28 jul 2026

Diatribas que ruedan tras un balón

Uno de los lemas enarbolados una y otra vez por la FIFA: “El fútbol une al mundo”, mero eslogan que queda en los papeles, al haber transitado el reciente campeonato mundial dentro y fuera de la cancha, sobre todo en instancias decisivas con dimes y diretes, encontronazos y faltas gravísimas, construyendo todo lo contrario al espíritu que alguna vez impulsó la creación de un deporte y su sostenibilidad en el tiempo.

En las últimas décadas cundió más el afán de negocio que la competencia deportiva sana, y con la llegada de la globalización real, también la derivación hacia un verdadero campo de batalla en el que todos creen tener la razón y ansían salir victoriosos a cualquier precio, olvidándose que ganar y perder forman parte del juego.

Los vicios, las irregularidades, los arreglos y favoritismos de los que se vienen comentando con más insistencia desde amplios sectores, conforman un cóctel ideal para la generación de hipótesis hacia uno u otro lado, dependiendo de la simpatía o antipatía hacia alguna selección específica, que solo alimentan el morbo y la desinformación.

Un submundo caótico dentro del caos original en el que transita el planeta.

La lista es casi interminable entre lo que se conoce y hasta lo que se especula (esto último sin mucho sustento y basado en teorías que hasta se interpretan como conspirativas).

El levantamiento de una sanción disciplinaria tras un llamado del poder, el favoritismo hacia la Selección Argentina para que por lo menos llegue a la final, el maltrato desde la organización del evento a la Selección iraní y hacia un árbitro africano, el protagonismo exacerbado que reclamó el presidente Donald Trump, quien no tuvo empacho en seguir bombardeando intereses de sus rivales geopolíticos en plena competencia.

Además de engrosar la lista citada, el elevadísimo costo de las entradas y otras decisiones de la máxima autoridad del fútbol mundial para tergiversar el espíritu original del encuentro ecuménico más importante, derivan últimamente en números astronómicos de ingresos monetarios a esta institución, en detrimento del bolsillo común que hasta empeña su futuro solo por divertirse noventa minutos, viendo cómo atletas de élite con fabulosos salarios despliegan sus conocimientos en la disciplina.

En esta actualidad muy controversial y cuando más seres humanos acceden a una voz, gracias a la democratización de internet y las redes, se plasma lo que en muchos otros ámbitos: No todo lo que se informa es valedero, no todo lo que se propala tiene el sentido de construir. Por eso, el gesto de un jugador como Lamine Yamal (España) ondeando la bandera palestina es tomado desde algunos sectores como afrenta, y desde otros como solidaridad con un pueblo que sufre un genocidio.

Del otro lado, la conducta de Lionel Messi que observa impasible el juego maquiavélico del Gobierno estadounidense, sin distanciarse del mismo, o brindándose para las imágenes que sustentan los intereses israelíes, chocan y alteran las emociones de millones, y retrucan los postulados de una entidad que dice estar alejada de cuestiones políticas y religiosas. El paño con leyenda alusiva a Malvinas expuesta por los mismos jugadores argentinos también despertó grados elevados de emoción, lo mismo que rechazo, dependiendo de dónde esté parado el que opina.

Las sospechas de manejos irregulares a nivel financiero y las operaciones al más alto nivel desplegadas por la FIFA siempre están en el ojo investigativo y en la memoria colectiva que insiste en lamentar de qué manera, al final, se conduce una autoridad que elije premiar con un galardón a la paz al presidente que más ataques bélicos perpetró en los últimos tiempos.

La pregunta es cómo las generaciones de niños y niñas (porque también se debe potenciar el fútbol femenino, irradiado aún de la agenda deportiva central y de la conversación cotidiana) seguirán incorporándose a una disciplina plagada de intervenciones ajenas a lo meramente deportivo, con ingredientes de odio creciente y campañas sucias, que sostienen una realidad interpretada con el signo de que el fútbol actual, en esencia y, lamentablemente, no viene uniendo a este mundo.

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