El 21 de setiembre de 1955 el cañonero Paraguay estaba por entrar en reparaciones en el puerto de Buenos Aires en Argentina y, de repente, apareció el presidente derrocado de Argentina Juan Domingo Perón para subir a bordo.
En aquel entonces, el cañonero estaba al mando del teniente de navío César Cortese, quien recibió la orden de incorporar a su tripulación a Tacho -por entonces también teniente de navío – y a otro oficial, sin especificar cuál era su misión.
Tacho era un oficial de Inteligencia de la Marina paraguaya y también agente de la CIA, incorporado casi a último momento a la tripulación como oficial.
Lea más: Furor por el Cañonero Paraguay y el Patrullero Capitán Cabral en Encarnación
Tacho y otro oficial, de menor rango, no tenían una misión específica en el barco, sino que estaban a bordo por otra razón, que ni siquiera el capitán de la cañonera conocía, informó el sitio digital Infobae.
Cortese recién se enteraría, de boca del propio Tacho, el 21 de setiembre, cuando la misión de los dos oficiales de inteligencia ya era inocultable: proteger la vida de Perón y llevarlo a salvo hasta Asunción.
Desde la llegada del cañonero al Puerto de Buenos Aires, Tacho había bajado a tierra en varias oportunidades, para hacer los preparativos con los diplomáticos de la embajada paraguaya en Argentina en el más estricto de los secretos.
También se había reunido dos veces con otro oficial de Inteligencia de la Marina paraguaya, el capitán Justo Amarilla, que vivía en la Argentina con una identidad falsa y la cobertura de un empleo en un banco internacional.
La orden de matar a Perón con un veneno
Pocos días antes había recibido la orden de prestar apoyo a Tacho en una misión cuya naturaleza no le fue revelada. Simplemente tenía que hacer lo que el otro le dijera. Esa era la orden y Justo era un hombre acostumbrado a cumplir.
Cuando supo, por una vía inesperada, de qué se trataba, sintió un escalofrío. No sólo por la misión en sí misma sino porque quién se la reveló no pertenecía a los servicios de inteligencia paraguayos y le pedía que cometiera un asesinato.
El contacto fue un oficial de la marina argentina a quien conocía por cuestiones de enlace. Fue ese hombre quien le dijo que Perón iba a refugiarse en el cañonero Paraguay y que iban a subirlo también a él a bordo. Luego de una pausa, el hombre le ofreció un millón de pesos por matar a Perón.
Nota relacionada: Una multitud recibió en Encarnación al Cañonero Paraguay y al Patrullero Cabral de cara al Rally del Paraguay
El capitán Justo era un hombre que sabía cumplir órdenes de sus superiores, pero también era ambicioso por lo que aceptó la misión.
Tacho había contado que para que lo matara a Perón le dieron un veneno que le aseguraron que no dejaría rastros, pero que como, aún a bordo, no pudo acercarse a Perón, tal vez haya decidido matarlo de un tiro.
La información de que matarían a Perón dentro del barco
Tacho recibió la inesperada visita en el cañonero de un “asesor” de la Embajada de Estados Unidos que le informó que estaban seguros de que iban a tratar de matar Perón a bordo del barco.
Deducir quién podía ser el potencial asesino fue para Tacho una cuestión simple: de toda la tripulación que venía viajando desde Asunción, sólo él y su colaborador –hombre del cual no dudó un instante– sabían que Perón se refugiaría en el cañonero. Descartados todos ellos, sólo le quedó un nombre: el capitán Justo.
Le puede interesar: El emotivo reencuentro de don Ismael con el Cañonero Paraguay 86 años después
Fue así que el capitán Justo contó todo, luego de quedarse con los 10 dedos rotos para que nunca volviera a empuñar una pistola. Pidió que lo dejaran ir, que nunca diría nada, que desaparecería de la faz de la Tierra.
El cañonero Paraguay, ya reparado, remontó el río a Paraguay, con el hombre conocido como el capitán Justo a bordo. Cuando llegó a destino, ya no estaba. Murió de dos balazos.
El ex presidente Perón nunca supo lo cerca que estuvo de la muerte a bordo del cañonero Paraguay.
El cañonero está en Encarnación para ser visitado
Actualmente, el legendario Buque Escuela Cañonero Paraguay C-1 y el histórico Patrullero P-01 Capitán Cabral, arribaron este sábado a Encarnación, Departamento de Itapúa, en el marco del WRC Rally del Paraguay 2026.
Según el informe brindado por los responsables, estas reliquias de la historia paraguaya recibieron durante la tarde del sábado a unas 2.800 personas. Los visitantes tuvieron la oportunidad de subir a cubierta, recorrer las instalaciones y conocer de cerca estos buques cargados de historia.
Los cañoneros Paraguay C1 y Humaitá fueron los buques insignias de la Armada Paraguaya durante la Guerra del Chaco. Por ello, por ley 3774, ambos fueron declarados como Patrimonio Histórico Nacional.
Mientras el primero ya fue sometido a varias modificaciones, tanto en su sistema de navegación, propulsión, motores y hasta en la parte estética, por lo que ya está operando, el segundo se encuentra en espera de ser recuperado por las autoridades.