Sentada en la pequeña rotonda de entrada a la ciudad de Caraguatay en la fría mañana, una vendedora de dulces caseros de 50 años, cuenta con una sonrisa sobre cómo la ciudad es beneficiada por la presencia de sus compueblanos en los EEUU.
“Yo no tengo parientes allá, pero igual nos beneficia a todos. Yo puedo vender mis dulces. Ellos piden que sus parientes les envíen, pero esos lindos hay que hacer. Idelicado hina hikuái”, cuenta la mujer antes de abordar un colectivo de los años 90. En la esquina opuesta, un auto deportivo toma la ruta de salida a la ciudad.
Desde hace varias décadas, Caraguatay es la referencia para hablar de los paraguayos que iniciaron y continúan con la migración hacia EEUU.
Los oriundos de esta localidad cordillerana, ubicada a una distancia aproximada de 100 kilómetros de Asunción, han fijado su residencia principalmente en los estados de New York y New Jersey.
“Muchos de los que se fueron ni sabían leer siquiera. Yo tengo a mi primo y mi tío allá. Mi primo cuando viene acá cada cierto tiempo, llora cuando tiene que volver”, cuenta Diana Medina, quien trabaja en la secretaría de la Iglesia de Virgen de las Mercedes.
A diferencia de su primo que viene periódicamente, Diana cuenta que su tío, que lleva 33 años en EEUU, nunca volvió al suelo paraguayo.
“Vos te vas acá y en cada casa hay alguien que tiene su pariente en los EEUU”, revela Eliodoro Jiménez, quien también tiene a varios parientes suyos en el país del norte.
“Me llegaron a decir para que me vaya también. Antes me interesaba ir. Ahora ya no sé tanto si me iría. Pero sí hubo familias enteras que se fueron allá”, dice Eliodoro.
En ruta. Tomando la ruta PY 02 y llegando a Caraguatay, por esta época del año una postal no pasará desapercibida para el visitante: Los arbolitos donde cuelgan jugosas mandarinas anaranjadas.
En cualquier época del año, otra postal quedará en la retina de los turistas: Varias casas suntuosas y otras más modestas con ventanales oscuros y otros rastros de la arquitectura no habitual tierra adentro. También podrá cruzarse con varios vehículos de alta gama y algún que otro cartel en inglés. Estas son señales inequívocas de como la emigración de los caraguatayenses a EEUU ha impactado en la ciudad.
Sueño americano. El fenómeno empezó alrededor de la década del 70 y fue creciendo con el paso de los años. Hay estimaciones que hablan de que el total de emigrados llega a 7.000. Actualmente la ciudad cuenta con 14.000 habitantes.
Muchos llegaron directamente hasta su destino. Otros, en los últimos años, tuvieron que atravesar México y sortear el desierto para cumplir con el sueño americano.
Hubo quienes terminaron su travesía convertida en una pesadilla. Selva María Miranda, quien vive en una histórica casa de la ciudad y tiene sus parientes allá, valora el sacrificio que hacen al ir.
“Tampoco es muy fácil allá porque pasás muchas penurias, muchas necesidades. A veces hay gente en situación de calle”, relató .
En los últimos dos años, el número de personas que viajó al país norteamericano fue de 300 aproximadamente, contó Nery Brítez, ex intendente de Caraguaty.
Esa última oleada dejó su huella en la ciudad. Sobre todo porque la mayoría eran personas jóvenes. “Como 200 jóvenes se fueron. Se sintió, hubo mucho silencio. Parecía que quedó vacía la ciudad”, rememoró Diana.
- 150.000 dólares al mes es el monto aproximado en promedio que los pobladores de la ciudad que trabajan en EEUU remiten como remesas. Incluso suele ser más.
- 200 fue la cantidad de jóvenes de la última oleada al país del Norte. Estimaciones hablan de 7.000 caraguatayenses desde que inició la emigración en los 70.
Construcción, entre los principales rubros que emplean a compatriotas
Muchos de los caraguatayenses que fueron a los Estados Unidos ni siquiera pisaron Asunción alguna vez en su vida. En el país del Norte, entre los principales rubros donde han ejercido su labor han sido el de la construcción. “Al principio se iban más los hombres, pero ahora también las mujeres ya están yendo para trabajar en eso”, contó Eliodoro Jiménez.
La jardinería y el cuidado de niños son otros de los rubros en los cuales es empleada con asiduidad la mano de obra de los connacionales.
Diversas personas destacaron la importancia de las remesas y la ayuda que brindan los caraguatayenses de EEUU a la ciudad.
Clubes de fútbol de la liga local, iniciativas y ayuda para las iglesias, llamados de solidaridad para personas necesitadas, siempre tienen eco en el norte.
A ello también viene a sumarse las inversiones que realizan. No solo la construcción de casas particulares. También destinan el dinero para negocios y rubros como la ganadería, por citar algunos.
Según contó Nery Brítez, ex intendente, en promedio las remesas de los caraguatayenses ingresan alrededor de USD 150.000 al mes. En ocasiones incluso más.
Contracara de los beneficios: Impacto social en las familias
Lejos de lo que ocurre en otras ciudades del país, en Caraguatay aún no se ve el drama de las personas adictas al chespi deambulando en las calles.
Los pobladores destacan también la seguridad existente en el día a día. “Vos podés dejar tu auto, tu moto con la llave puesta y nadie te va llevar”, dicen con orgullo.
Las inversiones generadas por las remesas enviadas por emigrados también dan cierta bonanza económica a la localidad, generando beneficio en la población.
Como una manera de honrar el esfuerzo y el impacto positivo que genera en Caraguatay la ida de sus pobladores al exterior, el 18 de diciembre fue establecido como Día del Migrante Caraguatayense.
Durante mucho tiempo, a raíz de una publicación periodística, existía el mito de que los niños que iban a la escuela usaban dólares para comprar el desayuno en el horario del recreo.
Al recordarles ese menudo mito a los habitantes de la localidad, el estupor invadió sus rostros y se tomaron su tiempo para echar por tierra la falsa imagen de la realidad que la publicación generó.
Selva María Miranda enfáticamente dijo que fue una mentira y que incluso les generó un estigma.
“Claro que es mentira eso. Habrá gente que tiene su dólar pero ponele que de 100%, 5%. Después el 95% es día a día. Me dolió tanto eso porque da la imagen de que en Caraguatay no hay necesidad. Y les digo que vengan y vean si realmente es así”.
Tal como ocurrió con la ida masiva a Europa, como toda migración, la realizada a EEUU también deja sus consecuencias en las familias.
Selva sí conoce del impacto que generó la ida de los miembros de una familia a los EEUU. Como catequista ha tenido contacto con jóvenes que tuvieron que lidiar con la ausencia de un padre, una madre, etcétera.
“Hay muchos jóvenes que sus padres ya no están con ellos porque viajaron. Sienten ese dolor, porque por más de que vos estés con tus abuelos, tus tíos, no es lo mismo. Y suelen haber situaciones que son bastante difíciles”.
Cuenta que desde su rol de catequista brinda contención a esos jóvenes. “Siempre les hablo a esos jóvenes, les digo que hay que mirar hacia adelante, que van a tener otra vez la compañía de sus padres”.
La separación de padres e hijos no ha sido la única situación que ha aparecido. También hubo separaciones de parejas y matrimonios que llevaban años juntos.
A Selva le propusieron ir a EEUU, pero para ella resulta mucho estrés todo el trámite para conseguir la visa.
Cuenta también que los hijos estadounidenses de sus familiares suelen venir al país y quedan encantados con todo lo que viven.
“Vienen acá, comen tortillas, mbeju. Dicen que es el mejor país del mundo. Están enamorados de Paraguay”.
A Diana Medina, de la iglesia de la Virgen de las Mercedes, también le hicieron el mismo ofrecimiento. Pero admite que no es fácil.
Otra arista de la emigración tiene que ver con quiénes van y finalmente no logran ingresar. Algunos estuvieron detenidos por la policía fronteriza durante tres meses y luego fueron deportados, volviendo al país con la frustración a cuestas.
Liz Resquín habla con diversas personas cada día en la tienda de ropas a su cargo. Ella también tiene una hermana que viajó al exterior, pero a Europa.
Liz tiene una mirada crítica sobre algunas situaciones que ve. Cuestiona que en muchos casos el dinero enviado del exterior es utilizado para fomentar malas costumbres.
“Los jóvenes están mal acostumbrados, no quieren trabajar. Con 15 años le dan para su auto. Eso le hace mucho daño a ellos”.
Recordó un reciente caso en su ciudad, donde un joven protagonizó un accidente de tránsito con un vehículo de alta gama.
Lanzando una pregunta al futuro, dice también cómo harán muchas personas que han construido una gran casa para mantenerla en el futuro, cuando vuelvan al país para pasar sus últimos años.
Hace un año fue noticia nacional el caso de Carlos Javier López, ciudadano caraguaiense detenido por el ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de EEUU) cuando acudió a una audiencia migratoria en New York.
Muchas familias de la localidad están atentas a las noticias sobre los violentos operativos del Gobierno de Trump contra los migrantes. Y cuentan que allá varios evitan salir por el miedo a ser detenidos.
- “Cuando se fueron esos 200 jóvenes, parece que se quedó vacía la ciudad, había silencio. Ahora otra vez como que se ve el movimiento que tenía”. Diana Medina.
- “Creo que muchos no encuentran a veces una posibilidad acá y se van. Y hay los que en un mes ya están volviendo porque se dan cuenta que tampoco es fácil allá”. Selva María Miranda.
- “Creo que muchos no encuentran a veces una posibilidad acá y se van. Y hay los que en un mes ya están volviendo porque se dan cuenta que tampoco es fácil allá”. Selva María Miranda.