13 jul 2026

Entorno verde que se torna gris

A pesar del abandono de muchos espacios públicos que brindan color y oxígeno en Asunción, la capital del país sigue ostentando una imagen de ciudad verde por la existencia de inmensa cantidad de árboles, ya caducados en otras grandes urbes.

No obstante, haberse perdido pulmones icónicos –como el Bosque San Vicente– o la tala sin autorización en el barrio Madame Lynch, hay rincones asuncenos que rebozan de naturaleza, pero el deterioro es la constante en casi todos.

Los presupuestos públicos no llegan para el mantenimiento ni para hermosear esos espacios, que deberían ser la prioridad en una ciudad que, con los rigores del verano, anhela una pausa ante el sol incesante y permite aminorar los gases de efecto invernadero.

Generalmente, los sitios a cargo de estamentos oficiales experimentan paulatino abandono, con plazas o parques céntricos o cercanos al microcentro en estado deplorable, y algunos incluso con vallas, por esa mentalidad colectiva de no querer cuidar los ámbitos verdes, y una falta de civilidad donde autoridades y ciudadanía deben aún concienciarse sobre su mantenimiento.

El Parque Caballero es el ejemplo más paradigmático de cómo un espacio público de gran valor histórico y cultural quedó en ruinas en sucesivas administraciones comunales, experimentando en los últimos años un tímido intento de recuperación y transformación, para que las familias vuelvan a ocupar lo que hasta los ochenta era el orgullo de la ciudad.

Lo mismo que el Jardín Botánico y el Zoológico, cuya vida sufrió achaques de toda laya, incluidos asaltos a quienes se animaron a recorrer su interior mediante caminata o trote, ya que es un sitio de grandes arboledas. Pero la desidia una vez más viene ganando la pulseada, porque se aplican meros parches ante la problemática de fondo que experimenta este hito verde de la ciudad.

Ejemplos de buen cuidado, en general, son -no obstante- el Parque Ñu Guasu y el Parque Guasu Metropolitano, ambos colindantes y con gran perímetro para actividades físicas. Está administrado por el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC).

La Municipalidad de Asunción, por su parte, mejoró últimamente las instalaciones del Parque Carlos Antonio López, con mayor iluminación, frente a quejas constantes de vecinos y ciudadanos que utilizan el sitio para su recreación, ya que por la tupida existencia de árboles también se torna oscuro el espacio cuando cae el sol.

Pero hay zonas verdes administradas por fondos que ya no son públicos, y que dependen de presupuestos, como el del Instituto de Previsión Social.

Me refiero al Parque de la Salud, que sí evidencia cuidado, mantenimiento y representa un inigualable ecosistema alejado del ruido mundanal, en que uno puede sumergirse a realizar tareas de esparcimiento, con bastante oxigenación.

Los senderos bien predispuestos, la señalética acorde y unos camineros de ensueño permiten experimentar a quien ingresa al recinto una sensación inmersiva, como si estuviera adentrándose en un bosque del interior del país. Hay paz, silencio y solo el trinar de las aves envuelve el entorno.

Lo que se observa mayormente es una inclinación casi natural a que los espacios públicos se vean deprimentes, deteriorados y abandonados, demostrando poca conciencia general desde las autoridades y mismo la ciudadanía, en el esmero de cuidar lo que beneficia a la población. Cada inauguración o intento de mejora que se realiza, deriva luego en ultraje, rotura, robo o descomposición rápida, por la inentendible actitud de inadaptados.

No se alcanza a dimensionar que el espacio público es una gran victoria y un beneficio para la convivencia ciudadana.

Ciertamente, el capital privado orienta parte de sus inversiones de responsabilidad social al mantenimiento de plazas y parques, y para concienciar sobre el medioambiente; con lo que compensa el abordaje miope del estamento oficial para preservar los sitios de valor, que amainan el cambio climático y son tan necesarios.

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