18 jun. 2026

Exportando mediocridad con sello nacional

La noticia, insertada entre informaciones burocráticas, parecía banal: un descuido administrativo del Ministerio de Salud provocó la desvinculación de médicos extranjeros contratados para hospitales públicos. El error fue ignorar que la nueva Ley de la Función Pública exige la nacionalidad paraguaya para dichos cargos.

Tras el incidente, surgió una cifra alarmante: más de 300 médicos brasileños se encuentran en la misma precariedad laboral, a pesar de haber prestado servicios en áreas rurales durante años. ¿Por qué hay tantos médicos brasileños en nuestros hospitales públicos?

Cotidianamente escuchamos a pacientes del interior que relatan haber sido atendidos por médicos que apenas balbuceaban el español. Era inevitable. De los 45.000 estudiantes de medicina distribuidos en las 45 facultades del país, el 80% proviene de Brasil.

Son 35.000 brasileños que cruzan la frontera, no atraídos por la excelencia académica, sino por la laxitud de nuestros controles. Vienen al Paraguay huyendo de la competitividad del examen de ingreso en su país —el vestibular— y seducidos por una abismal diferencia de costos. Se refugian en un sistema que los acoge con gusto, pero que no garantiza un egreso exitoso.

Celebramos la llegada de miles de estudiantes que dinamizan la economía; se estima que la industria de las facultades de medicina mueve unos 500 millones de dólares anuales.

El crecimiento de estos “títulos al paso” sería un negocio redondo si no fuera por la dudosa formación que ofrecen muchas instituciones.

Siempre hubo quien afirmó que esto no era un problema nuestro, pues esos “médicos” volverían con su diploma a su país. El problema es que allá se estrellan contra el Revalida.

Brasil implementó este examen para asegurar que los profesionales tengan las competencias necesarias para su sistema de salud.

La prueba, de gran rigor, consta de una etapa teórica eliminatoria y una práctica.

En la edición 2025, la tasa de aprobación teórica general fue de apenas el 28%. Las facultades de frontera realizan un marketing agresivo resaltando que Paraguay es el país con más aprobados totales, pero ocultan que ese número bruto es consecuencia directa de la masividad: somos el país que más médicos envía.

En 2024, casi la mitad de los postulantes de 39 países provenían de facultades paraguayas. La verdadera tasa de eficacia de “nuestros” brasileños muestra cifras raquíticas. En las ediciones de 2024 y lo que va de 2025, el porcentaje de aprobación de quienes se formaron en Paraguay oscila entre el 10% y el 14% del total. ¡Solo uno o dos de cada diez postulantes!

Fíjese que los que estudiaron en facultades argentinas superan siempre el 50%

¿Qué destino profesional tienen quienes no logran revalidar? Quedan en un limbo. Muchos terminan en el programa Mais Médicos, bajo tutela, ejerciendo en zonas remotas y con registros precarios. Otros, desesperados, caen en la clandestinidad de clínicas estéticas o se vuelven “auxiliares” perpetuos.

El ejercicio ilegal conlleva sanciones penales tanto para el individuo como para la institución. Mientras, el sueño del registro médico profesional se posterga año tras año.

Es lógico, entonces, que vuelvan la mirada al país que los acogió e intenten insertarse en nuestros hospitales, atendiendo a pacientes que no comprenden su “portuñol”. ¿Se entiende ahora por qué este es un problema nuestro y no solo del Brasil?

Mientras el negocio sea más rentable que la excelencia, seguiremos siendo la informal “fábrica de médicos” de la región.

Una estafa educativa donde Paraguay pone el territorio y la desidia, Brasil los estudiantes y las remesas, pero nadie pone la calidad.

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