13 jun. 2026

Korn revivió los años 90 en una noche explosiva de nu metal por segunda vez en Paraguay

Tras trece años de espera, la marea de headbangers volvió a revivir un concierto icónico de nu metal en una jornada marcada por la euforia de Korn. El imponente show se realizó en la noche de este miércoles en el Jockey Club Paraguayo.

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Korn, en una noche cargada de fuego y furia.

La noche de este miércoles fue una catarsis colectiva, una deuda saldada con el tiempo y una demostración de que el espíritu de los años 90 sigue más vivo que nunca en el corazón de Sudamérica. Tras trece largos años de espera, Korn regresó al suelo guaraní para reclamar su trono dejando a su paso una multitud masiva y eufórica por volver a escuchar en vivo los icónicos temas al ritmo del breakdown.

Desde tempranas horas, el ambiente en los alrededores del Jockey Club paraguayo anticipaba algo histórico. A las 17:30 se abrieron los portones, momento en el cual miles de headbangers habían formado extensas compitiendo por un codiciado lugar en la valla frontal del show.

La previa estuvo cargada de mucha potencia. A las 18:15, el grupo nacional Nhandei Zha rompió el hielo y empezó con su show calentando los motores de un público que ya empezaba a agitarse.

Seguidamente, Seven Hours After Violet, que es una banda de metalcore formada en 2024 por Shavo Odadjian, el bajista de System of a Down tomó el relevo con una propuesta contundente que mantuvo la intensidad en ascenso.

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Jonathan Davis, vocalista de la banda Korn.

Otra banda que estuvo presente y fue recibida con un acalorado aplauso del público fue la presentación de Spiritbox. La banda canadiense, liderada por Courtney LaPlante, ofreció un set técnico y emocional que sirvió como el puente perfecto hacia el plato fuerte de la noche.

Lea más: Korn: Oscuridad y potencia en el Jockey Club

A pocos minutos de las 22:00, la oscuridad se apoderó del escenario. Un silencio tenso y expectante fue roto por la voz rasposa y maníaca de Jonathan Davis. La frase más icónica del nu metal retumbó en cada rincón del predio: ¿Are You Ready? Lo que siguió fue una explosión sensorial.

Las luces se encendieron con los primeros acordes de Blind, desatando un terremoto humano. El suelo guaraní pareció arder en fuego bajo los saltos de miles de personas que, en un solo movimiento, convirtieron el campo en un mar de mosh pits y adrenalina.

Korn no se guardó nada, el show fue un repaso magistral por su discografía destacando himnos que definieron a una generación con temas como Somebody Someone, que con un despliegue de bajos profundos que hicieron vibrar el pecho de los asistentes. También no pudo faltar el hit Freak On A Leash, que fue uno de los momentos cumbre de la noche, donde el famoso scat de Davis fue coreado a todo pulmón por una masa humana que no dejó de saltar.

La producción visual estuvo a la altura de la leyenda de la banda de nu metal, con un diseño de iluminación agresivo y dinámico que subrayaba cada quiebre rítmico de la batería de Ray Luzier.

Pero el momento que elevó la noche a una categoría superior estaba aún por llegar en su momento más destacado; si hay una imagen que define la iconografía de Korn, es la de Jonathan Davis empuñando una gaita. Es el choque entre lo ancestral y lo industrial, entre el folklore escocés y la alienación moderna.

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La multitud vibró en la noche asuncena del miércoles.

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El escenario quedó en penumbras, el lamento de la gaita empezó a escucharse entre los gritos, y la euforia se tornó en un rugido ensordecedor. La gente sabía lo que venía. Con la primera nota de la gaita, Davis anunció el paso a Shoots and Ladders, ese himno retorcido que utiliza rimas infantiles para exponer las sombras de la sociedad.

Fue un viaje directo a los 90 ver a miles de paraguayos corear a todo pulmón mientras el mosh se volvía una danza frenética y fue el testimonio más claro del impacto cultural e influyente de la banda.

La calidad del sonido permitió apreciar cada detalle de las atmósferas oscuras que caracterizan al grupo. Los fanáticos paraguayos, conocidos por su entrega respondieron con una pasión que dejó claro que 13 años fueron demasiados, pero que la espera valió cada segundo, sobre todo para aquellos fanáticos a los cuales Korn marcó su adolescencia.

Al finalizar, entre el humo y las luces que se apagaban lentamente, la sensación era de plenitud. Korn volvió, vio y conquistó reafirmando que su legado es imparable. Lo vivido anoche en Asunción trascendió la categoría de simple concierto para convertirse en una instalación artística de sonido, luz y memoria colectiva. Trece años de silencio fueron sepultados bajo una pared de distorsión cuando Korn, la banda que redefinió la angustia juvenil a finales del siglo pasado, regresó para demostrar que su vigencia no es nostalgia, sino fuerza.

Paraguay no solo asistió a un concierto de rock; fue testigo de cómo una banda emblemática de los 90 puede mantener su fuego intacto, transformando el dolor, la ira, la protesta y rebeldía en una obra de arte viva que sigue latente.

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