11 ago 2026

Debemos renacer

Si nosotros los paraguayos debemos renacer. Hemos vivido en un mundo alejado de la modernidad, desconectados de los avances sociales y tecnológicos, en un atraso cultural por nuestro aislamiento, en una isla rodeada de tierra (Roa Bastos). Tiene sus raíces en la catástrofe demográfica de la Guerra contra la Triple Alianza, que además de la muerte de gran parte de la población paraguaya, implicó una catástrofe cultural, pues al morir el soldado también moría el agricultor, el panadero, el albañil, el poeta, el músico, el maestro. Con el último soldado paraguayo también murió el saber hacer, la ciencia y el conocimiento que hacen a una sociedad. Paraguay quedó devastado demográfica y culturalmente. Y fue la mujer paraguaya quien tuvo que salvar la población y la cultura paraguaya; dar hijos a la patria y, también, salvar la cultura. En ese resurgir, transitamos violentas guerras civiles y la terrible Guerra del Chaco. Tragedia tras tragedia que no solo enlutó al país por generaciones, sino que también nos mantuvo en el atraso.

Durante décadas, el paraguayo aprendió la supervivencia, recurriendo a las artes de la picardía para sacar ventajas ante el sufrimiento y la pobreza. Surgió una cultura peculiar muy paraguaya, la del “vivo” que aprovecha la “oportunidad” cuando esta se le presenta, especialmente en forma de trabajos públicos, cargos políticos, contratos, el po karê, el “trato apu’a” y una diversidad de formas de hacer fortuna, alejadas de la legalidad, el decoro o la honestidad. De haber sido una sociedad de honestidad pujante y ejemplar en los tiempos de Francia y los López, pasamos a ser una sociedad rastrera, rapiñera y mendicante. Quienes históricamente mejor se desempeñaron en esta cultura fue la clase política dominante en el Paraguay, sin importar color partidario, pues lo único que importaba era llegar arriba a como de lugar y luego resolver los problemas, propios, de la familia y de los compinches. Para el resto de la sociedad, muchos discursos y promesas de un futuro mejor. Demás está decir que esto funcionó muy bien para beneficio de las élites sociales del país por mucho tiempo.

Ese tiempo se acabó. Lo mató la modernidad, la tecnología y la hiperconectividad de nuestros tiempos. Los latrocinios que enriquecieron a las élites paraguayas funcionaron al amparo de la pobreza, la ignorancia y la falta de comunicaciones en el país, que impedía al ciudadano de a pie acceso a la información, que estaba reservada y pertenecía en forma exclusiva a aquellas élites. Actualmente, hasta el más humilde paraguayo tiene acceso al celular, a redes sociales y, por tanto, acceso a la información. Los latrocinios y otras barbaridades de las élites y los políticos que ejercen como autoridades nacionales ya no pueden ser ocultados ni escondidos. No pasa un día sin que aparezca una denuncia escandalosa por la prensa o las redes sobre conductas delictivas de las autoridades políticas de turno. Y no deja de asombrarnos la cantidad de políticos, ex ministros, ex jueces, ex fiscales, ex secretarios de Estado, ex senadores, ex diputados y una muy larga lista de notorias figuras de la sociedad que no han comprendido el ritmo de este nuevo tiempo y reciben condenas de cárcel. Las autoridades políticas deben comprender que sus actos son observados y se les exigirá rendición de cuentas, por parte de una sociedad que ya no es pasiva y no acepta abusos, robos, mentiras ni excusas.

De la mano de las redes y la conectividad, la impunidad está quedando atrás y toda nuestra sociedad lo exige. Todos debemos renacer para estos nuevos tiempos.

“De una sociedad de honestidad pujante con Francia y los López, pasamos a una rastrera, rapiñera y mendicante”.

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