El dolor, la impotencia y el pedido de justicia marcaron el velorio del suboficial inspector Herminio Ojeda, asesinado durante el ataque armado al Puesto Policial Nº 4 de la colonia Naranjito, Departamento de Canindeyú.
En su comunidad natal de Cerro Hû, en el distrito de Ybyrarobaná, familiares, amigos, vecinos y compañeros expresaron su profundo pesar entre lágrimas.
También lo recordaron como un hombre honesto, solidario y comprometido con su labor y con su comunidad.
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El suboficial deja viuda a una joven esposa y huérfano a un bebé de nueve meses, además de una familia ligada a la Policía Nacional, ya que dos de sus hermanos también son agentes y una hermana se encuentra en formación para vestir el uniforme.
Durante el velorio, el mensaje fue unánime: justicia.
Sus seres queridos exigieron el rápido esclarecimiento del crimen, la captura de los responsables y mayores garantías de seguridad para los policías que prestan servicio en zonas de alto riesgo, con la esperanza de que ninguna otra familia deba atravesar una tragedia similar.
El sepelio será esta tarde a las 16:00.
“Duele mucho lo ocurrido”
En una breve entrevista con NPY, el comisario principal Luis Galván comentó que en este momento hacen la contención a la familia como compañeros e institución. Juan Carlos Ojeda, hermano mayor de la víctima, es su agente.
La muerte por ejecución de Herminio Ojeda representó un fuerte golpe para los uniformados, quienes no encuentran palabras para expresar el dolor que sienten. Aunque Galván reconoció que la violencia con la que actuaron lleva a replantearse varios puntos.
“La verdad es que nos tenemos palabras por lo ocurrido. El hermano que habló con ustedes es el personal que trabaja conmigo. Él está muy afectado, la familia está afectada. Les respetamos a ellos, para emitir cualquier opinión”, expresó.
Explicar los detalles sobre cómo ocurrió el ataque es imposible porque las investigaciones son incipientes. Si bien están sumergidos en el dolor, Galván aseguró que “seguirán más fuertes que nunca”.
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“Con este dolor que estamos sintiendo es difícil emitir cualquier opinión, así que prefiero no opinar en ese sentido. Pero sí puedo indicar que estamos más firmes que nunca para seguir y esclarecer el hecho lo más rápido posible”, señaló ante la consulta sobre qué decirle al grupo criminal.
Como personas juramentadas, deben continuar defendiendo a la ciudadanía, ser leales a la patria y respetar la institución. En paralelo, deben vivir este duelo.
“Lo ocurrido es muy grave, duele mucho. Pero tenemos que seguir. Nosotros también somos humanos, somos padres de familia, tenemos esposas, tenemos papá y mamá que nos esperan todavía”, acotó.
De acuerdo con Galván, el peligro está en todas partes. Sin embargo, “acá en Canindeyú últimamente están ocurriendo hechos”.
“Pero les aseguro que institucionalmente tenemos el respaldo estacional y que oportunamente, lo más rápido posible seguramente, van a pasar las informaciones más concretas para seguir haciendo el procedimiento como corresponde”, subrayó.
En Caaguazú dan el último adiós a suboficial
El velatorio del suboficial Atilio Martínez, otro de los uniformados asesinados, se realiza en la ciudad de Juan Manuel Frutos, Departamento de Caaguazú. Allí, los familiares y amigos se encuentran con el corazón roto por el dolor.
El uniformado deja huérfanos a dos hijos de 14 y 6 años, informó el periodista de Última Hora Roberto Figueredo.
Atilio Martínez es uno de los siete hermanos y hermanas de la familia, de los cuales dos de ellos también son policías.
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La mayor parte de su carrera policial la realizó en el Departamento de Caaguazú y hace cuatro años fue trasladado a Canindeyú.
En los últimos dos años cumplía servicio en la Comisaría de Naranjito, donde perdió la vida en el ataque que el Gobierno atribuye a la nueva generación del autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP).
Su familia lo recuerda como una persona ejemplar, buen hijo, maravilloso hermano y excelente padre y marido. Sus restos descansarán en el cementerio de su ciudad natal 3 de Febrero.