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El viraje en postura de la UE ante la pandemia y el retorno a la idea de comunidad

La propuesta del fondo de reconstrucción presentado por Francia y Alemania constituye un giro en la respuesta del bloque a los efectos económicos del Covid-19. Una realidad muy distinta a la del Mercosur, por el descalabro de Brasil y las complejidades para la integración.

@marthegarza

Berlín –Alemania

La Unión Europea (UE) parece estar retomando el espíritu de comunidad al interior de sus países miembros, luego de que la pandemia de Covid-19 obligara a acciones de distanciamiento no solo entre las personas, sino también entre las naciones. Del cierre de fronteras y decisiones sobre el confinamiento que se implementaría en cada territorio, se pasa ahora al análisis de un fondo europeo de reconstrucción de las economías más afectadas por la crisis sanitaria.

Se trata de la propuesta que presentaron esta semana el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y la canciller de Alemania, Angela Merkel, que consiste en la disponibilidad de recursos por valor de 500.000 millones de euros, que se sumarían a los 500.000 millones de euros ya aprobados por los ministros de Finanzas de la UE.

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La idea de comunidad retornó a la Unión Europea, con la decisión de proponer un fondo de recuperación económica desde Francia y Alemania.
La idea de comunidad retornó a la Unión Europea, con la decisión de proponer un fondo de recuperación económica desde Francia y Alemania.

La mandataria alemana llamó a “actuar de manera europea”, en su discurso de presentación de la propuesta, y advirtió que las condiciones impuestas por la situación de emergencia “ponen en peligro la unidad” de la UE, según recoge la cadena nacional Deustche Welle.

Para el historiador español Eduardo Tamayo Belda, esta iniciativa política proveniente del eje franco-alemán demuestra que medidas como el cierre de fronteras fueron coyunturales y el revés en estas posturas deja en claro que el camino debe ser el de una integración más social.

Sin embargo, reconoce que el hecho de que dos mandatarios en particular debieran “tomar la batuta” para promover este cambio de posturas al interior del bloque revela que “en la Unión Europea aún no decide Europa”.

“El conjunto del grupo ha sido incapaz de convencer y persuadir a las voces discordantes dentro de la Unión Europea para generar los mecanismos de colaboración, económica, financiera y política, que deberían haber sido sin precedentes, por la exigencia de la situación, y que deberían haberse concretado hace ya al menos un mes”, asevera.

Considera que este proceder de la UE muestra que es lenta para responder con solvencia y solidez a situaciones de carácter exógeno o catastrófico, aquellas que provienen o afectan también al exterior de Europa.

Respecto al acierto de la conformación del fondo de reactivación, menciona además que incluso los países que se vieron menos golpeados por el número de casos del nuevo coronavirus, como Portugal y Grecia, sufren el impacto desde otros frentes como la merma del turismo internacional y europeo, que generan también la necesidad de recibir apoyo para no caer en recesión.

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“La respuesta de Alemania y Francia a la crisis del Covid-19 refleja que ambos países, o al menos sus Gobiernos y una parte muy importante de sus sociedades, sienten 'Europa', es decir, sienten como propios los problemas y las dificultades que están atravesando decenas de millones de ciudadanos europeos. La integración afectiva es fundamental para generar el sustrato que nos procurará mejores respuestas en el futuro ante cualquier tipo de coyuntura que pueda suceder”, exclama.

Franco Delle Donne, especialista en política alemana y ultraderecha, doctor en Comunicación por la Freie Universität de Berlín, considera que la Unión Europea (UE) mostraba su fragilidad política al tener a sus miembros tomando decisiones aisladas, descoordinadas y sin visión de comunidad. Recuerda que en una región donde no hay fronteras ni límite de movimiento, la ausencia inicial de una respuesta conjunta se sentía como una postura “rara” por parte de los países.

“Cuando se empieza a transformar en una crisis humanitaria y vemos la cantidad de muertos en España y en Italia, al principio, la Unión Europea está absolutamente quieta y lo que hacen los países es mirar hacia adentro, nadie se ayuda con nadie ¿Dónde está la integración política que durante años se forjó?”, asevera el académico, respecto al mensaje que la UE transmitió en los primeros momentos de la pandemia, especialmente a través de sus omisiones.

Agrega que alrededor de un mes después, cuando se inició la discusión sobre los coronabonos, los países del sur de Europa pedían ayuda para afrontar los efectos económicos de la pandemia, pero el norte no se mostraba proclive a una respuesta favorable debido a que los primeros ya venían con déficits de ahorro desde antes de la situación de emergencia, acusaciones que se trasladaron también a los sistemas impositivos más o menos laxos al interior del bloque.

“Una discusión que se repite a la de hace diez años y claramente esa integración es frágil. La Unión Europea tiene un montón de camino por recorrer, mucho más de lo que creen tener recorrido; el objetivo es bueno, hay que sostenerlo y pelear por eso”, recalca.

Tras el anuncio de la propuesta del fondo de reactivación económica, Delle Donne destacó en su cuenta de Twitter que Francia y Alemania transmitían así “un mensaje político relevante que fortalece la UE luego de muchas semanas de idas y vueltas. Espero que lo puedan comunicar con éxito y que la opinión pública lo interprete positivamente”.

A Merkel, la respuesta de su Gobierno a los embates de la pandemia le valió una notable mejoría en los índices de aceptación por parte de la población, pero también despertó el reclamo de ciertos sectores que desde hace unas semanas se vienen manifestando en distintas ciudades en contra de las medidas de restricción a la actividad social, cada vez más suaves en este país europeo.

¿Cómo estamos por casa?

En el Mercosur, la idea de una mayor integración que surja desde la respuesta a los riesgos que se comparten ante la expansión del Covid-19 se torna más lejana, principalmente por el problema que significa hoy en día la situación de Brasil. Tamayo Belda responsabiliza a Jair Bolsonaro de la explosión sanitaria que llevó a Brasil a ser el epicentro actual de la pandemia, y de llevar una actitud que comparte con los demás referentes de los “populismos de derecha”: Donald Trump y Boris Johnson.

“Los tres máximos mandatarios enarbolaron la bandera racial y nacionalista del 'aguante' contra viento y marea ante la extensión del coronavirus, y hoy son los tres países con más fallecimientos de sus respectivos continentes”, critica el historiador.

Recalca que si la respuesta “rápida y decidida” a la crisis económica derivada del Covid-19 está siendo un desafío para una confederación de Estados como la Unión Europea -que lleva décadas de esfuerzos políticos, económicos y sociales conjuntos-, la complejidad es aún mayor en los casos del Mercosur y otros organismos latinoamericanos. Sin embargo, considera que aun así se debe exigir la coordinación de acciones.

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Los restaurantes pueden abrir desde la semana pasada, en Berlin, pero con estrictas medidas de higiene.
Los restaurantes pueden abrir desde la semana pasada, en Berlin, pero con estrictas medidas de higiene.

“Brasil es un problema más que una solución, pero dependerá del resto también encontrar la manera de gestionar el consenso a pesar de la enajenación de uno de sus principales actores. Es claro que la expansión del coronavirus en Brasil es sumamente peligrosa para los países del entorno, y particularmente para el Paraguay, que tiene fronteras muy permeables con Brasil y masivamente transitadas en contextos de normalidad”, sostiene.

“Paraguay tiene además el hándicap de ser un país terriblemente desigual socioeconómicamente, y el efecto sanitario de la crisis de la Covid-19 no está siendo nada en el país en comparación con lo que puede suponerle al país una reducción drástica de las economías a nivel global”, concluye.

Estadísticas

La pandemia de Covid-19 ya afectó a un total de 5.014.943 personas alrededor del mundo, y se cobró 328.368 vidas, hasta el 21 de mayo de 2020. La mayor cantidad de casos y decesos se concentran en Estados Unidos de Norteamérica, cuyos números están en 1.551.853 y 93.439, respectivamente.

El siguiente país con mayor número de casos es Rusia, con 317.554 personas infectadas, pero con una menor incidencia de fallecimientos, que suman 3.099, según los datos del instituto Johns Hopkins. Brasil, por su parte, reporta 291.579 positivos y 18.859 muertes; y el Reino Unido está con 249.619 casos y 35.786 fallecidos. En España, Italia y Francia, el número de casos ronda entre los 180.000 y 230.000, pero con índices de letalidad de la enfermedad que se encuentran en 12%, 14% y 15%.

Alemania descendió al octavo puesto entre los países con mayor cantidad de casos -tras haber estado en cuarto lugar semanas atrás-, al reunir 178.545 positivos y contabilizar 8.172 personas que perdieron la vida por causas relacionadas con el nuevo coronavirus, el 4,5% del total.

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La “nueva normalidad”. Las restricciones se van suavizando progresivamente en Alemania y se prevé la apertura de fronteras para el 15 de junio próximo. En las últimas semanas, se reanudaron las clases en escuelas y colegios, y se reactivó la actividad comercial y gastronómica, pero con estrictas medidas de higiene y el mantenimiento de la norma de distancia social de al menos 1,5 metros. Es obligatorio el uso de mascarillas o tapabocas en lugares cerrados y se mantiene una capacidad de hasta 1 millón de tests semanales.

Este país no llegó al confinamiento total, ni siquiera en los momentos de mayor velocidad en la propagación del virus, pues mantuvo la posibilidad de que los ciudadanos salieran a los parques para realizar ejercicios físicos y esparcimiento. Los bares y discotecas permanecen cerrados, y los eventos de concentración masiva de personas siguen suspendidos hasta fines de agosto.

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