Durante el año 2026, la economía paraguaya verificó una persistente apreciación del guaraní frente al dólar. La cotización de la referida moneda extranjera se redujo hasta situarse en torno a los G. 6.000, nivel que no se observaba desde el año 2018. Esta caída está generando problemas graves en algunos sectores productivos, especialmente los vinculados al mercado externo por la pérdida de competitividad, pero también genera preguntas sobre el bajo impacto en otros ámbitos como en los precios al consumidor de bienes importados.
Según la teoría económica y el sentido común, la apreciación de la moneda local debería funcionar como un ancla inflacionaria. Cuando el guaraní se fortalece, el costo de importar bienes finales e insumos de capital en dólares disminuye. Sin embargo, la caída del dólar instaló la pregunta entre consumidores y empresarios: Si la moneda estadounidense vale menos, ¿por qué los productos importados no bajan de precio al mismo ritmo?
La respuesta radica en los problemas estructurales del mercado paraguayo entre los que se encuentra la capacidad de algunos sectores de fijar precios y la excesiva dependencia externa.
Si bien un guaraní fuerte podría parecer un síntoma de robustez económica, el impacto en el sector productivo es grave. El problema es el descalce de monedas que sufre la industria nacional que exporta. Gran parte de sus costos operativos, como la mano de obra, la energía y la logística, se pagan en guaraníes, mientras que sus ingresos se perciben en dólares.
Un ejemplo es la industria del reciclaje. Determinados materiales reciclados perdieron competitividad teniendo como una consecuencia el pago a los recicladores. El PET, usado en botellas de agua, pasó de aproximadamente G. 4.000 a G. 3.000 por kilo. La chatarra ferrosa cayó de cerca de G. 1.500.000 a G. 1.200.000 por tonelada. Unas 130.000 personas trabajan en este sector.
Por otro lado, si bien la cotización del dólar se redujo, los precios para los consumidores no se redujeron en la misma proporción. Algunos empresarios señalan que existen factores que retrasan o limitan el traslado de esta baja cambiaria a los consumidores paraguayos.
Según ellos, los precios no solo dependen del tipo de cambio, sino de costos logísticos, seguros y transporte. Los precios están condicionados por el aumento de los fletes marítimos provenientes de China y Oriente derivado de conflictos internacionales y por el incremento sostenido en el precio de los combustibles a nivel local, lo que encarece la distribución interna. La cuestión es porque no bajan los precios de combustibles y la respuesta probable es por la concentración de empresas cuyo poder de mercado les permite fijar precios.
El sector empresarial señaló que la economía necesita previsibilidad. La fluctuación abrupta afecta las decisiones de largo plazo. Diversos gremios solicitaron que el Banco Central del Paraguay (BCP) no solo intervenga para frenar las subidas del dólar, sino que también actúe cuando la moneda extranjera se deprecia bruscamente, buscando que las caídas sean más graduales y manejables.
La coyuntura cambiaria de 2026 expone las vulnerabilidades estructurales del modelo económico paraguayo. Una economía abierta y pequeña hace que el país dependa de vaivenes cambiarios sin contar con herramientas robustas de mitigación. Esto expone la extrema vulnerabilidad a factores externos que no puede manejar. Mientras que existan mercados concentrados, problemas de infraestructura logística y competitividad dependiente de factores exógenos como el tipo de cambio, el movimiento del dólar tendrá efectos directos y duraderos.
Paraguay necesita transitar hacia un modelo económico cimentado en más determinantes endógenos, lo cual exige políticas de Estado enfocadas en aumentar la productividad real, agregar valor y diversificar la matriz industrial, invertir decididamente en infraestructura logística y fortalecer el capital humano.