14 may. 2026

Buitres al acecho

Por Guido Rodríguez Alcalá

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El Paraguay cometió una tontería al aceptar la jurisdicción del tribunal suizo. Me refiero al tribunal suizo que exigió al Paraguay pagar la deuda fabricada por Gustavo Gramont a nombre del Estado paraguayo. Gustavo Gramont no tenía facultades para contraer ninguna deuda a nombre del Estado paraguayo, como informó el Ministerio de Relaciones suizo al banco suizo que urdió la maniobra con Gramont. O sea, el Estado paraguayo no tenía ninguna obligación de pagar nada pero, como dice el refrán tem ração mais fica preso: el tribunal suizo decidió que el Paraguay debía pagar. Fue injusto el juez y fue tonta nuestra Cancillería para aceptar la jurisdicción del juez pro buitre.

Como el Paraguay no pagó, los buitres le reclaman ahora que pague en un tribunal norteamericano. Además de lo inicuo de la reclamación, se plantea de nuevo el problema de la jurisdicción; entiéndase, de la falta de jurisdicción. ¿Por qué un tribunal norteamericano se toma la libertad de meterse con el Estado paraguayo? No sé cómo se dice en términos jurídicos kuã león; es lo que se merece ahora el juez yanqui, como se lo merecía el juez suizo.

No está de más recordar que Estados Unidos y el Paraguay son miembros de las Naciones Unidas, y que la carta de esa entidad establece el principio de la igualdad soberana de todos sus miembros (artículo 2). La igualdad implica la inmunidad de los Estados en los tribunales de otros Estados: un juez paraguayo no puede demandar al Estado norteamericano, ni un juez norteamericano puede demandar al Estado paraguayo. Este es un principio que debemos sostener, porque es justo, y porque se ve amenazado por las pretensiones de los buitres. De más en más, los buitres financieros urden maniobras para sacarles dinero a los Estados; o sea, para sacárselo a los pueblos, a la ciudadanía común, que es la que termina pagando.

Me permito recordar que el 1 de septiembre de 1939 comenzó la Segunda Guerra Mundial. El principal responsable, Adolf Hitler, llegó al poder manipulando el descontento alemán con el Tratado de Versalles, que obligó a Alemania a cargar con el costo de la Primera Guerra Mundial, aunque no fue la única culpable. Los vencedores le exigieron pagar una compensación tan alta, que la economía alemana se fundió, favoreciendo el surgimiento de tarados como Hitler. El avasallamiento de la soberanía alemana y la luz verde a los buitres fueron el caldo de cultivo del nazismo. Como reacción a la tragedia nacieron las Naciones Unidas, que consagraron el principio de la igualdad de todos los Estados. Conviene recordarlo porque, de nuevo, se debilita el poder de los Estados frente a los buitres.

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