14 jun. 2026

Inició bajo la sombra de un mango, hoy se convirtió en escuela modelo

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De abajo. Mediante una gestión honesta e incansable, la institución hoy se destaca.

FOTO: W.F

CIUDAD DEL ESTE

Lo que hoy es una institución educativa consolidada, con más de 500 alumnos, aulas climatizadas y clases de informática, nació hace 22 años bajo la sombra de un árbol de mango, con pizarras colgadas de las ramas y niños escribiendo sobre cartones. La historia de la Escuela Básica N° 7351 “13 de Mayo”, ubicada en el barrio San Antonio de Ciudad del Este, es también la historia de una comunidad que se negó a abandonar a sus niños y convirtió la precariedad en esperanza.

Corría el año 2004 cuando el profesor Amancio Noguera y la profesora Evelyn María Martínez decidieron actuar debido a que unos 80 niños habían quedado sin acceso a la educación tras el cierre de otra institución. Aquellos pequeños llegaban hasta la Capilla Virgen de Fátima buscando una oportunidad, y allí comenzó el sueño de crear una escuela donde ningún estudiante fuera excluido por falta de recursos.

“Comencé con 80 alumnos y hoy día tenemos 587, desde el jardín hasta el noveno grado”, recordó emocionado Noguera durante la celebración del aniversario. “Pero comenzamos bajo la planta del mango. Ni tiza teníamos. Usábamos el famoso carbón. Colgábamos la pizarra del árbol y los alumnitos venían descalzos”, relató.

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SOPORTE. La solidaridad de los medios de comunicación, así como de otras entidades privadas, también fue clave.

Los inicios estuvieron marcados por enormes carencias. Las clases se desarrollaban a la intemperie, utilizando cajas de tomate y pequeñas silletas improvisadas porque no había pupitres ni sillas. “No teníamos absolutamente nada. Trabajábamos a puro pulmón y ad honorem”, recordó.

Por las tardes, los docentes organizaban ventas de chipa, empanadas y ensalada de frutas para recaudar fondos y pagar las resoluciones prestadas que permitían a los niños obtener libretas con validez oficial. “En el año 2005 salimos a hacer un censo y encontramos 150 niños de 10 y 12 años que nunca habían asistido a la escuela”, contó.

Aquella realidad impulsó aún más el compromiso de los educadores, que comenzaron enseñando desde preescolar hasta sexto grado solamente en turno mañana.

GOLPEANDO PUERTAS. La comunidad educativa empezó entonces a golpear puertas buscando apoyo. “Cuando Dios tiene un propósito en todas las cosas, cuando uno se propone, consigue”, afirmó el director. Así fue como la escuela logró obtener el terreno gracias a la donación del abogado Víctor Enríquez, mientras que la comunidad libanesa, encabezada por el cónsul sirio-libanés Mikhail Meskin, ayudó a construir el primer pabellón.

La escuela aparecía en medios de comunicación debido a las precarias condiciones en las que estudiaban los niños. “Decían: ‘Niños de la escuela Mango guy deben enfrentar los rigores del clima’. Y era cierto. No importaba el frío o el calor; si no llovía fuerte, los niños igual venían. Venían descalzos, pero con amor”.

Con el paso de los años, el esfuerzo comenzó a transformar completamente la institución. Actualmente la escuela posee seis nuevas aulas construidas con apoyo de la Gobernación y recursos de Fonacide, además de salas climatizadas y clases de informática. “Hoy mi comunidad es un palacio comparando cómo comenzamos”, comparó con cierto aire de satisfacción.

  • “Tengo docentes que fueron mis alumnos y ahora están enseñando acá. Eso demuestra que el sacrificio no fue en vano”. Amancio Noguera, director de la escuela.
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