12 abr. 2026

Italo, de cristal y de Vulcano

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Ítalo Calvino

Sergio Cáceres Mercado
caceres.sergio@gmail.com
Investigador

Todos los escritores, es probable, han pensado qué era eso a lo que se dedicaban, es decir, sucumbían a la pregunta sobre la literatura. Coincidentemente, aquellos cuya obra ha transcendido el tiempo, dejaron reflexiones sobre el arte de escribir y sobre lo literario per se. En este sentido, Italo Calvino, a quien recordamos en su centenario, dejó una fabulosa obra literaria y también una importante serie de ensayos en el que la naturaleza de la literatura es el tópico. Al menos uno de estos libros me ha llegado desde el exterior (vivir en Paraguay implica siempre un desierto en cuanto a conseguir libros); hablo de Seis propuestas para el próximo milenio, un texto que es clave para entender el pensamiento de Calvino.

Seis propuestas compila las cinco conferencias que logró escribir para leerlas en la universidad de Harvard. La sexta conferencia no la terminó, porque la muerte decidió hacer de las suyas, pero un esbozo bastante desarrollado dejó y fue sumado al libro. Así que las conferencias no se dieron, pero quedaron los escritos que no solo son una muestra de la gran erudición del autor, sino que expresan su visión de lo que es la literatura y de cómo pensaba y procedía al momento de escribir, en resumen, la teoría y la praxis de la literatura calviniana están plasmada en estas conferencias. Seis propuestas es todo un manifiesto sobre y por la literatura que un admirador de Calvino no puede dejar de leer, y en el que aquel que busca en la literatura algo más que el pasatismo encontrará pasajes maravillosos sobre la función de la literatura, su epistemología y su ontología.

Corría 1985, y Calvino indagaba sobre qué elementos de la literatura quedarían para el milenio que se avecinaba. Fue así que concibió seis características: levedad, rapidez, exactitud, visibilidad, multiciplidad y el arte de empezar y el arte de acabar. Cuando el autor italiano explicita cada uno de estos pilares literarios, fluye ante nosotros un pensamiento anclado en la experiencia vital, el que está teorizando sabe de primera mano de lo que está hablando porque lo ha vivido. Y así como resulta de lo más enriquecedor seguir a Calvino mientras nos ilustra sus seis ideas, es a la par iluminadora su visión sobre lo era el mundo para él en 1985 o sus cuitas sobre lo que sobrevendría en este milenio que él solo entrevió y que a nosotros nos toca penosamente vivir.

La literatura debe buscar la levedad, ser lo más exacta posible, buscar la visibilidad, ser rápida y múltiple. Con estas ideas, nada obvias cuando las desarrolla, indica la función cognitiva de la literatura, pues esta quiere explicar el mundo, nos habla de una vida que siempre fluye dentro de unos límites y reglas propias; he aquí la paradoja que más conmueve a Calvino: la infinitud de la realidad y delimitación infinita de la literatura. ¿Cómo puede el escritor atrapar una realidad, que la sabe desde un inicio infinita, dentro de los acotados márgenes del texto escrito y su conciencia que fluye en varias direcciones, pero que tiene una base insondable que ni él mismo conoce?

Nuestro autor recurre a, cito algunos, Valéry, Dante, Musil, Borges, Cervantes, Perec, Leopardi, Lucrecio, Ponge, Ovidio, Montale, la literatura popular, la mitología grecolatina y algunos filósofos, para darnos su visión literaria del mundo. Cuando lo hace, nos cuenta por qué y cómo escribió sus obras más memorables: nombra, y cita a veces, a: El vizconde demediado, El barón rampante, El caballero inexistente, Las ciudades invisibles, Todas las cosmicómicas, Si una noche de invierno un viajero, El castillo de los destinos cruzados y Palomar.

Se pregunta nuestro autor sobre el futuro de la imaginación en un mundo densificado por las imágenes de los mass media. ¿Podremos aun imaginar en una era donde la imagen nos determina y ahoga? La literatura no puede ser pensada sin el ejercicio imaginario, y esta capacidad debe ser salvada si queremos que la humanidad sobreviva. Calvino no necesitó vivir en el mundo de la internet y las redes sociales, pues con alta tecnificación globalizante lograda por los medios de comunicación ya intuyó que el bombardeo de imágenes sería un enemigo peligroso. Solo la literatura podría salvarnos por ser la manifestación de nuestra libre creatividad.

Por supuesto que el lenguaje y su función epistemológica están presentes al tratarse de un libro que reflexiona sobre lo esencial de la literatura. Calvino relaciona la imagen en función del lenguaje, indica las limitaciones del mismo cuando parte de la realidad y se plasma en lo escrito, propone que la descripción de las cosas debe ser un ejercicio que todo escritor debe practicar.

Es muy revelador cómo Calvino se enmarca dentro de las categorías que va creando. Es más bien seguidor de Vulcano antes que de Saturno, antes que nada es un escritor-cristal antes que un escritor-fuego, le gusta el símbolo del delfín que rodea un ancla, no en vano es zodiacalmente de Libra, prefiere escribir corto y preciso (rapidez y exactitud), prefiere las formas geométricas, es alérgico a la imprecisión en el uso del lenguaje, etc.

Seis propuestas en un libro completo que aquel que descubre y luego admira a Calvino no puede dejar de leer. Se le revela ahí no solo el escritor, sino la persona, incluso el niño que alguna vez fue; un niño que nunca dejó de crecer y que nos mostró que todos tenemos un Cosimo que quiere volar por los árboles para nunca más tocar la tierra.

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