En el corazón de Asunción, entre rieles antiguos, locomotoras detenidas en el tiempo y el eco de una época donde el tren era sinónimo de progreso, descansa una de las piezas patrimoniales más emblemáticas del Paraguay: el histórico vagón presidencial del ferrocarril. Más que un coche ferroviario, se trata de un símbolo del poder político, del desarrollo nacional y de la conexión del país con el mundo a principios del siglo XX.
El encargado del Museo del Ferrocarril desde hace 40 años (Desde 1986), Guillermo Soria, guarda con precisión y emoción cada detalle de esta reliquia que todavía conserva su estructura original y buena parte del lujo con el que fue concebida hace más de un siglo.
“El coche 91 es el vagón presidencial. Llegó en Asunción en 1911 y hoy tiene más de 115 años. Aun así, está en un estado buenísimo”, relató Soria, mientras describe una pieza que todavía mantiene intacta la majestuosidad de otra era.
Un tren para presidentes y viajeros ilustres
La historia del vagón presidencial se remonta a 1907, cuando el Paraguay cedió la administración del ferrocarril a capitales ingleses durante el gobierno del general Benigno Ferreira. Aquella transición marcó un punto clave en la modernización ferroviaria del país.
La empresa británica comenzó entonces una profunda transformación técnica para conectar al Paraguay con la red ferroviaria regional y facilitar la salida al Río de la Plata. El cambio más importante fue la modificación del ancho de vía: de 1,67 metros pasó a 1,43 metros, permitiendo así una integración con la línea General Urquiza de Argentina, también administrada por capitales ingleses.
Con esa renovación llegaron nuevas locomotoras y vagones. Entre ellos apareció el legendario coche 91, destinado exclusivamente al traslado de presidentes de la República, autoridades y visitantes distinguidos.
“Cuando salía el coche 91 era un tren especial. Ahí viajaba el presidente de la República porque en esa época prácticamente no existían rutas”, explicó Soria.
En aquellos años, el ferrocarril era mucho más que un medio de transporte: era la principal arteria de comunicación nacional. El presidente podía viajar desde Asunción hasta Buenos Aires utilizando esta sofisticada formación ferroviaria.
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Lujo sobre rieles
El interior del vagón presidencial refleja el refinamiento de comienzos del siglo XX. Según Soria, originalmente contaba con asientos de mimbre y elegantes sillas con terminaciones de perilla, algunas de las cuales todavía se conservan en el museo.
El coche incluía una sala de reuniones, una sala de estar, dos dormitorios independientes con literas, cocina y sanitario. Allí trabajaban mozos y personal de servicio durante los viajes oficiales.
“Todo lo que es el vagón presidencial es un lujo. Es una joya que todavía tenemos, incluso sin restauración”, sostuvo.
La majestuosidad de este vagón no solo residía en su decoración, sino también en el simbolismo político que representaba. Durante décadas fue escenario de reuniones reservadas, viajes protocolares y recorridos presidenciales hacia el interior del país.
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Reyes, dirigentes deportivos y visitas históricas
Aunque su uso disminuyó con el avance de las rutas y los automóviles, el vagón presidencial volvió a tener protagonismo en acontecimientos puntuales de la historia reciente paraguaya.
Uno de los episodios más recordados ocurrió en 1992, durante la visita oficial de los reyes de España, Reina Sofía y Juan Carlos I. En aquella ocasión, los monarcas realizaron un recorrido desde Asunción hasta Luque utilizando el histórico vagón presidencial. La primera dama paraguaya de entonces, Nelly Rey de Rodríguez, también formó parte de aquella comitiva diplomática.
Al año siguiente, otra visita internacional volvió a colocar al coche 91 en el centro de atención: la llegada de una integrante de la familia George, invitada oficialmente por el Gobierno paraguayo, quien viajó hasta Ypacaraí.
El último gran servicio protocolar del vagón ocurrió en 1999, durante la inauguración de la Copa América 1999. En aquella ocasión viajó el entonces presidente de la FIFA, João Havelange, rumbo a Ypacaraí para participar de actividades vinculadas al torneo y al traspaso de mando a Sepp Blatter.
Entre locomotoras silenciosas y vagones detenidos en el tiempo, el coche presidencial sigue allí, como testigo inmóvil de los días en que el silbato del tren marcaba el pulso del país y el viaje de un mandatario comenzaba con el lento movimiento de una máquina de hierro rumbo al interior paraguayo.
El museo y el rescate de la memoria ferroviaria
El Museo del Ferrocarril conserva hoy gran parte del legado ferroviario paraguayo rescatado en 1992 de estaciones del interior del país. Actualmente existen 35 estaciones distribuidas en cinco departamentos, además de siete paradas ferroviarias menores.
Soria explica que las estaciones eran puntos oficiales de expedición de pasajes, mientras que las paradas funcionaban únicamente para el ascenso y descenso de pasajeros.
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El museo abre de martes a domingo, de 9:00 a 17:00. La entrada general cuesta G. 10.000, mientras que estudiantes escolares y universitarios acceden a una tarifa preferencial de G. 5.000, presentando documentación que acredite su condición académica.
Más allá de las cifras y los datos técnicos, el Museo del Ferrocarril conserva algo mucho más valioso: la memoria de un Paraguay que avanzó sobre rieles.