La deuda pública de Paraguay alcanzó los USD 20.408,6 millones al cierre del 2025, lo que representa un incremento de USD 2.325,4 millones frente al 2024, cuando el compromiso financiero se situó en USD 18.083,2 millones.
En términos porcentuales, el crecimiento del pasivo en la administración central equivale a un 12,9% respecto al ejercicio anterior. Por su parte, el endeudamiento total del país constituye el 41,2% del producto interno bruto (PIB).
La relación PIB/deuda pública sirve como un termómetro para poder medir qué tan endeudado está un país en comparación con el tamaño de su economía.
Por eso, este acelerado ascenso en los últimos 15 años –pasando del 10% a casi el 42%– es un hecho que debe generar preocupación, según el economista Luis Rojas.
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Durante una entrevista con Última Hora, Rojas analizó el impacto de estas obligaciones estatales para la ciudadanía, enfocándose en las implicaciones de la baja presión tributaria que limita la solvencia de la nación.
“Es un volumen de deuda muy elevado para nuestra capacidad de cumplimiento como Estado, debido a que Paraguay posee una carga impositiva reducida; es decir, recauda pocos impuestos”, subrayó.
Históricamente, este rincón del globo sostiene una estructura fiscal regresiva y una baja presión tributaria, que representó solo el 11,5% del PIB en 2024, en comparación con naciones vecinas como Argentina y Brasil.
Un débito se cancela con recursos propios, pero una recaudación tributaria deficiente constituye una debilidad, ya que implica que cada año deba destinarse un monto mayor del Presupuesto General de la Nación al servicio de la deuda (capital e intereses).
A su vez, esta situación obliga a recurrir a constantes emisiones de bonos o préstamos para sostener el funcionamiento del Estado.
“El año pasado nomás tuvimos un servicio de la deuda, o sea, un pago de la deuda de los USD 1.000 millones y eso cada año es mayor, cada año crece. Compromete recursos del Presupuesto General de la Nación (o PGN), cada vez una mayor cantidad de recursos va al pago de deuda y eso resta recursos para educación, salud, etc”, enfatizó.
Desde el Ministerio de Economía, con base en el reporte de la deuda pública del mes de diciembre, se sostiene que Paraguay mantiene una posición privilegiada. El crecimiento de la relación deuda/PIB responde, según la institución, al impulso de la inversión pública que se financia mayormente con recursos provenientes del crédito público (FF20).
El documento califica que el nivel de la deuda es una “fortaleza” de las finanzas públicas, al situarse por debajo de la media de los países con una calificación Baja (grado de inversión según Moody’s), que es del 56% en promedio.
En ese sentido, el MEF estima que el umbral de deuda pública para Paraguay podría ubicarse entre el 50% y el 60% del PIB.
No obstante, “aunque el Gobierno diga que el porcentaje de endeudamiento es bajo comparativa con otros países, es alto para nuestra capacidad de pago como país por los bajos ingresos que tiene el Estado paraguayo”, insistió Rojas.
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El experto cuestionó el discurso oficial al no decir nada sobre la capacidad de pago que es muy diferente a la que tiene Argentina o Brasil porque, al tener mayores ingresos, el pago es “más sencillo” y se evita comprometer otros sectores, principalmente sociales.
Nuestra gran debilidad son los bajos ingresos del Estado. Justamente por esos bajos ingresos es que el Estado viene endeudándose aceleradamente.
A su vez, desde la visión de Rodrigo Ibarrola, economista al que también consultamos sobre el impacto de la deuda pública, señaló que el nivel de la deuda con relación al PIB “es relativamente bajo”; por tanto, “no estamos en un límite peligroso”.
Sin embargo, coincidió con Rojas al resaltar que la reducida presión tributaria en Paraguay representa una debilidad en la estructura.
Al respecto, compartió una comparativa regional que sitúa al país como el tercero con menor carga impositiva en América Latina y el Caribe (11,4%), solo por detrás de Panamá (7%) y Guyana (10,6%).
Igualmente,"acá lo importante es que el pago de intereses de la deuda no crezca en una mayor proporción que el producto interno bruto”, remarcó.
La composición de la deuda muestra una mayor concentración en el mercado exterior: USD 17.346,1 millones, lo que representa el 85,0% de la deuda pública total (USD 20.408,6) y el 35,1% del PIB. Por otro lado, los compromisos internos alcanzaron USD 3.062,4 millones, lo que representa el 15,0% de la deuda pública total y un 6,2 % del PIB.
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“Pagar USD 1.000 millones es una cantidad de recursos bastante considerable, a la vista de la cantidad de necesidades que tenemos. Por un lado, no es mucha la deuda; por otro lado, claro que recaudamos poco; nos quita dinero que deberíamos estar gastando en otras cuestiones”.
El 80,6% de la deuda pública está denominada en dólares estadounidenses. “Esto se debe a que, desde 2013, se han realizado préstamos con organismos multilaterales y bilaterales, además de emisiones soberanas en los mercados internacionales en dicha moneda”, señala el informe de Economía.
Sobre el punto, un informe de Global Americans, en conjunto con el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), advierte que uno de los principales riesgos “está relacionado con el alto componente en moneda extranjera del perfil de deuda y la exposición a la volatilidad cambiaria, debido a la fuerte dependencia del país de la agricultura y la energía hidroeléctrica para obtener ingresos en divisas”.
¿Cómo impacta en la vida?
Pagar intereses implica menos recursos y menos recursos llevan a un endeudamiento permanente del país, de acuerdo con Luis Rojas.
“Y esto va creciendo como una bola de nieve y va significando pagos mayores por parte del Estado”, advirtió.
Un crecimiento de intereses implica absorber más dinero del PGN que, a su vez, se traduce en recortes para sectores como salud, infraestructura, seguridad, educación, universidades, temas de reforma agraria; todo eso tiene muy bajo presupuesto, “que tiene enormes déficits de presupuesto”, señaló Rojas.
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“Nosotros hace 15 años más o menos destinábamos el 10% de la recaudación del Estado al pago de deuda. Hoy día, por lo que aumentó la deuda, ya estamos llegando al 30% de todo lo que se recauda en impuestos al pago de deuda. O sea, pasamos de cerca del 10% al 30% ya de lo que recaudamos para destinarlo al pago de deuda. Eso va a seguir pasando y probablemente se vaya agravando”, observó.
Recientemente, el Gobierno celebró la primera emisión de bonos en guaraníes por valor de USD 1.000 millones a un plazo de 12 años y una tasa de 8,5%.
Pero, en paralelo, “nuestros hospitales están bastante desabastecidos, la infraestructura escolar está bastante precarizada, el sistema eléctrico de la ANDE tiene serios problemas y tiene que ver con la falta de inversión por falta de recursos. Entonces, hay que redireccionar eso y dejar de endeudarse y aumentar los ingresos a través de una reforma tributaria”, cuestionó.
Si pagas más intereses, va a restar dinero al presupuesto de la administración y va a tener menos para gastar en servicios. Entonces, por ahí viene el canal más directo de la deuda y en qué afecta la deuda pública.
De esa forma es que una deuda pública puede afectarnos, sobre todo si ese crecimiento del país y las deudas públicas no acompañan un desarrollo económico y social de los ciudadanos.
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Por su parte, el economista Rodrigo Ibarrola hizo hincapié en que, en el caso de los bonos, los intereses se pagan cada seis meses, mientras que el capital se cancela recién al vencimiento del plazo.
“Se refinancia al vencer el plazo y se patea hacia adelante frecuentemente”, manifestó.
¿Entonces, es motivo de celebración?
Si bien emitir bonos en guaraníes es, de alguna manera, positivo porque se elimina un riesgo cambiario, “es como festejar que nos estamos endeudando; es un poco la acción del Gobierno. Creo que el foco de lo importante se perdió. Uno debería festejar otras cosas. Festejar cuando hay menos pobreza, cuando hay más trabajo, más oportunidades, más inversiones en estas áreas sensibles, como la salud, la educación. Pero acá se festeja que el Estado se endeuda”, criticó Rojas.
Luis Rojas se mostró en desacuerdo con estos festejos “porque se está perdiendo de vista esos problemas reales de la gente. El costo de vida, el acceso a la carne, a los alimentos, la crisis de la agricultura familiar que está desatendida”.
Para Ibarrola, el Gobierno celebra indicadores macroeconómicos que no “son precisamente muy perceptibles para las personas y además el mecanismo por el cual les llegan es muy indirecto”, consideró.
Ambos economistas citaron, por ejemplo, que estos parámetros no se sienten porque hay una gran deuda social. A esto se le suma que el crecimiento económico se concentra en pequeños grupos y el valor adquisitivo de la población asalariada prácticamente se mantuvo igual en los últimos 10 años, las condiciones laborales y la informalidad.
“Realmente estamos en una situación complicada para la gente. Mayoritariamente y no podemos estar festejando en ese contexto. Hay que ocuparse realmente de impulsar los cambios que mejoren el día a día de la gente. Si no, no tiene mucho sentido estar festejando números y números”, concluyó.