En medio de la huelga de médicos surgió desde el Congreso una propuesta para cubrir las demandas de los trabajadores de la salud: crear un pequeño arancel a cada cajetilla de cigarrillo. Todos estos temas involucran a políticas públicas en salud y deberían ser desarrollados por las instituciones de manera seria y constante. La salud del pueblo no admite improvisaciones.
En el Paraguay en las últimas décadas ha habido un lento incremento del impuesto al tabaco. En 1991 la ley imponía una tasa de 12% a los cigarrillos u otra forma de tabaco, lo que en 2019 con la reforma tributaria pasó a un mínimo de 18% y un máximo de 24%.
Actualmente la tasa está en 22%. El último ajuste se produjo en febrero de 2023, poco antes de las elecciones generales, entonces había pasado del 20 al 22%. Y, huelga decir que el Gobierno de Santiago Peña tiene la alternativa, si tuviese voluntad, de aumentar hasta 2% el impuesto selectivo al consumo (ISC) al tabaco.
El impuesto al tabaco en nuestro país es el más bajo de la región; el más alto se paga en Chile, 89%, le sigue Argentina con 80%, Ecuador 74 y Venezuela 73. Y organismos como Cepal y OMS reconocen además que Paraguay está atrasado en este asunto, y que lo que se recauda no llega a equilibrar los efectos sobre la salud pública del consumo del tabaco. Por eso sugieren, entre otras cuestiones, aumentar los precios en la venta final, aumentar las tasas por cajetilla.
Precisamente, esta había sido la propuesta de la senadora Blanca Ovelar, durante la última sesión en la Cámara Alta, crear un pequeño arancel a cada cajetilla de cigarrillo y que será trasladado al consumidor. Explicó que se va a pagar no solamente lo que se produce a nivel local, sino también los elaborados en el exterior. El arancel equivaldría al 2% de un jornal mínimo vigente, lo que representa G. 2.342 por cada cajetilla adquirida.
Según el proyecto, lo recaudado servirá para cubrir varias áreas de la salud. La senadora fundamentó que, según las estadísticas, el tabaquismo causa mucho daño y el Estado no puede costear todas las implicancias de las enfermedades. Los fondos serían destinados al aumento salarial de los médicos y para medicamentos esenciales en los hospitales.
Urge que el Gobierno que en campaña formuló la promesa de que íbamos a estar mejor, comience a cumplirlas. Ya no basta con discursos o promesas de construcción de hospitales, cuando ni siquiera hay recursos para mantener equipados los que ya existen, proveer medicamentos e insumos y tampoco dar a los médicos mejor remuneración.
Resulta inaceptable ver el derroche y los privilegios que se hacen en las instituciones, como el mismo Ejecutivo y Legislativo, viajes, viáticos, bocaditos, salarios millonarios, horarios privilegiados, por ejemplo los legisladores que apenas sesionan una vez a la semana y con demasiada frecuencia se ausentan sin que haya castigo alguno al dejar una sesión sin cuórum. Todo esto sin mencionar los salarios escandalosos en las binacionales.
Esto transcurre mientras los médicos plantean mejores salarios y mejores condiciones de trabajo; ellos están en primera línea y también conocen las consecuencias cotidianas de la falta de medicamentos e insumos en los hospitales.
No se debería improvisar el debate sobre el tema del tabaquismo, ya en anteriores ocasiones hubo intentos por elevar los obstáculos para motivar a reducir al máximo su consumo y los intentos no prosperaron, pese al gran impacto que tiene el consumo del tabaco en la salud pública.
Respecto a este tema, llega una noticia desde la Organización Mundial de la Salud: La población mundial fuma menos. Sin embargo, agrega la OMS, la epidemia del tabaco está lejos de haber terminado, pues si bien el número de consumidores ha disminuido de 1.380 millones en el 2000 a 1.200 millones en 2024, en la actualidad uno de cada cinco adultos está enganchado al tabaco.
Señala el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, mientras millones de personas están abandonando el hábito frente a este avance, la industria tabacalera contraataca con nuevos productos con nicotina, dirigiéndose agresivamente a los jóvenes. Y aquí es innegable el papel que deben cumplir los gobiernos para actuar con firmeza y aplicar políticas de control del tabaco.
En Paraguay todos tenemos derecho a estar mejor, y debe quedar claro que la salud no es una concesión de quienes gobiernan, sino un derecho fundamental de los ciudadanos. Se deben cortar los privilegios e invertir en el bienestar de la gente.