La transformación digital es un torbellino que, al mismo tiempo que mejora la manera de trabajar, exige cambios urgentes y profundos en la forma de gestionar el talento para mantenerse al ritmo de una realidad que evoluciona sin parar.
Uno de los cambios más significativos es que hoy, a la hora de incorporar el talento, ambas partes eligen, aunque todavía desde perspectivas diferentes. Mientras muchas empresas continúan ofreciendo condiciones y beneficios basados en prácticas tradicionales, los candidatos evalúan las oportunidades desde una nueva mirada social, donde el trabajo ya no ocupa el lugar central que tenía antes.
Las personas quieren tener una vida plena en la que el trabajo sea una parte importante, pero no la única. Por eso, ofrecer una vacante y pagar un salario competitivo ya no es suficiente para atraer y retener al talento que las organizaciones necesitan.
Se requieren nuevas conversaciones que trasciendan el área de Recursos Humanos e involucren a toda la organización. Lo que durante años llamamos “el futuro del trabajo” ya llegó y está cambiando la relación entre las personas y las empresas.
Observamos que las personas adoptan herramientas de inteligencia artificial por iniciativa propia en el trabajo para tener mejores datos, hacerlo todo más rápido y eficientemente, y trabajar desde cualquier lugar. Todo esto ocurre incluso antes de que las empresas implementen soluciones corporativas de IA, con los desafíos de seguridad que implica.
Al mismo tiempo, vemos cómo van cambiando los hábitos y las expectativas de las nuevas generaciones, así como de muchos profesionales experimentados que redefinieron sus prioridades. El salario competitivo y el prestigio de una marca ya no son suficientes para resultar atractivos.
Hoy las personas observan la cultura organizacional, el comportamiento de los líderes, la coherencia entre el propósito y las acciones de la empresa, las oportunidades de desarrollo y, en definitiva, todos aquellos factores que hacen una experiencia laboral alineada con sus valores y expectativas, y desde esa perspectiva deciden dónde trabajar.
Por eso, muchas veces cuando entrevistas postulantes, tenés la sensación de que el entrevistado sos vos. Los candidatos llegan cada vez más informados, investigan a las organizaciones y a sus líderes, y hacen preguntas para evaluar si realmente quieren trabajar allí.
El desafío para las empresas es comprender que su rol cambió. Ya no basta con ser organizaciones que seleccionan personas; deben convertirse en creadoras de experiencias laborales capaces de atraer, desarrollar y fidelizar talento.
A esto se le conoce como “Propuesta de Valor al Empleado”: Es el conjunto de beneficios tangibles e intangibles que una organización ofrece a quienes trabajan en ella. Y el esfuerzo por comunicar y fortalecer esa propuesta da origen a una “marca empleadora creíble”, capaz de proyectar una imagen auténtica y atractiva para el mercado laboral.
Construir y gestionar esta propuesta es la nueva tarea estratégica del top management porque la competencia por el talento ya no se gana ofreciendo empleo. Se gana construyendo organizaciones en las que las personas quieran crecer, aportar y permanecer.