La anécdota que mejor resume el espíritu de estas elecciones es la promesa de un candidato a intendente de Itauguá de liberar por un día los cuatro moteles de su familia si llegara a ganar ampliamente. ¿Broma, exabrupto o estrategia desesperada? No importa. Revela que la política municipal se ha convertido en un territorio donde todo vale, donde la gestión de la cosa pública se vuelve un show y donde el electorado —hastiado, pero también cómplice— asiste a un espectáculo que entretiene, pero no transforma.
La cotización del voto, dicen, se ha elevado a los 250.000 guaraníes, la maquinaria de transporte de electores ha migrado de los antiguos ómnibus a un enjambre de autos de plataforma y el voto asistido se ha profesionalizado: en las últimas elecciones internas coloradas se vieron sillas de ruedas en las puertas de los locales para “asistirlos”. Es el día en el que los llamados “mesarios” cobran protagonismo, sea por su inexplicable ausencia o por su súbito transfuguismo.
Casi tres mil personas se candidatan a concejales. La mayoría de ellos están imbuidos de la voluntad de colaborar con su comunidad, pero no podemos saber cuántos de esos nombres desconocidos son narcos. Si admitimos que nuestra política está inficionada por traficantes, hay que mirar al primer escalón de ingreso a la impunidad territorial: una concejalía. Eso fue algo que lo fuimos viendo en los años anteriores y, seguro, lo descubriremos en los próximos, sobre todo porque el costo de la política se ha vuelto exorbitante.
Los resultados de mañana no decidirán nada todavía, pero diseñarán el ánimo con el que los partidos enfrentarán la larga marcha hasta el 2028.
Será un termómetro de medio término del clima político. Medirá, de modo algo difuso, la capacidad de la política paraguaya para seguir generando ilusión, o su definitiva conversión en un trámite burocrático poco esperanzador.
En ese sentido, elijo tres escenarios como los más influyentes en el humor social. Primero, los resultados de Asunción, el trofeo simbólico más codiciado. Lo obvio: una victoria de Soledad Núñez en Asunción sería un terremoto para el oficialismo y adrenalina pura para una oposición hemodinámicamente inestable.
La candidatura de Soledad no es solo opositora; es, en cierto modo, postpartidista. No tiene el molde de una liberal de toda la vida, ha trabajado en un gobierno colorado y encarna una gestión antes que una identidad partidaria. Esa es su fortaleza y, quizás, su mayor debilidad.
Si gana Camilo Pérez, el outsider al que recurrió Honor Colorado para desentenderse del espantoso prontuario de Nenecho Rodríguez, se demostrará la vigencia de un axioma de la política paraguaya. En este mercado electoral la corrupción gravita poco y la eficacia movilizadora de las seccionales capitalinas sigue siendo descomunal.
En segundo lugar, está Ciudad del Este, donde la figura de Miguel Prieto desfiguró todo lo que conocíamos de ese ancestral feudo del coloradismo. Si su victoria es tan amplia como él lo predice, se convertirá en un fantasma imposible de espantar. Su estrategia de capitalizar el descontento con el cartismo mientras enfrenta un juicio oral, se potencializará exponencialmente ante la inexistencia de otras figuras fuertes en la oposición. Si lo apresan, crecerá como perseguido político. Desde el lunes, el cartismo empezará a recalcular: ¿qué hacer con él?
Y, por último, habrá inevitablemente un análisis estadístico: la cantidad de ciudades ganadas. De los 263 municipios del país, la ANR tiene en sus manos 163 intendencias, equivalente al 63% El Partido Colorado aspira a ganar en al menos 180 comunas, lo que se convertiría en la victoria más amplia de la era democrática. Un avance opositor en el número de ciudades en poder del PLRA o de sus alianzas sería calamitoso para el optimismo oficialista.
No hay mucho más que esto en juego. El lunes se reabrirán los conflictos postergados. Se definirá la pugna por la dupla colorada, veremos qué dice el pedido de informes del Banco Central y quién se perfila como candidato opositor mejor posicionado. Eso sí, cada pueblo y ciudad de este país descubrirá si el cambio prometido por el ganador es real o de ficción.