El popular cantautor argentino Jairo asistió al sepelio de Hugo Herrera para darle el último adiós al poeta, actor y director argentino, relacionado íntimamente con el Paraguay. Lo hizo con lo mejor que sabe hacer: cantando una canción al amigo que se va.
Herrera fue un hombre convocado por el teatro para honrarlo con su talento y su vida. Desparramó su pasión escénica por Latinoamérica y Europa, y tuvo por Paraguay un afecto siempre especial. Aquí cosechó grandes amistades y encontró también actores y actrices para proyectarlos al exterior.
Hugo Herrera, actor de vocación, también fue un artista comprometido que conoció las épocas de las dictaduras, los tiempos en que hacer teatro era como una agresión al sistema totalitario, pues siempre montó obras que hacían reflexionar al público sobre la condición humana, por un lado, y la condición política contemporánea, por el otro.
El actor falleció en Córdoba, una provincia argentina a la que regresaba frecuentemente porque allí estaban sus recuerdos más nítidos de su infancia y adolescencia.
Lo recuerdan dos protagonistas de aquellos días del arte comprometido. El poeta Víctor Jacinto Flecha y la actriz y directora Raquel Rojas reviven al artista mediante el ejercicio de la memoria.
Por Víctor Jacinto Flecha | Escritor
Protagonista de una excelente carrera internacional que tuvo su inicio en Paraguay, en la década de los 60, de los múltiples países extranjeros en que desarrolló sus actividades teatrales como su Argentina natal, Francia, Suecia, Italia, España y la mayoría de los países de América Latina. Formado en el Teatro Independiente de los años 60 en Rosario. Ha sido alumno de excelentes maestros en Argentina. Lee Strasberg, Jerzy Grotowsky en América y Europa y ha trabajado a la par de Atahualpa Del Cioppo, Enrique Buenaventura, Héctor de los Ríos, Liber Forti y Carlos Jiménez, célebres directores de América Latina. Dirigió en teatro al famoso Anthony Quinn, el recordado protagonista de Zorba el Griego.
Una trayectoria impecable
Llegó al Paraguay desde la Argentina el setiembre de 1964, justo en el tiempo de una renovación del pensamiento y las prácticas culturales, en que se iniciaba el teatro independiente con el TPV, dirigido por Oscar Wespel, en las artes plásticas con los novísimos y el fortalecimiento del arte moderno, iniciado años antes, en la literatura emergía con fuerza la llamada generación del 60, acompañada por una renovación de la música en un contexto de creciente lucha democrática de jóvenes en el marco de una dictadura militar y en ese entorno Hugo Herrera tuvo una participación extraordinaria para la renovación de las artes escénicas, convirtiéndose en uno de los pilares de la renovación escénica e insertándose en el movimiento democrático independiente. Muchos de los perseguidos por la dictadura tuvieron refugio en su casa, exponiendo su vida.
Se relacionó ampliamente con todo el mundo cultural y con el movimiento intelectual, artístico y estudiantil democrático. Conformó varios conjuntos teatrales, como el grupo Paraguayo-Francés, con subsidio de la Embajada de Francia, o el TUCA (Teatro Universitario de la Ciudad de Asunción) con apertura a un repertorio universal y contemporáneo. Con el TUCA recorrió por tierra, desde Paraguay hasta Manizales, Colombia, pueblo a pueblo, actuación a actuación para poder comer y pagar el pasaje al otro pueblo.
Ha sido director de La Comedia Cordobesa (elenco estable de la provincia) en Córdoba, Argentina, y en La Paz, Bolivia, dirigió el elenco de la Asociación Nacional de Actores y el de la Secretaría Nacional de Cultura. Dirigió teatros universitarios en Paraguay, Bolivia y Perú. Cuando las dictaduras ya no le permitieron vivir en ninguno de nuestros pueblos, se exilió en Francia, donde continuó su lucha por la libertad de nuestros pueblos y siguió ejerciendo su carrera teatral.
En Europa ha dirigido cursos y seminarios en Suecia. En Italia ha sido coach de actores en Cinecitá, Roma. En España ha conducido cursos de verano para actores en Cataluña. En Francia, desde 1979, alterna su actividad entre la pedagogía y la creación teatral y literaria. Crea la troupe Les jeunes de l aube en un proyecto de Estado para la recuperación de jóvenes marginales a través del arte, con la cual realiza varias giras internacionales. Luego crea H2O, su propia compañía profesional, con la cual realiza numerosas creaciones. Continúa su tarea como actor en varias creaciones: La guerre promise (de Miguel Delibes), Platero y yo (de Juna Ramón Jiménez y Castelnuovo Tedesco), María de Buenos Aires (de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer) con la cual realiza giras por Europa y Asia.
Su memorable unipersonal El sonámbulo, con texto de Augusto Roa Bastos, teatralizado por el propio Hugo y presentado bajo los auspicios de la Fundación Roa Bastos en Asunción en el 2010/2011 y en Buenos Aires en 2013, demostró nuevamente su gran calidad profesional, así como lo reconocieron en la prensa de ambos países. Que su aporte no muera, sino que siga sirviendo como modelo de hombre digno. Paz en su tumba.
“En el buen sentido de la palabra, bueno”
Por Raquel Rojas | Actriz y directora
Nos unió con Hugo y Norma una amistad teatral sólida y afectos personales entrañables. Un largo camino artístico siempre cultivado por las idas a París o las vueltas de la pareja a Asunción o Buenos Aires, en los varios exilios culturales recorridos hasta 1989. Como diría Brecht: “Cambiábamos de país como de zapatos a través de las guerras de clases, y nos desesperábamos donde solo había injusticia y nadie se alzaba contra ella”. Hugo Herrera era el gran referente de las mejores causas políticas y culturales del Paraguay en su exilio francés.
Como corolario maravilloso de esa entrega a las causas del Paraguay, mi dirección preparaba la apertura del Bicentenario con el espectáculo multilenguaje Paraguay Coraje, con la Secretaría Nacional de Cultura del gobierno de Lugo y bajo el ministerio de Ticio Escobar. En representación de artistas del exilio, le extendí una invitación a Hugo Herrera para integrar el elenco de cien artistas: actores, actrices, bailarines, animadores callejeros, músicos populares, la Orquesta Sinfónica Nacional, el canto tradicional, los estacioneros y la música rock. Pero no teníamos dinero para pagar sus pasajes. Tal fue el entusiasmo de Hugo y Norma que... ¡se pagaron el pasaje ellos mismos para venir a celebrar con los artistas y el pueblo del Paraguay el Bicentenario!
El actor se integró a los ensayos, en tanto Norma hacía el entrenamiento vocal de la gente. Preparó él mismo su inserción en la obra, bajo sugerencia de la dirección, la que le encomendó el rol de Fulgencio Yegros en campaña hacia Asunción. Hugo escribió para la obra un bello texto a la amada de Yegros, la joven Facunda Speratti, quien junto a Juana de Lara participó ya en Asunción de la movida revolucionaria de mayo de 1811.
Tiene tanto sentido para mí ahora recordar que después de esa histórica función, Hugo me abrazó y dijo: “Mis largos años de teatro, en estrenos en todo el mundo, Asia , Europa o América, ¡y nunca sentí un público tan entusiasmado, participativo y vibrante como el público de esta noche en Paraguay! Fue la renovación del ritual del teatro y del sentido de patria. Gracias, valieron todos los esfuerzos.
Ese era Hugo Herrera, un hombre que siguió siempre las causas más profundas de la vida y del arte.
Gracias por haberte conocido y por haber cultivado tu amistad en tu breve paso por este mundo, querido y talentoso Hugo Herrera.