En la actualidad, las empresas compiten en entornos mucho más complejos, en mercados más volátiles, inciertos y ambiguos.
En el ambiente o el entorno en el que nos movemos, todo cambia muy rápido; la certeza es un factor casi excluyente, lo que hace que los líderes empresariales tengan grandes desafíos de intuición y reacción. Sin embargo, estos caminos no siempre ayudan a capear momentos difíciles.
Estas circunstancias de inestabilidad pueden ser constantes en algunos mercados, pero es más habitual que sean coyunturales, generadas por factores exógenos que no podemos controlar.
Por tanto, en un entorno de estas características, es determinante recordar las reglas básicas de cuidado, de todo lo que hemos logrado como capital corporativo, y son: 1) la capacidad generadora de ingresos, 2) la acumulación de activos o patrimonio y 3) la liquidez o flujo, que nos permite operativizar la empresa y cumplir con los compromisos cotidianos.
Tomar el cuidado y manejo eficiente de estos tres elementos es tener muy presente uno de los principios fundamentales y antiguos para el manejo empresarial. Su observancia contribuirá al logro del equilibrio en nuestras decisiones y actuaciones, siendo de vital importancia en emprendimientos de menor porte como las pymes.
La primera regla es la generación de ingresos o capacidad de generar valor, que mueve la energía productiva y el talento dentro de la organización. El riesgo en este primer elemento consiste en que este elemento domine y absorba la vida del empresario y se convierta en un factor de mucho desgaste.
La segunda, que es la capacidad de generar riqueza o patrimonio (activos tangibles, reales, propiedades), que es lo que permanece o lo que no desaparece ante una crisis coyuntural. Su riesgo es la concentración de riqueza que reste capacidad de maniobra operativa a la empresa.
Y la tercera regla es la liquidez (efectivo, activos líquidos, capital de trabajo y otras disponibilidades), que garantizan la capacidad de respuesta de las empresas. Este elemento es la generadora de la libertad financiera para actuar de forma competitiva y aprovechar las oportunidades del mercado.
¿Qué tan activada y acelerada se encuentra mi capacidad de producir o generar ingresos?
¿Es el momento de generar reservas, adquiriendo y acumulando activos tangibles?
¿Qué tan atrapado estoy con el patrimonio o activos tangibles acumulados, que me convierte en una estructura pesada con poca capacidad de reacción?
¿Es suficiente, razonable y eficiente el nivel de liquidez que manejo?
Entonces, el gran desafío del empresario es actuar con prudencia, definiendo en cuál de estos elementos o reglas poner énfasis, de acuerdo con su realidad interna actual, la de su entorno, y buscar el equilibrio ajustado de estos elementos.
Una adecuada política de cuidado en la empresa es la primera responsabilidad corporativa, para lograr impacto y sostenibilidad.