El Paraguay está viviendo un momento excepcional de oportunidades para desarrollarse e incluir en ese proceso a gran parte de su población.
Después de diez años de crecimiento económico, impulsado por la gran expansión del sector agropecuario, hoy tenemos la posibilidad de sumar a este crecimiento un acelerado proceso de industrialización.
Nosotros vislumbramos hoy tres caminos de industrialización acelerada: el primero, es el de la agroindustria procesando y dándole más valor a nuestra enorme producción agrícola; el segundo, es el de la integración a las cadenas productivas del Brasil; y el tercero, es la conversión de parte de nuestro actual comercio de triangulación, en una formidable industria de ensamblaje.
En estos tres caminos el Paraguay ya está avanzando, solo para citar algunos ejemplos: en el primer camino, tenemos las dos grandes fábricas de procesamiento de la soja que se han instalado en Villeta; en el segundo camino tenemos a Fujikura, una fábrica instalada en Ciudad del Este que provee el cableado a los autos de Volkswagen; y en el tercer camino, vemos el enorme desarrollo en el ensamblaje de las motos.
La buena noticia es que este proceso que ya ha comenzado va a acelerarse raudamente en los próximos años.
La mala noticia es que existen dos amenazas internas muy importantes que pueden frustrar o hacer mucho más lento dicho proceso.
Uno es el problema de la infraestructura, que ya hoy se encuentra colapsada, por la falta de caminos, aeropuertos y dragado de los ríos, por citar algunos ejemplos.
El otro problema, mucho más complejo y difícil de solucionar, es la falta de recursos humanos calificados para acompañar esta industrialización.
Mi amigo Rubén Mujica suele repetir una frase que ilustra claramente la situación: “en los próximos años en el Paraguay va a ser muy fácil encontrar oportunidades de negocios, lo difícil va a ser encontrar la gente necesaria para aprovechar estas oportunidades”.
El proceso de industrialización va a desnudar nuestro déficit en la formación de gente de alto nivel, como ingenieros y analistas de sistemas, y también de gente de nivel medio, como técnicos en mecánica, electricidad o soldadura.
Pero lo más grave es que este proceso de industrialización va a “desnudar” TODOS nuestros errores y negligencias, de varias décadas.
Errores en los programas educativos donde la gente después de muchos años de estudio no tiene ninguna preparación para el trabajo.
Errores en la oferta de las universidades que han dejado de lado la formación técnica y nos han llenado de abogados, administradores o economistas.
Errores en el funcionamiento del Servicio Nacional de Promoción Profesional, que en lugar de formar técnicos se ha llenado de operadores políticos y sus cursos no tienen ninguna relación con la demanda laboral. Errores en los gremios empresariales que han mirado en forma indolente cómo la educación y el entrenamiento de la fuerza laboral eran descuidados por los políticos y por los sindicatos de maestros.
Y por último, errores de las mismas empresas, que salvo contadas excepciones, invierten muy poco en la formación y entrenamiento de su gente.
Los tigres asiáticos han podido crecer como lo han hecho, justamente por su enorme inversión y por la gran calidad de su sistema educativo y de entrenamiento.
Este es un problema que existe hoy en toda América Latina y en el Brasil, al cual lo asemejan a los apagones eléctricos que sufre periódicamente ese país.
Cuando la demanda de energía supera a la oferta se realizan los cortes de luz, se producen los apagones.
Si no se reacciona en forma urgente y coordinada entre el Estado, los gremios empresariales, las universidades y las empresas, este apagón de los recursos humanos puede frustrar esta oportunidad histórica para nuestro desarrollo y para la inclusión social.