando el robo de abrigos de pieles, Sinatra inyectado hasta el cogote de ácido lisérgico y cantando pavadas. Ante el escenario de pesadilla, Getchell planea su idílico escape, vía Tijuana, mientras escucha a Rachmaninoff. Imagina que su verdadero lugar es el Paraguay de Stroessner. Y dice:
“Me piro a Paraguay y compro un palacio y unos peones. Impongo contratos draconianos. Me proclamo el Jefe. Pongo en marcha el Hush-Hush hispano, Husho-Husho en español. El sádico presidente Stroessner me defiende con estridencia. Delato a los demonios demócratas dispuestos a destruirlo. Difamo duramente en un país sin leyes antilibelo. Lacero a libidinosos latinos y lincho en papel impreso a izquierdistas imbéciles. Me enorgullezco de ser un auténtico anticomunista. Me codeo con nazis nerviosos asimilados en Asunción”.
Un artero periodista de farándula con tendencias fascistas escondido en el “paraíso” stronista: es también el Paraguay de hoy vislumbrado por un novelista norteamericano.