Cuando el cielo está nublado a veces es fácil olvidar que más allá de las oscuras nubes sigue potente el astro rey, a la espera de volver a brillar a la vista de todos. El punto es recuperar la memoria o tener alguien que te lo haga ver en el momento adecuado.
El próximo 25 de marzo se conmemora el Día del Niño por Nacer en Paraguay, según Decreto N° 20846/2003. Una fecha relevante, considerando que hoy el desafío es celebrar la vida en una cultura que promueve la muerte del ser humano en gestación como un derecho de la madre. Una propuesta tenebrosa que se aprovecha quizás de ese tramo oscuro de la vida.
“La industria del aborto se alimenta del miedo y la desesperación. Donde hay esperanza y amor, no hay aborto”, señalaba Shenan J. Boquet, presidente de Vida Humana Internacional, en un escrito publicado el año pasado en el marco de esta fecha. No nacimos para el mal, la muerte ni la destrucción, por ello es vital lograr acompañar a hombres y mujeres a no quedarse atrapados en los días en que la densa nube o la inesperada y tóxica humareda impiden ver alguna luz alentadora, esa que nuestra naturaleza busca siempre y a la que estamos llamados a seguir para avanzar.
Como lo decía el Papa Francisco: “Toda vida humana, única e irrepetible, válida en sí misma, constituye un valor inestimable”, que “debe ser siempre anunciado de nuevo, con la valentía de la palabra y la valentía de las acciones”. Y tenemos que ser claros en afirmar que la defensa de la vida desde la concepción no es una cuestión de ideologías de izquierda o derecha; ser progresista o conservador, sino de realismo, justicia y humanidad, como bien lo recordaba también en estas fechas, Recnapy, la Red Ciudadana por la Niñez y Adolescencia añadiendo que según el decreto citado más arriba el Estado está obligado a impulsar todo acto o decisión que signifique apoyo a la vida por nacer.
Y hablamos de realismo porque se trata del respeto y aceptación de datos objetivos de la ciencia médica, aunque no estemos de acuerdo con ellos. Todos los tratados de embriología y fetología en uso afirman que la vida empieza en el instante en que un espermatozoide penetra en un óvulo, señala la Asociación de Bioética de la Comunidad de Madrid en una publicación de octubre del 2025.
“Desde su propia concepción, la ciencia de la embriología ha reconocido que la unión de un espermatozoide y un óvulo da lugar a un nuevo ser humano que se embarca en una continuidad de desarrollo hasta su muerte natural. El único comienzo lógico de la creación de un nuevo ser humano ocurre cuando dos pares de 23 cromosomas se encuentran para dar comienzo a un organismo que tiene 46”, expone la asociación de profesionales de España; uno de los tantos gremios que de manera frecuente recuerda esta realidad.
Y es de Justicia, puesto que es sabido que el derecho a la vida (a vivir) es inherente a la persona; es un derecho básico para todo ser humano, y en nuestro país está garantizado y protegido por la Constitución. Algo digno de resaltar y valorar a nivel internacional.
Y, finalmente, se trata de un tema de humanidad, puesto que no es “humano” buscar argumentos legales para matar seres humanos en el vientre materno, incluso con base en engaños y medias verdades. Un niño o niña por nacer no es solo una masa de tejidos, un conjunto de células. Y hablamos de un misterio maravilloso. Apenas 22 a 23 días después de la fertilización, el corazón del embrión ya comienza a latir. A las 12 semanas, ya son visibles las uñas y los dedos separados, y hacia el quinto mes, el feto ya mueve sus manos con coordinación. ¡Impresionante!
Toda vida humana es un milagro y un misterio y estamos llamados a acogerlos, desde la concepción y hasta la muerte natural. Aún en medio del dolor o las luchas ese “otro” sigue siendo un don por reconocer, respetar o valorar. Una sociedad será desarrollada y sana en la medida que genere espacios y mecanismos de esperanza y ayuda concreta y sea solidaria con hombres y mujeres ante el desafío de respetar la vida del más pequeño y vulnerable entre los seres humanos.