29 feb. 2024

Dos mundos irreconciliables, el público y el privado

El tono de crispación que está adquiriendo el tema de los nepobabies en cada bando llama la atención.

Analizando los argumentos a favor y en contra, se ve que vivimos en dos realidades irreconciliables. Lo que para los privados es indignante, incorrecto e injusto y un atentado contra la ética más elemental, para la mayoría de los políticos “siempre se hizo así” y es legal.

¿Cómo se llega en un país a tener dos visiones tan contradictorias?

El experto en comunicación, Paul Watzlawick, explica en su obra: ¿Es real la realidad? Que la realidad objetiva no existe, lo que percibimos como verdades son solo visiones subjetivas de la realidad, ya que le damos significado a lo que percibimos de acuerdo con las ideologías o valores en los que creemos. Y, además, buscamos confirmar permanentemente estas creencias, eternizando la misma manera de ver.

Por eso, cada nuevo hecho que aparece sirve a los “privados” para reconfirmar cuánta razón tienen al sentirse estafados frente a tantos privilegios, y a los “públicos” para reafirmar que tienen derecho a ello por leyes, que ellos mismos escribieron y aprobaron para lograr precisamente estas diferencias.

Esta diferencia de percepción tan irreconciliable se basa en aquello que distingue un bien o servicio público de uno privado, la obligatoriedad, tenemos que consumir y pagar bienes o servicios públicos, aunque no los queramos o no los usemos, los presupuestos están definidos por ley y la cultura es “gastar todo lo asignado”.

En cambio, en el sector privado los clientes eligen voluntariamente un proveedor o marca, y las empresas pueden gastar solo lo estrictamente necesario para ganar o retener un cliente, entregando los mejores productos o servicios al menor costo posible.

Esta importante diferencia desarrolla en ambos sectores culturas, valores, y prioridades muy diferentes. El sector público está orientado a la lealtad política sin importar el resultado, y el privado a la eficiencia que se mide en resultados.

Esto crea desigualdades inaceptables. Por ejemplo, el sector público gana 45% más en promedio que el sector privado porque los salarios y promociones se definen con criterios políticos (un ejemplo: 14 % de aumento generalizado el año anterior en vísperas de elecciones), mientras que la situación económica permitió solo un 5 % en el sector privado.

Para los privados en la lucha por alcanzar las migajas que encontramos como servicios públicos no hay realidad más deseada que la eficiencia y la igualdad de oportunidades en el sector público que merecemos.

Y si bien no tenemos votos ni leyes en nuestras manos, mucha gente denunciando y debatiendo es presión social suficiente para lograr reconciliar estos dos mundos en uno solo, eficiente y justo.

Patricia dos Santos, socia ADEC.

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