15 jul 2026

Demonios

Estuvimos a punto de ir a una guerra con Francia por las expresiones de una senadora paraguaya contra un jugador francés. Si una guerra en Centroamérica se inicio con un partido de fútbol en 1969, qué puede sorprendernos en un país y una región del realismo mágico y en donde el absurdo es una cuestión tan cotidiana que si Kafka hubiera sido paraguayo quizás sería Dionisio Amarilla. El entrecruce sacó todos los demonios ocultos en ambos lados del Atlántico. Las expresiones desafortunadas de Celeste Amarilla llevaron a que reconociera que su educación por más que haya sido en el copetudo colegio Immaculée Conception no alcanzó para hacerla entender cuáles son los límites del lenguaje en una civilización como la nuestra que ha consagrado las libertades de expresión y de prensa que nunca ni aquí ni allá son absolutas. Wittgenster, un filósofo austriaco, decía “el límite de tu mundo es el límite de tu lenguaje” y sobre eso hemos aprendido mucho esta semana.

Como hablamos es como somos y es claro que el racismo es una cuestión oculta en el teko Paraguay nunca asumido ni explicado. Primero fue el supremo dictador Francia (que coincidencia con el país) envió a todos los hombres del exiliado Artigas, prócer uruguayo a un sitio llamado kamba kuá en el límite entra Fernando de la Mora y San Lorenzo. Ahí les dijo que no podían rejuntarse con los demás y en ese agujero iban a vivir. Después vino la Guerra Grande cuando la soldadesca brasileña mayoritariamente negra ocupó Asunción de 1869 a 1876 cometiendo todo tipo de desmanes, entre ellos la violación de mujeres paraguayas. De ahí viene la significante peyorativa de la condición del negro en nuestro país para muchos. De esto no se habla en las familias ni en las escuelas, pero vive en nuestra manera de ser. Es la materia que reconoció la propia Celeste Amarilla debe aprender después de haber borrado el posteo de sus agravios contra el futbolista Mbappé.

El tema sacó la confrontación en la metrópolis francesa donde el tema de los diferentes viene enfrentado en la política a dos visiones en confrontación por el poder. Hay elecciones el próximo año en Francia y el partido derechista de Le Pen tiene muchas chances de alcanzar el poder. Mbappé es crítico a ellos y defiende la migración siendo hijo de camerunés y argelina. El discurso racista les dio combustible para en apariencia pelearse con nosotros, pero al mismo enviar un poderoso mensaje de condena a las posiciones de la derecha local. Los nuestros no se quedaron atrás aunque con matices más folclóricos. Unos cuantos quemaron unos cuantos Judas kái con la figura de Mbappé y otros más mentaron al conde D’Eu de infausta memoria en la quema del Hospital de sangre de Piribebuy y el genocidio de niños en Acosta Ñu. En el fragor del debate nos olvidamos del paso del genio científico de Aimé Bonpland por nuestras tierras y la senadora convirtió en francés al ginebrino (suiza) Rousseau que apareció en el discurso suyo nuestro como gran amigo de Voltaire cuando, en realidad, tenían una profunda animadversión mutua. Un desconcertado Gobierno sacó un comunicado solidarizándose con Mbappé lo que irritó aún más a muchos que ya pensaron en el juicio político de Peña y la destitución de Ramírez Lezcano de la Cancillería. En el París el alcalde y el presidente de la Asamblea Nacional proferían sus gritos para que fueran escuchados a 14 mil kilómetros y la Fiscalía estudiaba los cargos contra la senadora local. Los legisladores a pesar de la clase magistral de Ignacio Iramain sobre el fútbol, condenaban la acción en una nota previa discusión de casi 5 horas sobre el tema. Dionisio Amarilla quien trató a su colega liberal de “mona” varias veces, pero dijo que eso solo lo había dicho en el fragor de debate nomás. Otros apoyaban, pero que ella tendría que ser sancionada por lo menos por dos meses sin goce de sueldo por sus afirmaciones. Quedaron todos en offside mientras los antiglobalistas recurrían al insulto más soez para justificar en las trincheras nacionalistas a ultranza condenaban a los tibios del Gobierno con quienes habían coreado Dios, patria y familia para alcanzar el poder. Todos como en Babel gritando para que nadie se escuche. Los demonios de la intransigencia han vuelto a salir a flote. Ahí donde dicen que con mayoría pueden hacer lo que quieran, que a empellones e ilegalmente sacar al que piensa diferente y expulsar la racionalidad del debate democrático nos demuestran los estragos de una educación paupérrima recibida durante la dictadura de Stroessner que se prolonga hasta nuestros días. No podemos diferenciar lo que es racional y correcto del grito destemplado de un hincha en un estadio de fútbol para evitar el pago al sicológo o al siquiatra de ocasión. El fútbol sacó muchos de nuestros demonios internos que viven entre nosotros sin darnos cuenta. Los odios soterrados. Los resentimientos históricos y los claros límites del mundo que vivimos, Paraguay no tiene la culpa de la pobre educación que le dieron sus políticos que hicieron de un partido de fútbol un espectáculo de su decadencia y de su intransigencia.

Más contenido de esta sección