08 ene. 2026

Año 2025. Logros macroeconómicos, pero escaso efecto en la población

El año 2025 se presenta para la economía paraguaya como un escenario de contrastes y paradojas. Dos indicadores de éxito son el crecimiento del producto interno bruto (PIB) y la obtención de la segunda calificación de grado de inversión. En el otro extremo se encuentra la persistencia de indicadores económicos y sociales, apoyados por indicadores de percepción que muestran resultados poco alentadores en la población. En el medio de este contraste entre las dimensiones macroeconómicas y microeconómicas, una causa se encuentra en una gestión de la política fiscal cuyo objetivo no es el desarrollo sino solo la estabilidad macroeconómica y el grado de inversión.

A nivel macroeconómico, se espera que el año 2025 cierre con un alto crecimiento económico que se proyecta en alrededor del 6%. Asimismo, se mantiene una relativa estabilidad macroeconómica, lo que confluye en un resultado macroeconómico exitoso.

A eso se suma la obtención del grado de inversión por parte de dos agencias de calificación crediticia como reconocimiento a la capacidad de pago de los compromisos internacionales y a los esfuerzos de estabilidad macroeconómica. El segundo grado de inversión obtenido en 2025 fue ampliamente festejado por algunos sectores y para algunos referentes económicos, el impacto en la población se verá en el corto plazo. Sin embargo, la evidencia empírica señala que en las condiciones actuales de Paraguay con bajos niveles de capital humano, infraestructura y seguridad jurídica esa proyección es poco probable.

La transmisión de los beneficios del crecimiento económico y de la obtención del grado de inversión a la población requiere una política fiscal que se configure como instrumento del desarrollo. La política fiscal paraguaya ha estado históricamente direccionada a la estabilidad macroeconómica y eso se observa claramente cómo en más de 20 años ese ha sido el logro principal, no así en el aumento del capital humano, en la calidad de los servicios públicos o en una mayor infraestructura.

Paraguay tiene el reconocimiento a nivel regional como un país estable pero en los indicadores relacionados con infraestructura o calidad de vida se ubica entre los perores países de la región.

La política fiscal mostró importantes problemas como instrumento para el desarrollo: Deudas pendientes con proveedores, el financiamiento insuficiente de políticas imprescindibles para el bienestar, el creciente aumento del peso de la deuda pública en el presupuesto, la ausencia de reformas estructurales para aumentar la calidad del gasto público, incluyendo el de la Caja fiscal y la inequidad en las recaudaciones tributarias son muestras de que esta política requiere cambios estructurales.

El desempeño de alto crecimiento en 2025 no es un fenómeno aislado, sino la continuación de un modelo económico que se mantiene en el tiempo. La economía paraguaya sigue teniendo altos niveles de volatilidad, dependiendo de factores exógenos y con escaso efecto multiplicador en empleos de calidad. Este es el núcleo de la problemática paraguaya en 2025. A pesar de casi dos décadas de crecimiento económico entre los más altos de América Latina, los indicadores sociales avanzan a un ritmo mucho más lento que el del crecimiento.

Si bien algunos reportes oficiales señalan que el crecimiento económico fue impulsado por el desempeño de los servicios, la manufactura y la construcción, no se verifican avances sustanciales en el empleo en estos sectores. Los servicios y la construcción que absorben gran parte de la ocupación, son también los que mayor nivel de informalización laboral presentan. En el caso de la construcción, superior al 90%.

El desempeño económico del país será verdaderamente exitoso solo cuando sus frutos se materialicen en un Paraguay más educado, saludable, equitativo y cohesionado. De lo contrario, el alto crecimiento y el grado de inversión serán solo laureles que adornan un modelo agotado, incapaz de garantizar un futuro próspero y compartido para todos.

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