21 abr. 2024

Clave para la esperanza

Al iniciarse los cambios de gobierno es frecuente que se abra un periodo más o menos largo de esperanzas en el imaginario social de los ciudadanos. La clave de la esperanza en el sector de la educación nacional, en estado de ruinas, está en manos de las máximas autoridades de la educación nacional que, según la Constitución Nacional, son el ministro de Educación y Ciencias, Sr. Luis Fernando Ramírez, bajo la autoridad del presidente de la República, Sr. Santiago Peña.

Estos dos ciudadanos han decidido dedicar años de su vida al honorable servicio del pueblo paraguayo. Y no nos abrirán las puertas cerradas de la esperanza con discursos retóricos de promesas estériles, sino con hechos fehacientes y urgentes, que construyan eficazmente la necesaria educación de calidad.

Habrá lugar para la esperanza si las máximas autoridades educativas, desde el primer mes de su gestión, demuestran con hechos que han decidido firmemente erradicar inmediatamente las múltiples violaciones a la Constitución Nacional y las leyes en que están incurriendo el Ministerio de Educación y Ciencias impunemente y el sistema educativo, porque no serán creíbles ni honestos quienes jurarán el 15 de agosto “cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes” y mantienen los delitos y el desorden jurídico en su gobierno. No solo matarán la esperanza, sino que se arriesgarán a ser denunciados por presunto perjurio.

El estado escandaloso e inaceptable de la educación nacional, junto con la creciente inseguridad social son focos activos que están provocando indignación y reacción en la sociedad. Este malestar no deja espacio a la esperanza y potencialmente incuba incluso amenazas a la estabilidad política.

La educación es esencialmente construcción presente proyectada al futuro de hijos y educandos. Nuestra educación nacional no proyecta ni construye la educación “integral” de la persona ni “el pleno desarrollo de la personalidad”, que son la primera y fundamental característica y el primer fin de la educación, exigidos por la Constitución Nacional y la Ley General de Educación.

El MEC, violando lo legislado, cierra herméticamente las puertas a la esperanza. No hay que citar más violaciones, porque es evidente que sin educación y desarrollo de todas las dimensiones que integran a la persona y sin educación y desarrollo pleno de la personalidad, no hay posibilidad de futuro ni esperanzas de calidad de vida.

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