30 ago 2026

I - Paraguay y sus relaciones con Brasil

¿Aliado estratégico, socio comercial, hermano menor? ¿O… directamente súbdito? Al parecer, con cualquiera de las dos últimas categorías. Según las circunstancias, el momento, de acuerdo con lo sabido y actuado en los últimos 156 años.

Revisemos el fenómeno desde los orígenes:

El 29 de noviembre de 1807 llegaba a Lisboa el Mariscal Jean-Andoche Junot, oficial de Napoleón I para capturar al príncipe regente y futuro rey Juan VI de Portugal, junto a su madre la reina María; su esposa Carlota Joaquina y el resto de la familia. El monarca quiso evitar con el abandono de su reino (una simple huida, literalmente hablando) con lo que sucediera en el vecino reino de España y con su cuñado el Rey Fernando, cuando sometido al Corso, fuera capturado y preso en Bayona, territorio vasco de Francia.

El traslado de la familia real lusitana se realizó de manera acelerada en compañía de unas diez mil personas que incluían el gabinete real, el clero, la intelectualidad y la academia de todo el reino, en cualquier embarcación con posibilidades de cruzar el Atlántico; contando desde luego, con la protección de la Marina Real Británica.

Cuentan los libros que cuando los soldados de Napoleón llegaban al puerto de Lisboa, todavía se veían en el horizonte, algunos velámenes rezagados perdiéndose en alta mar; mientras que en los muelles, los documentos que no habían podido ser embarcados por la falta de tiempo, competían en el aire con el vuelo de las aves marinas.

La decisión por este acelerado procedimiento, iría a perturbar seriamente todo el andamiaje geopolítico sudamericano, pues a la vez, convertía a Río de Janeiro en la capital del imperio portugués. Una rotunda expresión del poderío europeo en las barbas del dominio hispano en la región; y en medio de la efervescencia que producía el inicio del complicado proceso destinado a la emancipación americana. Hecho que también afectaría, inevitable y dramáticamente, a todo el límite Este del Paraguay; que se constituiría a partir de entonces en una permanente fuente de tribulaciones para el país sudamericano.

Así empezaba aquella historia. Cuando el poderoso reino lusitano se instalaba en América del Sur con el poderío de su experiencia de milenios en la cuna de la “civilización” occidental. Las consecuencias empezaron a notarse rápidamente cuando Juan y su vástago Pedro I y el de este, Pedro II, empezaron a “acomodar” los dominios portugueses en las selvas del continente, terminando en constituirse en el territorio más grande de la región y quinto en el mundo, con aproximadamente 8,515,767 km²; y con límites con todos los países del continente, a excepción de Chile y Ecuador.

Los portugueses no tuvieron problemas de identidad en su nuevo ambiente. Ellos no tenían que dirimir conflictos raciales ni disputar territorios o derechos con la población local. Ni tuvieron otro conflicto que no fuera la expansión del Imperio y el incremento de sus límites geográficos.

Sabían lo que los sudamericanos no llegábamos todavía a intuir. Que la base del poder estaba en la extensión de sus dominios y en el número de la población.

Muy pronto, los nuevos llegados, apuntaron hacia el sur; para que se dieran inicio a los conflictos con el Paraguay y más específicamente con el Supremo, doctor José Gaspar de Francia. Pero el Imperio necesitaba entonces de la alianza paraguaya ante la inminente guerra en el Plata debido a la ocupación de la Banda Oriental en 1822. Para el efecto, esta incorporación motivó un nuevo cambio de status a la entidad imperial: Ahora se llamaba El Imperio de Portugal, Brasil, Algarve y la Provincia Cisplatina.

El experimento no duró mucho porque de inmediato se inició una guerra –casi exclusivamente naval– entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Imperio del Brasil. La que se extendió entre 1825 y 1828; y que estallara precisamente, por la posesión de la Banda Oriental, actual territorio de Uruguay, anexada por Brasil.

Habiendo obtenido todas las franquicias del apocado reino español para avanzar sobre sus fronteras del sur, no tardarían en producirse los conflictos entre el cada vez más potente Brasil, con los gobiernos paraguayos en relación con los límites. Ya y especialmente, con el de Carlos Antonio López.

Es que según las relaciones con la ya constituida República Argentina, nuestras relaciones con el Imperio y las de estas con la nación del Plata, mudaban de óptimas a inestables, con riesgo de incendio, según se desarrollaran los eventos.

Así llegamos a la Guerra contra la Triple Alianza en la que fuimos crucificados ante una nueva mudanza de la política exterior del Imperio, determinada en formalizar sus dominios sobre los últimos retazos de territorio que le restaban, para llegar al Paraná.

Tras aquella guerra de exterminio, la sobre vivencia del Paraguay se logró sobre el martirio de la población y la simpatía que causara en el mundo la heroica resistencia del Mariscal, sus jefes y soldados.

Y el Paraguay sobrevivió. Mediante una póliza de vida no firmada y de permanente vigencia. Que debe ser renegociada según nuestras pretensiones y el talante que rige en el vecino gobierno de la República Federativa o Imperio. Todos los días.

* A la memoria del Dr. Benigno Brigi Rojas Vía

Nota del autor: Este incidente ha tenido muchos relatos. Los más difundidos en las últimas décadas son los libros: Un imperio a la deriva (versión original en portugués: Império à deriva) del escritor británico Patrick Wilcken. Y, El imperio eres tú, novela histórica del español Javier Moro; con la que fue galardonado con el Premio Planeta 2011, en la que se relatan minuciosos detalles de aquella apasionante travesía, junto a la tormentosa vida de Pedro I, primer emperador de Brasil.

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