12 sept 2026

¿Cuántas veces se cayó Hugo Javier?

Puede una caída en el baño producir una fractura de cráneo y una hemorragia cerebral? Por supuesto que sí. Pero en el caso de Hugo Javier las contusiones y los hematomas eran tan diversos que la desconfianza se expandió inevitablemente. ¿Accidente o intento de quema de archivos? Como aún faltan elementos para sostener una verdad definitiva sobre las causas de sus traumatismos, encararé otras caídas —con menos dudas— que jalonaron su vida. Porque no es la única vez que Hugo Javier cae, aunque esta sea la que más duele ver.

La primera de ellas fue —por ignorancia o ambición— entrar a la política sin tener el mínimo oficio para ello.

Hay un viejo aforismo, falsamente atribuido a Platón, que dice: “El primer acto de corrupción de un funcionario es aceptar un cargo para el que no está preparado”. Y Hugo Javier no tenía la mínima preparación.

El cartismo buscaba un outsider popular como candidato a gobernador de Central, un territorio que durante un cuarto de siglo había sido ganado por cinco liberales sucesivos. Primero ofrecieron el cargo a Rubén Rodríguez, quien sería la carnada para pescar votos en la piscina de los amantes de la música tropical. Pero El Pionero renunció tres días después de haber aceptado la postulación, al quedar en evidencia que aquello no era lo suyo. ¡De lo que se salvó! Debe estar hoy agradecido con quienes lo convencieron de declinar la invitación.

Luego Honor Colorado giró su mirada hacia el que se hacía llamar El Número 2, quien ya estaba embarcado en otro proyecto político; era candidato a diputado por el movimiento de Óscar Tuma. Hugo Javier, obnubilado por la oferta, cambió de bando y fue un sonado éxito electoral.

Recuerdo que, fascinado por esa singularidad, me pregunté en una columna cómo alguien tan visiblemente incompetente para el cargo pudo conseguir tantos votos. Como era evidente que su carisma como animador no bastaba para gobernar, le aseguraron que tendría un buen equipo asesor.

Allí comenzó su segunda caída: dejarse envolver por redes corruptas. El cartismo designó a Miguel Ángel Robles, otrora maletinero del puerto, y a Omar Pico, dirigente colorado, como ayudantes del inexperto gobernador. En realidad, el primero se convirtió en el gobernador de facto y el segundo tuvo la prudencia de apartarse a tiempo.

La Justicia dice que el que diseñó el sistema corrupto fue Robles, condenado a diez años. Ese caso fue por un desvío de G. 5.000 millones, aunque hay otro proceso en curso en el que están acusados de la desaparición de G. 18.000 millones. Es un montón increíble de dinero; por eso es tan chocante el contraste. Mientras unos se enriquecieron, Hugo Javier, el rostro alegre de la tele, terminó trabajando en una chipería.

No lo justifico, sobre todo porque recuerdo que el robo ocurrió durante la pandemia. En Central hubo 5.584 muertos por Covid-19. Fue el departamento con mayor número de víctimas. Pero me intriga la posibilidad de que la corrupción no lo haya hecho rico, sino más vulnerable. Cayó en la trampa de creer que el poder se comparte, cuando, en realidad, solo se presta.

Su tercera caída ocurrió cuando constató el desamparo de sus antiguos padrinos.

Honor Colorado le soltó la mano cuando se convirtió en un activo tóxico. Su popularidad se desvaneció, y con ella, el interés de sus mentores políticos. Comprobó que, en realidad, no formaba parte de la logia teete. Si lo fuera, sería protegido, como Óscar Ñoño Núñez, el gobernador chaqueño condenado a once años de prisión por un perjuicio patrimonial de G. 42.000 millones que está tranquilo haciendo política en su casa. O como fueron resguardados hasta el final los senadores Erico Galeano y Hernán Rivas. En cambio, él quedó solo, sin red de contención. La lealtad en la política dura lo que dura el aplauso.

Deseo genuina y humanamente que Hugo Javier se recupere y que esta sea su última caída. Ojalá, al levantarse, nos cuente si fue el suelo o fue la mano de alguien más quien lo derribó.

Porque todos merecemos saber, pero él, sobre todo, merece dejar de caer.

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