El año 2025 estuvo marcado por una intensificación de la competencia estratégica global, el debilitamiento del multilateralismo y una creciente fragmentación del orden económico y de seguridad internacional. Estos procesos se vieron acelerados por el inicio de un nuevo periodo de gobierno de Donald Trump en Estados Unidos, cuya agenda reforzó tendencias proteccionistas, unilaterales y confrontativas, especialmente en el ámbito comercial y geopolítico.
Uno de los hitos más significativos fue la proclamación del 2 de abril como Día de la Liberación Nacional, fecha en la que la administración Trump anunció la imposición de nuevos aranceles a una amplia gama de países, bajo el argumento de proteger la industria nacional y corregir “desequilibrios estructurales” del comercio global. Esta medida profundizó la guerra comercial con China, reactivando una lógica de confrontación económica que ya había caracterizado a su primer periodo. No obstante, Washington optó por suspender o moderar aranceles al resto del mundo, diferenciando estratégicamente entre rivales sistémicos y socios potenciales.
En este marco, Estados Unidos impulsó una política de acuerdos comerciales selectivos, firmando tratados bilaterales con naciones tan diversas como Japón, Corea del Sur, Pakistán y Argentina, avanzando en negociaciones con la Unión Europea y otros actores, en un intento por reconfigurar cadenas de suministro excluyendo a China y reforzando bloques económicos afines.
En el ámbito de la seguridad internacional, 2025 registró un cese al fuego entre Israel y Hamás, que redujo temporalmente la intensidad del conflicto en Gaza. Sin embargo, este alto el fuego se mantuvo frágil y condicionado, sin resolver las causas estructurales del enfrentamiento. Paralelamente, se agravó la confrontación indirecta entre Israel, Estados Unidos e Irán, con ataques selectivos, tensiones en el Golfo y un aumento del riesgo de escalada regional, lo que confirmó la centralidad de Medio Oriente como foco de inestabilidad sistémica.
Al mismo tiempo, continuó la guerra entre Rusia y Ucrania, con efectos persistentes sobre la seguridad europea, los mercados energéticos y la cohesión occidental. El conflicto siguió entrelazándose con la guerra en Medio Oriente, en la medida en que ambos escenarios contribuyeron a la militarización de la política internacional y a la erosión del orden liberal basado en normas.
En el plano comercial interregional, 2025 estuvo marcado por nuevas suspensiones en la firma del Acuerdo de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. Las divergencias en materia ambiental, las resistencias agrícolas internas en Europa y la falta de consenso político en ambos bloques consolidaron el estancamiento del acuerdo, simbolizando las dificultades contemporáneas para avanzar en la liberalización comercial en un contexto de creciente politización del comercio.
En conjunto, los acontecimientos de 2025 reflejan un sistema internacional caracterizado por competencia entre grandes potencias, regionalización económica y conflictos prolongados, donde la lógica del poder y la seguridad prevalecen cada vez más sobre la cooperación multilateral y el comercio abierto.