25 may. 2024

¿Calor?

La sensación térmica es de 47°C, dice en un tono preocupante una compañera de trabajo.

Otra, se queja del corte del suministro de energía eléctrica y la falta de agua en el barrio General Díaz de Asunción.

–¿Cómo estás?

–Súper, a pesar del calor, dice en tono de resignación otra colega.

Es una de las tantas conversaciones en los pasillos de la redacción que tratan de la ola de calor acuciante.

O cómo escribiría un conocido corresponsal del diario: “Canícula infernal”.

Las personas en cualquier parte te dicen el tradicional comentario: ¡Qué calor! Es que aparte de la situación política, el clima es un tema frecuente de debate y conversaciones.

Más allá de las anécdotas, qué hay detrás de esta acuciante ola de calor que trae consigo temperaturas que son insoportables al aire libre, que inciden en los cortes permanentes de luz en todo el país o el desabastecimiento del suministro de agua potable, que afectan la calidad de vida de miles de personas.

La sequía o la ola de calor –la más inclemente de los últimos años– tiene nombre: Cambio climático.

Y tiene un nombre –que pese al negacionismo– se advierte desde hace años por parte de los científicos, pero no se logra poner en marcha políticas públicas que permitan dar respuestas ante el evento climático como por ejemplo garantizar los servicios básicos de suministro de agua y energía eléctrica.

O aplicar políticas para un buen transporte público, que permitiría reducir levemente el uso del vehículo particular. O, tal vez haya más propuestas, pero solo cito algunas, que pueden aplicarse actualmente.

O mejor es importante exigir a las grandes corporaciones que reduzcan la contaminación en la producción porque ellos son los que más tienen la cuota de impacto en el medioambiente. Un cambio climático que afecta a miles de personas en el mundo, no solo por las altas temperaturas, sino por temporales que causan destrozos y muertes a su paso.

Siguiendo con el hilo de políticas públicas en el país, pero la ANDE (Administración Nacional de Electricidad) que evidentemente no se preparó para la implacable ola de calor aplica cortes programados para dar un “respiro” al sistema eléctrico, afectando diariamente a miles de personas.

En un país, que se viene cada año incrementando la temperatura y pese a los anuncios, pareciera que somos el país de la improvisación, no de la prevención.

En el país, el 90% de la deforestación ocurren en el Chaco, según un informe del Instituto Forestal Nacional (Infona). Esta situación está relacionada con el avance de la agricultura y ganadería con el cambio de uso de suelo –deforestación–. Más de 4 millones de hectáreas de bosques se perdieron en 15 años –según el Reporte Nacional de Cobertura Forestal y Cambios de uso de la tierra del Infona– desde el 2005 al 2020. Las cifras son crudas y los efectos de este proceso se viven ahora con la ola de calor.

Mientras escribo estas líneas, una compañera preguntó: ¿Cómo se llama a la foto con un tono como el del ambiente de ahora? Sepia, le respondí. Sí, color sepia, repitió.

A esta ola de calor que se repite con mucha frecuencia, es importante recordar la acuciante sequía que azota con frecuencia al Chaco. Otras de las problemáticas que solo tienen acciones parche, tanto el Chaco como el país se merecen políticas públicas para combatir el cambio climático.

A veces me preguntó: ¿Qué mundo estamos heredando a los niños y niñas? Tal vez, un mundo que será inhabitable, un mundo insoportable, un mundo contaminado, un mundo sin futuro.

¿Qué acciones emprendemos como ciudadanos para exigir a las autoridades políticas contra el cambio climático? ¿Qué podemos aportar como ciudadanos para reducir la contaminación? ¿Qué podemos hacer? Son preguntas que rondan y necesitan no solo respuestas, sino acciones.

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